domingo, 25 de febrero de 2018

LA NORIA DE LOS DÍAS (AFORISMOS)

La noria de los días
(San Agustín, Florida, 2010)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

LA NORIA DE LOS DÍAS

Viajar es un remedio posible para la fe.
la duda no hay que curarla; no es una enfermedad

Juan Ramón Jiménez



Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez


Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.


Frente a la montaña  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.


Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.


Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.


La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


En la lisura del cristal los aspersores del jardín difunden transparencia. Mi casa y el día que declina. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Espejismos.


Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.

                                                          (Del libro Motivos personales)




sábado, 24 de febrero de 2018

FRIEDRICH HÖLDERLIN. CANTOS HESPÉRICOS

Cantos hespéricos
Friedrich Hölderlin
Traducción y versiones libres en lienzos y poemas de
Verónica Jaffé
Presentación de Luis Miguel Isava
La Laguna de Campoma, Caracas, 2016


RÍO Y MEMORIA

   En su obra Sobre traducciones. Poemas 2000-2008 Verónica Jaffé (Caracas, 1957) incorpora un epílogo que creo necesario recordar aquí. La poeta, ensayista, traductora y artista plástica se preguntaba en aquel texto las razones por la que se acerca a la traducción con una actitud alejada de cualquier trasposición mimética, como si plantase en el árbol de la escritura original un desplegado injerto personalizador: “Hölderlin me enseñó que la traducción es la política de lo poético porque implica la apertura a lo ajeno en la voz propia y porque con la traducción comienza el ciclo histórico de la imaginación humana”. Del calado semántico de esta aseveración reflexiva emana una tarea sostenida en el tiempo que deja ahora, con relevante propuesta editorial de la Laguna de Campoma, en colaboración con el Goethe-Intitut Caracas, la traducción de Cantos hespéricos. de Friedrich Hölderlin.
  Escritos en la aurora del siglo XIX, los cantos, en palabras de Clara Janés “devuelven la poesía a su primigenia vocación sacra y augural”. Verónica Jaffé toma como fuente de sus traslados textuales e imágenes la edición histórico-crítica de D. E. Sattler. Es la más valorada por la investigación filológica especializada; se singulariza por integrar en su magma textual las versiones y variantes. Sobre las características formales del volumen, resulta clarificadora la mirada crítica del profesor Luis Miguel Isava. El ensayista contextualiza el enfoque de estos cantos que integran, junto al viraje canónico, una versión literal y otra libre, empapada con la sintaxis castellana y con la atmósfera sensitiva de la traductora, quien amplía su papel hasta personificar una autoría versal, abierta a las posibilidades del matiz. El resultado es una conjunción de voces, un proceso de textualidad entrecruzada que transfigura la significación.
  Otro vértice nuevo y singular del decurso que acerca al espacio cognitivo castellano estos himnos es la síntesis plástica. A partir de una reflexión no verbal, los versos se transforman en imágenes y formas visuales en las que elementos conceptuales como el río, arquetipo de fluidez y transcurso, protagonizan plasmaciones imaginativas.
 Verónica Jaffé añade un preliminar en el que clarifica las cualidades de estos doce himnos o cantos, cuya forma métrica se inspira en los himnos de Píndaro. Son grupos estróficos que se construyen con similar esquema argumental: arrancan con un canto de alabanza que despliega a continuación un argumento enunciativo e interpretativo para integrar como coda lecciones y sentencias formativas. La traductora defiende que la textura esencial de esta obra es su transitar entre lo antiguo y lo moderno que además se enriquece con la presencia en su filosofía de un contexto histórico marcado por circunstancias políticas y sociales, capaces de moldear la subjetividad del poeta.
  Ya se ha comentado que no estamos ante el habitual trasvase académico. Verónica Jaffé deja el acceso abierto a su poesía y ofrece una introducción lírica, acompañando a las secuencias visuales. Las reproducciones de carboncillos y collages no restan espacio a las palabras sino que constituyen un episodio más de la traducción. Son expresiones meditativas que sondean analogías en la red del lenguaje y representan nuevas perspectivas semánticas.
   Si “lo que queda lo fundan los poetas”, el conjunto hímnico proyecta un regreso al pasado clásico como espacio mítico y reducto de plenitud y grandeza. Grecia es génesis y cuna y el anhelo del viaje se convierte en un cumplimiento del destino. Ir es hacer posible los deseos del corazón, dar forja a ideales que cobijan la belleza y la pureza. Así retornan epopeyas y tradiciones, historias épicas y geografías míticas que se entrelazan entre sí hasta adquirir la apariencia confusa de una construcción aérea. En Hölderlin la eternidad de los mitos paganos nutre pulsiones genesíacas de la existencia y recupera un panteón ecléctico de divinidades con acento visionario.
   A la luz de la razón, los cantos no  proporcionan historias cerradas ni semas lógicos. Se abren como figuraciones y marcas repletas de imágenes que exigen nuevas sendas, que entrevelan su hilo argumental para solapar sentidos o para hacer de su lectura un campo especulativo repleto de subjetividad.
   La actividad poética comprende también un impulso que lleva a Verónica Jaffé a una cala poética: “Fue el mismo Hölderlin / quien me enseñó a ver / la traducción en la poesía / y la metáfora del propio río / como el fluir de la memoria, / de la lengua en mi país / que no me pertenece, / ya lo sé / ni a mí ni a nadie.” El espíritu de Hölderlin bifurca el camino. Aflora un presente en el que es palpable la preocupación solidaria, el rastro de la pérdida, y la objetivación de un tiempo personal que traza su propio mapa de la memoria, los signos del día que abren a cada instante caminos y preguntas “porque la querencia de vida como riqueza, / para sí y para todos, es común a dioses / y mortales“.
   Lejos de quien asume la traducción como un expediente laboral, Verónica Jaffé promueve vínculos con el legado y la personalidad espiritual de Friedrich Hölderlin y crea en esa hilada conversación con el poeta su propio género literario, un quehacer singular para que siga hablando con voz inalterable esa tensión que encierra lucidez y locura. 


viernes, 23 de febrero de 2018

CALLE EN OBRAS

Hervás
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


CALLE EN OBRAS


Acordamos huir sin dejar rastros,
pero aflora el deseo y difumina
la nube  de las buenas intenciones.
Aparezco como mármol labrado,
emulando su pulida quietud.
Impaciente recorro los andenes
donde un polvo salobre fosiliza
pasos intercambiables, de ida y vuelta..
Aletean pavesas incendiarias,
las híspidas certezas del pasado.
Apuro mi forzada resistencia.
Estoy solo. Completamente solo.
No tengo voluntad para el olvido.
Mi vida es calle abierta, siempre en obras.

   (De Pulsaciones, 2017)



martes, 20 de febrero de 2018

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. HILO DE ORO

Hilo de oro (Antología poética, 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo
Edición de José Luis Morante
Letras Hispánicas, Cátedra,
Madrid 2014

SOBRE HILO DE ORO


  Sin interrupción y a lo largo de cuatro décadas,  la obra de Eloy Sánchez Rosillo preserva un discurrir coherente y deja señas diferenciales únicas, que han convertido al poeta en lectura obligatoria. Su entrañable palpitación encuentra en el paso del tiempo pautado ritmo evolutivo y una maduración natural.
   El estudio prologal de Hilo de oro recrea el itinerario biográfico, desde sus primeros años hasta el ahora. Ese contexto vivencial permite establecer similitudes entre el sujeto biográfico y el hablante escritural; resulta muy cálido asomarse a las ventanas de los días infantiles, incidir en los años de aprendizaje, cuando se forja la vocación de escritor, y ser partícipes del sustrato sentimental que la escritura inserta en muchas composiciones. La vida de Eloy Sánchez Rosillo ha discurrido en Murcia, allí nació en 1948, estudió y, tras finalizar la preparación académica con expediente ejemplar, desempeña su quehacer laboral como profesor universitario; allí también se han ido completando todos los poemarios que forman el corpus creativo,  representado con eficacia en esta antología que abarca más de la mitad de los poemas escritos hasta 2011.
  Cada obra es una propuesta personal que tiene como fondo un devenir histórico. El  aire de época que respira el inicio creador de Eloy Sánchez Rosillo se definía por el sello culturalista y por el alejamiento de la expresión natural en aras de un lenguaje con prestigio poético, conectado con la tradición pero al margen de la actualidad. El poeta emergente muestra una cortesía distante hacia lo gregario, rechaza modas y prefiere la andadura en solitario; desde el amanecer de su obra opta por una lírica introspectiva, formulada a través de una dicción trasparente, que fomenta el propósito comunicativo cotidiano. La carta de presentación, Maneras de estar solo consiguió el Premio Adonais, supuso un testimonio concluyente sobre las posibilidades creadoras de una voz que en los años ochenta entrega títulos que lo consagran como un poeta elegíaco. Son poco los estudios críticos que no emparentan la estética de Eloy Sánchez Rosillo con la nostalgia de lo perdido, presente en la escritura de Páginas de un diario, Elegías, Autorretratos y La vida. Es una etapa  en la que resalta la conciencia temporal, el ser transitorio de las cosas y el empeño de la memoria en la reconstrucción del pasado.
  Ese predominio de lo elegíaco comparte espacio con otras preocupaciones temáticas. En los textos se abordan impresiones de viajes, instantáneas del entorno afectivo y un diálogo continuado con los elementos naturales. La naturaleza es un interlocutor hospitalario y vitalista, cuya palabra fomenta respuestas interiores. Por tanto, en el trayecto de Eloy Sánchez Rosillo hay una confianza heredada en temas y motivos que evita el desconcierto.
   Pero ese quehacer creador no es monocorde y busca aperturas y desarrollos. Tras casi una década de silencio, el poemario La certeza supone una inflexión, un renovado enfoque que  abre la mirada: la vida nos concede a diario un gozoso bagaje, un colmado despliegue de sensaciones y elementos sensoriales que llenan de motivos para la esperanza.
   El tono de La certeza  inaugura un segundo momento en la escritura que fortalece la voz celebratoria, como testifican las entregas posteriores. En Oír la luz  el hablante lírico mira las cosas con el sereno sosiego de la madurez, reconciliado con su propia condición transitoria. El acto de vivir se ilumina y las sombras se retraen porque el ser es capaz de trascender lo contingente. Los signos de la existencia propician un pensamiento reflexivo, una indagación que conlleva un modo de contemplar la vida en una suerte de equilibrio entre la emoción y el pensamiento. Desde esas claves se escriben los poemarios Sueño del origen  y Antes del nombre, libro de cierre de esta antología, obras en las que percibimos una disposición positiva
   El recorrido de  Eloy Sánchez Rosillo, entre la elegía y la celebración, hace revivir con voz firme el acontecer de la existencia, ahonda en los estados del ser y en su contradictorio estar entre lo permanente y lo transitorio; nos deja en las manos un hilo de oro, la leve plenitud de la belleza.


                                                      

lunes, 19 de febrero de 2018

ENCUENTRO

Umbría
(Londres, ,marzo, 2010)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


ENCUENTRO

Aquel día gozaba de la lluvia
bajo la  espesa fronda de un árbol solitario
y tropecé conmigo.
Miré mi rostro con curiosa sorpresa.
Me hallé un poco más viejo, más cansado,
abrumado quizás
por un escepticismo prominente y asiduo
y una antigua tristeza,
palpable aunque recóndita.
Sentados en un banco prodigamos
leves toses, murmullos,
dilatados silencios y miradas furtivas.
El tiempo parecía detenido,
hasta que una acuarela de ceniza
ensombreció el crepúsculo.
En tanto se alejaba,
una temprana rosa depositó en su sitio
efímeros instantes de belleza
que de común acuerdo, ambos no vimos.
Respiré hondo; todos sabéis
qué olor tan indecible
emana de la tierra cuando llueve.

            (De Pulsaciones, 2017)

viernes, 16 de febrero de 2018

ÁNGEL GUINDA. LA EXPERIENCIA DE LA POESÍA

La experiencia de la poesía
Ángel Guinda
Ediciones Pregunta
Zaragoza, 2016

PROSPECCIONES


  Pocas aseveraciones me han convulsionado tanto, en torno al misterio de la creación poética, como la formulada por Eloy Sánchez Rosillo, al dar una conferencia en el ciclo Poesía y poética  de la Fundación Juan March de Madrid. Fue en 2005 y el poeta abría su disertación con la siguiente frase: “Yo no tengo teorías, tengo poemas”. El postulado evitaba más digresiones en torno al taller literario y resumía una filosofía teórica de grado cero sobre la razón del poema. El poema se justifica a sí mismo; no precisa ningún epitelio conceptual. Además contradecía de raíz mi propio pensamiento crítico en torno a la creación, porque desde hace casi tres décadas conviven en mi forma de entender el hecho literario la poesía y la crítica, como facetas complementarias y expresiones de un Jano bifronte y convivencial.
  Así que el título La experiencia de la poesía de Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), autor de una extensa obra poética, de algunos ensayos y de un amplio compendio aforístico, llamó mi atención de inmediato. Sigo defendiendo que escribir poesía es un acto autónomo, pero nunca aleatorio ni circunstancial; por tanto requiere una autorreflexión que ayude a conocer su densidad matérica, sus especulaciones argumentales y sus linderos expresivos.
  Así lo entiende también el poeta Ángel Guinda que aglutina en el breve libro la experiencia de la poesía un conjunto de textos muy personales en los que recopila su mapa poético,  yuxtaponiendo los manifiestos “Arquitextura”, “Poesía y subversión”, “Y poesía ni contracultura, junto a otros dos ensayos breves que ahora se publican por primera vez “Defensa de la dignidad poética” y “Emocionantismo”.
   Al adentrarse en el didactismo teórico de Ángel Guinda se percibe de inmediato la diversidad de perspectivas. Así, “Arquitextura”, subtitulado “Apuntes para una poética” recoge fragmentos aforísticos  escritos entre 1980 y 2015. Es sabido que el aforismo no se encuadra nunca en una única definición del género, pero los textos integrados en este libro optan por la frase limpia, despejada, directa, que busca su eficacia en el destello comunicativo y en la precisión semántica. Sirvan como referentes algunos ejemplos al paso: “Las palabras son semillas cargadas con el silencio de los mundos”, “El arte está a mitad de camino entre la rebelión y la revelación”, “La palabra es un ser vivo”, “Escribir es reconocerse en lo desconocido”, “La inspiración, ese trallazo de luz en las tinieblas de la inteligencia”.
   Más cercano en el tiempo y por tanto con postulados recientes –el autor lo fecha en 2016- el texto “Emocionantismo” alterna el formato parónimo y lapidario de la frase breve con anotaciones reflexivas que admiten un mayor calado en el hilo argumental; de este modo, se adhieren al contexto central del lenguaje otras teselas como el poder, las circunvoluciones del sistema o el mercado; son adherencias reflexivas que dan a lo metaliterario una dimensión sociológica, siempre necesaria en el contexto de una realidad actual, rala, inocua y abrasiva.
   Las notas de “Defensa de la dignidad poética”, apuntes de 2014,  persiguen la autoidentificación e independencia del quehacer escritural ante los intereses extraliterarios. Visualizan además la geografía interior del poema para localizar incisiones gravosas que dañan las funciones básicas, la experiencia fusionada de  estética y recorrido gnómico. 
   Entiendo las premisas reunidas en “Poesía violencia”, manifiesto de 2012, como un alegato contra el conformismo; más allá de incitar a demoliciones dinamiteras, los pensamientos de Guinda rechazan la asepsia textual de los que solo ven el vivir por inercia como una función inevitable de la existencia. Si los tiempos del presente venden sucedáneos pragmáticos  que causan la debilidad del pensamiento, la violencia creativa, entendida ésta como búsqueda y acción del ser frente a la nada, como principio activo de la palabra.  
   La utilidad de la poesía ha generado en el tiempo un flujo discursivo interminable, proclive a la interpretación diversa; es un debate clásico que actualiza la vigencia del pensamiento platónico y perdura en el hoy, un ahora pragmático, conformista y caótico, que busca argumentos sobre el rol de la poesía, más allá de sus méritos estéticos. Ángel Guinda añadía en el cierre de siglo su enfoque sobre la cuestión con un puñado de aforismos en los que el sentir pesimista era la atmósfera natural. En desacuerdo con la poesía de la experiencia, movimiento en plena pujanza en los años noventa, Guinda componía un nihilismo enunciativo que contradecía aquella situación vertebrada desde un monopolio estético reductor. Defendía una poesía útil que además de objeto de belleza fuese también brújula ética y rehabilitara la imaginación, la sensibilidad y la razón crítica.
  También latente una mirada sombría en el manifiesto de 1985 “Y poesía ni contracultura. Curriculum mortis”, un empeño autocrítico que desgaja el ser poético de lo cotidiano; de ese estar en la intemperie nace una nueva necesidad de ser y una invitación al compromiso en la tarea de conocerse y reconocerse en una dermis humanista que conmueva, active y revitalice la conciencia.
   La experiencia de la poesía, contradiciendo una cronología natural que hubiese dejado ante el lector el trazo evolutivo de esta indagación teórica de Ángel Guinda, se cierra con la proclama más temprana, fechada en 1978, en plena intrahistoria constitucional. Los fragmentos de “Poesía y subversión” hacen de la poesía una expresión del vivir. Escribir es una actitud ante la vida, una celebración de la belleza y de la libertad que convierte al sujeto verbal en un protagonista activo del entorno cultural.
   En su Hiperión, Friedrich Hölderlin, con verbo pesimista y desajustado, anunciaba que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cundo reflexiona”; Ángel Guinda convierte su reflexión en un espacio cómplice en el que anidan, junto a las raíces de la propia creación, esas incertidumbres permanentes que funcionan como impulsos creativos y pautas que resisten la arbitrariedad del tiempo. La experiencia de la poesía es una forma de entender el mundo y entenderse a sí mismo, un esbozo, una prospección, una respuesta no hallada que pugna por definirse en el magma informe de un poema no escrito.




jueves, 15 de febrero de 2018

LA MITAD DE UN SUEÑO

Apunte visual
(Florida, USA)
Fotografía de
Javier Cabañero

LA MITAD DE UN SUEÑO


Un sueño es la mitad de una realidad

JOSEPH JOUBERT

Esa nada autosuficiente y esclarecedora, que se empeña en la forja de nuevos discípulos.

Capacidad intacta para percibir los invisibles movimientos de la inteligencia.

Bricolaje. Esa ocupación mañosa de la poesía visual.

Solvente y plena, la realidad es simultánea al texto.

Ciudades y libros comparten la voluntad de ser refugio y las razones para el regreso.

La escueta precisión del aforismo pone al pensamiento entre costuras.

Soy un lector disperso; ensayo alternativas para regresar al mismo libro

Perdido en la geografía de tu cuerpo.

El optimista define el caos como una narración abierta.

Quedar al margen somete a un estado de melancolía inconsolable.

(De Motivos personales)