jueves, 23 de noviembre de 2017

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA. POESÍA AMOROSA

José Manuel Benítez Ariza  (1963)
Fotografía de
Diario de Cádiz
POESÍA AMOROSA DE JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

   Todavía recuerdo el primer paso por el territorio poético de José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963). La imagen confirma el frágil norte de la memoria, esa capacidad extraña para borrar o seleccionar vivencias e impresiones a su antojo. En cualquier caso, el apunte visual retorna a la primavera de 1988, cuando el poeta Francisco Bejarano organizó un ciclo de poesía joven andaluza en Jerez de la Frontera, a muy pocos kilómetros de Arcos, donde yo daba clases en el colegio público San Francisco, ubicado en uno de los barrios más humildes de la localidad. Aquel evento cultural, con notable éxito de público, luego daría pie a una estupenda antología de nombres emergentes, que no tardarían en consolidarse: Luis García Montero, Juan Bonilla, Felipe Benítez Reyes, José Mateos... En cada sección se editaba como regalo presencial un cuadernillo con foto, poética y algunas composiciones. Aquel temprano encuentro propició otras horas comunes en recitales de Carlos Edmundo de Ory, Javier Egea,  Álvaro Salvador, Jesús Fernández Palacios, Rafael de Cózar… Y sobre todo me llevó a las páginas de Las amigas un libro de arranque, reconocido con el Premio de poesía Juan Sierra. La expresión verbal ceñida, emotiva, sometida a un verbo ajustado y enunciativo deparó en mí una notable complicidad. Mi cercanía fue incrementándose en salidas posteriores como Cuento de invierno, Malos pensamientos o Los extraños. José Manuel Benítez Ariza era un poeta realista y descriptivo; no dudaba en caldear sus composiciones con experiencias cercanas, reconocibles, y con protagonistas verbales urbanos, percibiendo similares sombras chinescas en el escenario de lo cotidiano.
   Así fueron sucediéndose las entregas, en armónica convivencia con otras facetas creadoras como la crítica, el ensayo –magnífico el trabajo Un sueño dentro de otro. la poesía en arabesco de Edgar Allan Poe-, la ficción la mirada autobiográfica, las versiones al castellano de Kipling, Conrad, Melville y Henry James, el articulismo en prensa y más recientemente el destello minimalista del aforismo. En 2007 Renacimiento editada el balance de casi una decena de títulos, Casa en construcción. El volumen sugería la reseña en El Cultural de Francisco Díaz de Castro, quien destacaba la sencilla metáfora del título para acoger casi la mitad de la producción poética total. Incidía también en el sentido orgánico del itinerario, su unidad de estilo y la apuesta por una línea sobria que muestra la indagación y extrañeza ante lo real y dialoga en clave desmitificadora con la identidad del yo, en un presente engañoso y proclive al espejismo.
   No es un título de cierre. Con tiempo lento se yuxtapone nuevos conjuntos exentos: Diario de Benaocaz, Panorama y perfil, galardonado con el Premio Unicaja de Poesía y la antología Nosotros los de entonces, nucleada en torno a la poesía amatoria escrita entre 1984 y 2015, con el generoso añadido de un trabajo inédito, La intemperie.
   La expansiva tradición de poesía amatoria y su continua presencia en el devenir histórico del castellano no anula la búsqueda del matiz, el sesgo circunstancial y la aportación subjetiva, más allá del espacio privado. Nada es definitivo; tampoco la conformación literaria del amor como eje de simetría del poema.  
  Es sabido que una de las convenciones de la poesía contemporánea es la creación de un figurante que es y no es, al mismo tiempo, partícipe del discurrir biográfico y de su particularidad superación de lo contingente. José Manuel Benítez Ariza no duda en explorar el sentido mágico y misterioso del amor. Prodigio diario, constituye la esencia de esta compilación donde percibimos una lectura vigilada de las emociones, un sentir encauzado por lo literario. Las palabras poetizan el discurrir y sus deudas con la memoria, siempre sometidas al gravoso dictamen de lo temporal que exige auroras y madurez.
   El título del libro procede de uno de los mejores poemas del conjunto. El poema “Nosotros los de entonces” es una indagación en el intimismo, con impecable resolución formal a través de un monólogo confesional. Suena la voz del yo en la incertidumbre, sobre un marco de desarraigo y soledad.
  La poesía de Nosotros los de entonces recorre estados de ánimo versátiles que van desde las emanaciones emotivas de la etapa juvenil, con su carga de idealización y erotismo, hasta el sentimiento elegíaco de la pérdida o la creación de una identidad complementaria, con quien recorrer al paso un destino personal repleto de vicisitudes.
  José Manuel Benítez Ariza escribe sus poemas desde un diálogo recurrente entre fondo sentimental y percepción reflexiva. En él tienen cabida la celebración y la elegía, el tono irónico y las incertidumbres que nunca resuelve el transitar del tiempo. Surge así la conciencia de un sujeto implicado, el perfil panorámico de un yo que pone a descubierta sus espacios vitales sobre la barandilla sosegada de la literatura.




miércoles, 22 de noviembre de 2017

CONJETURAS Y LÍMITES

cantos rodados
Archivo general de Internet
(2007)


CONJETURAS Y LÍMITES

Los límites del lenguaje
son los límites de mi mundo

WITTGENSTEIN

   Poco a poco, en el discurrir pautado de los años, fue haciendo del silencio un principio de simetría. Pulió opiniones como caliza blanda, formó ángulos para albergar matices, asumió conjeturas y ejercitó, sin cansancio ni merma, la prudencia verbal de los cantos rodados.
  Observa la realidad y los espejos como simples ficciones verosímiles. Y nunca habla si no es en presencia de su diccionario.

(De Cuentos diminutos)


martes, 21 de noviembre de 2017

UNA CIUDAD SITIADA

Rivas
fotografía de
Adela Sánchez Santana

AQUÍ

                 Nada y todo ocurre en todas partes

                                          PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás
salvo el vacío
de las sombras sin lustre;
soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier parte
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.


(De Pulsaciones, Takara, 2017)



lunes, 20 de noviembre de 2017

MIGUEL ÁNGEL GÓMEZ. TRILOGÍA DEL DESEO

Miguel Ángel Gómez (Oviedo, 1980)
Fotografía de
Lara Sánchez

TRILOGÍA DEL DESEO

   La poblada salida de emergencia de la poesía asturiana más joven está representada en sumas como Siete mundos. Selección de nueva poesía, coordinada por Carlos Iglesias Díez y Pablo Núnez, y Mucho por venir, una muestra consultada de la lírica norteña entre 2008 y 2017, alentada desde la revista “Maremágnum”. Aunque son recuentos parciales y no siempre acogen a las propuestas de mayor interés, las amanecidas literarias poco a poco se abren paso en editoriales de escasa difusión que sin embargo cumplen un eficaz papel de estreno, junto a revistas que anticipan poemas de obras en curso.
  A este devenir incansable se suma Miguel Ángel Gómez (Oviedo, 1980), Licenciado en Filología Hispánica y Máster en Formación del Profesorado, quien publicó muestras de su incipiente trayectoria poética en las páginas de Anáfora, Clarín, Maremágnum o en la revista digital mexicana Círculo de poesía. El escritor además ha conseguido varios premios en certámenes literarios de poesía y prosa.
  Cultivador de formas breves, como el haiku y el aforismo, y autor de trabajos críticos, Miguel Ángel Gómez impulsa su carta de presentación Monelle, los pájaros (Los Libros del Gato Negro, 2016) y en muy poco tiempo suma otros dos títulos, Lesbia, etc, y La polilla oblicua. Las obras aportan tramas temáticas similares, componiendo de este modo una trilogía. El título auroral induce a pensar en un claro homenaje al simbolista francés Marcel Schowb. Los poemas muestran los primeros rasgos estéticos al buscar en la cartografía de la memoria una indagación evocativa que hace del pasado un tiempo de pérdida y finitud, pero también raíz fortalecida del ahora. En la voz autoral, la protagonista directa, Monelle, es “una nínfula de bosque que ilustra pájaros y toca el piano clausurado y tránsfuga de su propio estudio”; una identidad imaginaria hecha de obsesiones y sueños.
  Presentado en Gijón, tras ganar el Premio Cálamo de Poesía erótica, Lesbia, etc (Cuadernos Cálamo, 2017) difunde una voz lírica directa, que hace del paso natural del verso un diálogo asentado entre conciencia y deseo. El pensamiento  busca en sus repliegues los trazos de una muchacha atemporal, acaso una reencarnación de Lesbia, arquetipo clásico de belleza y libertad sexual, cuya capacidad de seducción enamoró a Catulo y a otros tantos amantes de la antigua Roma, provocando los prejuicios sociales de su tiempo.
  Miguel Ángel Gómez deja ante los ojos de las palabras una sombra que aleja la belleza invernal para poner rescoldos en la noche, para abrir una herida que no cierra hecha de desnudez y miradas.
  El trabajo de cierre, La polilla oblicua, (Bajamar Editores, 2017) contiene un título simbólico que incita a la digresión semántica. La polilla define a distintos insectos, sobre todo a esas mariposas nocturnas que buscan en su vuelo los puntos de luz; pero también denomina al poder destructivo y la invisible capacidad de erosión que sufren maderas, tejidos y otros materiales de textura blanda. El sugerente sustantivo podría asociarse al deseo que busca disolverse en una suerte de devastación interior. Los poemas aluden a un erotismo cerebral que aflora y da voz a la conciencia. El sujeto verbal expande su fluir interior en un ensimismado soliloquio que lo define como un personaje narrativo.
  En los poemas sobrevuelan abundantes referencias culturales, como si fueran indicios de magisterios literarios, o simples restos de algún sueño, o incluso habitantes lejanos en la coreografía visual de la memoria. Un aspecto a destacar de este libro es la convivencia formal del haiku, los poemas en prosa y las composiciones en verso libre; son formatos que se integran en un discurrir verbal siempre abierto a la variedad de motivos.
  La estética que difunde esta trilogía hace del proceso versal una búsqueda continua de sustratos reflexivos. Entrelaza magisterios dispares -Bukosski, Alejandra Pizarnik, Chantal Maillard, o Leopoldo María Panero- para dar cauce a un decir visceral, de clara proximidad al prosaísmo, a veces enigmático en su significado, pero siempre comprometido con la realidad, una realidad umbría y gris que necesita coordenadas imaginarias y amanecidas sin horarios, para que la razón no permita el bostezo.  

    



domingo, 19 de noviembre de 2017

LUZ HABITABLE

Diálogos
(Tailandia, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

DESEO

                                              A María, luz habitable 

Y tras la noche,
que un sol limpio prodigue
luz habitable.



sábado, 18 de noviembre de 2017

APUNTES EN EL MERCADO FLUVIAL

Mercado fluvial 
(Bangkok, Tailandia, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

APUNTES EN EL MERCADO FLUVIAL


. En el viajero, la mirada camina por dentro; la sonrisa, por fuera.

. Descubro ahora que aquellos colores infantiles de los mapas eran reales.

. Aún no he preparado el equipaje y la distancia ya lo difumina.

. Cuando se pide imaginación a la rutina, balbucea y pone sus ojos en blanco.

. El destino anticipa itinerarios con signos borrosos.

. Somos enigmas que resuelven otros.

                                                       ( Días en Tailandia, octubre, noviembre 2017)


viernes, 17 de noviembre de 2017

SOBRE PULSACIONES ( MARÍA VICTORIA REYZÁBAL)

Pulsaciones
José Luis Morante
Prólogo de Rosario Troncoso
Takara Editorial, Sevilla, 2017
Pulsaciones, de José Luis Morante.

            Reencontrarse cara a cara con un viejo amigo después de muchos años, volver a leer su poesía equivalente a aquella que ya aprecié con sinceridad, no es caminar hacia atrás en búsqueda de desatar nostalgias, sino citarse con el afecto y el reconocimiento. El tiempo ha pasado y, durante él, los dos hemos acumulado reseñas, poemarios, disgustos, fabulaciones y querencias, es decir, la vida que pasa y, a la vez, deja paso. En el caso de José Luis Morante, también nos ha regalado una recopilación de textos líricos de plasmación coherente en el desarrollo de sus ejes conceptuales, de sus motivos. Él mismo los resume en: temporalidad, cotidianidad de lo relacional, búsqueda de la identidad y pérdidas. […]
            En esta obra, la identidad, que es central, navega por la emoción y a la inversa, ambas son compañeras de la expresión de un sujeto que pluraliza su yo para intentar comprender las variantes de lo que somos y de cómo nos percibimos. Experiencia de multiplicidad que sorprende y explicita el camino personal. Y es que nuestra percepción cambia según el espejo, los ojos, la esperanza o la tristeza que nos refleja el mundo, ello ante el hecho rotundo de que antes de nacer no somos, luego vamos siendo y desiendo para al final dejar de existir. Mucho de esto se manifiesta en “Heterónomos” donde se juntan “el yo que piensa y otro, el que parezco”. Este extrañamiento, como señala Rosario Troncoso, aparece a su vez especialmente en “Encuentro” y “Funcionario poeta”, pero va dejando rastros por la mayoría de sus otras composiciones, así en “Los buenos tiempos” o “En ciudad privada”, es decir, en aquellas que evocan el transcurrir y las metamorfosis que este ocasiona. Y es que a lo largo de los años vamos ajustando el ser con el estar, el permanecer con el devenir, pura filosofía cotidiana a la que también el crujido del cuerpo suele prestar argumentos, pues “nada es igual, aunque contemple ileso/ el dócil deterioro”, el pasado ha sido un sueño, el presente no sabemos si es real y el futuro nunca ha existido, lo vertebrador por tanto es el cambio, por eso existir en la unicidad tal vez solo sea un simulacro: “También soy yo/por la fidelidad a mis contradicciones…”.
            Por este transcurrir, los recuerdos son materia sutil que reactiva instantes que dejaron huella y van marcando con su péndulo el oleaje de las “pulsaciones”, las cuales nos permiten continuar a pesar de las pérdidas, analizar factores no del todo comprendidos o asumidos en su momento como se manifiesta en los textos “Recuerdo de mi padre” o “Vita nuova”, aproximaciones en las que también cabe el primer amor como en “Iniciación”. En definitiva, “El centro del silencio me ha enseñado/a aceptar como un juego que la vida/es una sucesión aleatoria de causas y efectos/sobre las dunas de la realidad” (“Causas y efectos”).
            Esta búsqueda de identidad o aceptación de que la misma es un proceso en marcha y de que la vida es un sueño, como bien manifestaba Calderón, permite al poeta viajar por países imaginados con características diferentes a las de los nuestros, seres y hechos extraños que retrotraen en las miradas adultas aquellas otras de niños sorprendidos. Es una forma nostálgica de constatar que no hay rutas de regreso (“Nómadas” y “El miedo”) y, quizá, ni siquiera de avance: “Una lejana risa se repliega/en la circunferencia del cansancio;/mientras, evoca un viaje parecido/y asiente circunspecta a los mensajes/reiterados con música de fondo”.
Del pienso luego existo, pasa Morante al “Sé que soy mientras busco”, así “En el hedor, la náusea;/continuas advertencias/de mi desasosiego./Pero nada socava/el afán de seguir./Camino a tientas./Sé que soy mientras busco”. Sin embargo, el autor de estos versos se encuentra por las calles del viejo Madrid, echando de menos una España que no duela y anhelando el reencuentro de quien le dejó clavada su ausencia, todo ello en versos fuertes, sentidos y escritos a la manera de quien sabe lo que dice y cómo lo hace.  Buena escritura; por tanto, placentera lectura.


Mª Victoria Reyzábal