sábado, 26 de mayo de 2018

TEORÍA DEL SUEÑO

Escrituras


TEORÍA DEL SUEÑO

Todo sueño cumplido es prematuro.
Su tácita presencia pone en duda
que hasta ayer mismo fuera
objeto de un afán cuyo rescoldo
no se apagara nunca.
La posesión no acalla
esa voz inquietante
que aspirara a lograrlo
ni concede la tregua y el sosiego.
Intangible y fugaz,
como el vuelo de un ángel,
el perfil de los sueños no conoce
la hondura hospitalaria del espejo,
ni el peso de la luz.

             (De Un país lejano, 1998)




viernes, 25 de mayo de 2018

LLUVIA

Otras calles


LLUVIA

                                      Escribo ahora porque
                                                               nunca he sabido guardar mis secretos

                                                                              Cristina Gutiérrez Leal


Dedos de agua; 
si levanto los ojos,
otro paisaje.


jueves, 24 de mayo de 2018

PHILIP ROTH (HOMENAJE PERSONAL)

Philip Roth (1933-2018)
fotografía de
ABC:ES


PHILIP ROTH. HOMENAJE PERSONAL


  Ayer, 22 de mayo, murió en Nueva York, de una insuficiencia cardiaca. Tenía 85 años y una vasta producción de más de treinta títulos. Fue propuesto al Premio Nobel en reiteradas ocasiones, pero no lo consiguió nunca, aunque se multiplicaron los premios nacionales e internacionales y sus novelas lograron una aceptación multitudinaria.
  Dejo aquí mi modesto homenaje de lector agradecido, rescatando dos títulos que nunca permitieron el ocaso de mi admiración por el escritor: El lamento de Pornoy (1969) y Némesis (2010).  

El lamento de Portnoy
Philip Roth
Club Bruguera, Barcelona, 1980

   Otra vez las líneas memoriosas de la primera página me informan que adquirí El lamento de Portnoy, la novela de Philip Roth que propiciara su éxito popular, en marzo de 1984. El ejemplar, editado con las características uniformes de aquel catálogo, está traducido por Adolfo Martín e incluye al inicio un vocabulario de palabras en yidish que en el decurso del libro conservan su grafía original. Nada recuerdo de aquel encuentro con la ficción de Roth y ahora regreso al libro, mientras leo otra obra del autor, Indignación, un título tardío, de 2008, que manifiesta notables parentescos con aquella  novela, como si El lamento de Portnoy hubiese funcionado como compuerta argumental proporcionando tramas que auspician un desarrollo minucioso en otras obras.
  El celebrado libro es un largo soliloquio rememorativo en boca de Alexander Portnoy, cuando el narrador ha cumplido los treinta y tres años y tiene una posición social consolidada como abogado defensor de causas sociales. El calendario marca 1965, pero de aquella década de profundos cambios sociales, llegan escasos ecos ajenos. La vuelta al pasado entremezcla los primeros recuerdos del niño en un núcleo familiar judío, atrincherado en el estricto cumplimiento de la norma y en un canon disciplinario muchas veces incomprensible para la mentalidad infantil. El crecimiento de Alexander genera un cuestionamiento tácito del espacio vital que dispara el sentimiento de culpa y desajusta la adaptación del sujeto a una sociedad abierta.
   El sexo como descubrimiento del sujeto verbal constituye una auténtica explosión emotiva, un acto de afirmación que desemboca en un azaroso onanismo, en una patología narrada con un desparpajo hilarante que recuerda a los procedimientos formales de Trópico de cáncer, el libro de Henry Miller. Las escenas del desaforado despertar erótico están plagadas de momentos hilarantes y la crudeza del vocabulario tiene un sonido mitigado, una cadencia de autoflagelación controlada.
   Más que un retrato de grupo sobre la sensibilidad comunitaria judía de la época, El lamento de Portnoy  moldea una identidad convertida por la introspección en personaje central: los otros existen en cuanto se relacionan con él, pero raras veces se aceptan sus posiciones. Sólo cuando se calla, como sugiere la sugerente frase final, se puede empezar a actuar. En su enorme parcela de egoísmo, Portnoy descarga sobre sí el estrepitoso fracaso de su vida ética. Nos muestra la imagen más veraz de su carácter, una absoluta indiferencia moral que todavía convalece. Su neurosis presenta una notable variedad de ramificaciones. Es un paciente perfecto para la psiquiatría. 

Némesis
Philip Roth
Mondadori, Barcelona 2011
Traducción de Jordi Fibla Feito

Editada en 2010, Némesis narra la histeria colectiva que provoca en los barrios de Newark una epidemia de polio. La contagiosa enfermedad aparece entre la comunidad judía en el  verano de 1944 y causa estragos entre los niños. Hasta ese momento era la guerra el estigma más temido, muchos jóvenes americanos combaten en el frente del Pacífico o en las tierras de Europa invadidas por Hitler, en plena segunda guerra mundial. Como otras enfermedades infecciosas de origen desconocido, las víctimas se disparan. El calor sofocante y la geografía de humedales propician la transmisión y se dispara la desconfianza. Si la guerra causaba bajas heroicas, muertes dignificadas por la defensa de un ideal, la polio es una enfermedad devastadora que se ceba en los más desprotegidos y anula el futuro de vidas que apenas comienzan su itinerario existencial.
   Figura central de la novela es Buky Cantor. Es un joven atlético, a quien un defecto visual, ha impedido alistarse. Contrarresta el rechazo para su alistamiento con un esforzado servicio social, como responsable de las actividades al aire libre del alumnado de un centro educativo en Chancellor. En distintas ocasiones ha dado muestras de su entereza, lo que le vale la admiración de los chicos y el respeto de las familias que ven en él un apoyo para la confidencia y un ejemplo a seguir por sus propios hijos. Cuando saltan las alarmas vuelve a la memoria de todos azotes anteriores como la epidemia de polio de 1916 y de aquella nefasta experiencia se deriva una visión trágica en la que sobresalta la serena responsabilidad de Cantor, desde el comienzo de la epidemia y su esfuerzo por ser un sujeto útil a la colectividad que antepone el bien común a sus miedos personales y busca alternativas para recuperar la relajante sensación de seguridad. Pero una relación sentimental cambia su percepción del problema y decide abandonar Newark para trabajar como monitor de actividades acuáticas en el campamento de verano de Indian Hill, en  las montañas Pocono. Parece un refugio seguro y aislado mientras su barrio se convierte en centro de la epidemia y las autoridades estudian su puesta en cuarentena. Sin embargo el avance del virus destructor hace que se sienta indigno, como si hubiese abandonado a seres desprotegidos y vulnerables.
   El aislamiento en Indian Hill tampoco evita el contagio. Cantor se ve a sí mismo como portador de la enfermedad y tras un análisis se confirma que también él está infectado. Será el comienzo de un penoso periplo de operaciones que diezman su cuerpo y lo convierten en un solitario abrumado por la culpa que renuncia al consuelo de los otros.
   Toda biografía está sujeta al azar de la contingencia. La de Buky Cantor conoce los instantes más duros del sufrimiento. Se siente culpable y esa sensación segará de raíz cualquier esperanza. La polio lo ha convertido en un lisiado físico y en un nihilista moral. 
   La dramática historia que acogen las páginas de Némesis se relata en tercera persona, por un narrador omnisciente que aporta objetividad y distancia a sus claves interpretativas. Pero el argumento no es un suceso episódico en su voz; lo que fomenta el tono verosímil y la exhaustiva información disponible se cifra en una herida común: también fue víctima de la polio y supo remontar sus estragos para hacia un ahora de aceptación y normalidad. En cambio, Buky Cantor, la figura estelar de Némesis nunca regresó de aquel trauma. No tuvo la fortaleza suficiente e hizo de su casa autodestrucción y derrumbe.







miércoles, 23 de mayo de 2018

HE PERDIDO LA RISA

Habitar la sombra
Fotografía de
Hilario Barrero


HE PERDIDO LA RISA

Como las teclas muertas de un piano
Arturo Tendero

   No sé cuándo se me fue apagando la risa e hice mío este aburrimiento digital de jubilación, teclado, pantalla gris y soledad. Me empeño en recordar que en los días de novios, tras las clases y los paseos por el perímetro amurallado de Ávila, solíamos reírnos a cada instante, como si el gesto fuese una manera de estancar la luz, un destello escapado de las viñetas de Mafalda o de aquel camarote en blanco y negro de los hermanos Marx.
   Hoy mis risas están en otro tiempo, inaudibles y serias. Son las teclas muertas de un piano. Soy el contorno de tristura de un guardia jurado cuyo sigilo reparte suspicacia y pone a los demás bajo sospecha,
   He pedido a Amazon que me remita urgente, junto a las novedades literarias del verano, una risa enlatada, unos pocos efectos especiales de carcajada histérica, a ver si espanta de una vez el moscardón de mi ceño fruncido.

(De Cuentos diminutos) 




martes, 22 de mayo de 2018

ROSARIO TRONCOSO. DE VIVA VOZ.

Rosario Troncoso
(Cádiz, 1978)
Fotografía de
www.trianarts.com

ROSARIO TRONCOSO. DE VIVA VOZ


   Sabido es que en la personalidad literaria de Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) conviven el itinerario lírico, la coordinación editorial, el comentario crítico y la gestión cultural. Son quehaceres sumados al desempeño de la docencia en un centro educativo de Secundaria y Bachillerato en su provincia natal. No voy a detenerme en el laborioso sondeo de  este activismo, aunque una razón afectiva personal hace obligada la mención de Editorial Takara, en cuyo catálogo Rosario Troncoso integró mi antología Pulsaciones con una emotiva introducción de su autoría.
   Quiero centrarme en el trascurso de su producción lírica que cultiva desde 2006, cuando aparece su primera entrega Huir de los domingos. Aquel arranque tuvo una secuenciación uniforme y sostenida con las entregas Delirios y mareas (2008), Juguetes de Dios (2010), El eje imaginario (2012), Fondo de armario (2013), Transparente (2014) Eternidad provisional (2017)  y Nuestra orilla salvaje (2018). Un paisaje rotundo  que demuestra la familiaridad con el verso necesario en el quehacer creador de Rosario Troncoso. Editora, sí, antóloga, sí, directora de la revista literaria El Ático de los gatos, sí; pero sobre todo poeta en ese territorio batido por los vendavales de lo cotidiano.
   No resulta difícil reconstruir la sensibilidad estética y la solidez de un proyecto unitario que avanza sin duplicaciones ni quiebras. Aunque poco dada a la autocomplacencia, Rosario Troncoso escribe mirándose a sí misma. Sus composiciones alzan una arquitectura verbal que busca equilibrio entre intimismo y realidad. Reivindican la incertidumbre a través de una poética de la vida. En ellas, encuentra con frecuencia una enunciación lapidaria el fracaso y esa lucha constante por poner luz en los relieves y contornos de la convivencia.
  En la poética de Rosario Troncoso adquiere dimensión el intimismo. En él convergen los acontecimientos personales de un alter ego sin idealizaciones ni refulgencias, inmerso en el devenir vital. Quien habla en la geografía espacial del poema muestra una dicción fresca y natural, comparte estados de euforia, serenidad y melancolía. Sus palabras enuncian con tono terso, profundo, ”transparente”. Así se titulaba, con preciso laconismo, uno de los libros centrales de esta etapa de madurez en la escritura, repleta de posibilidades temáticas que adquieren un desarrollo progresivo en el intento de interpretar la realidad y captar su esencia; lo corroboran con la fuerza del dogma los versos finales del poema “Taller de alta poesía: “Y ahora, asumido ya lo esencial, / la técnica, las normas, los preceptos, / cállate ya / y escribe”.
   El decidido paseante de este itinerario creador concibe la idea de que los poemarios responden a los principios expresivos de la autoficción. Las composiciones dibujan el nítido perfil de una sensibilidad cercana. Es el yo humanista quien respira bajo la máscara del personaje poético. Por tanto, hay afinidades y enlaces que propician un pacto de verosimilitud entre el sujeto biográfico y el personaje lírico.
   La poesía de Rosario Troncoso es un ejercicio de afirmación, una sementera de evidencias de una identidad expandida hacia el nosotros. De este modo, cada libro se hace cordial complicidad, es balance y recuento de una individualidad que comparte su periplo vital. Alguien que rinde cuentas con la empatía solidaria de la confidencia.





domingo, 20 de mayo de 2018

ELIANA DUKELSKY. CRIANZA

Crianza
Eliana Dukelsky
Cuadernos del Vigía, Colección Aforismos
Granada, 2018


LA BUENA COMPAÑÍA


   Eliana Dukelski (Buenos Aires, 1982) es uno de los escasos nombres vinculados al decir fragmentario que no ha transitado otros géneros. Con amplia preparación universitaria, y un quehacer docente en escuelas y fundaciones, la escritora consigue en 2015 el Premio Internacional de Aforismos José Bergamín con su carta de presentación La lengua o el espejo. La recepción crítica de aquella compilación aforística fue muy cálida. Y la autora se sumó al poblado cauce de voces emergentes que buscó sitio inmediato en propuestas de antologías como Aforismos contantes y sonantes, Bajo el signo de Atenea y Concisos.
  El segundo paso, Crianza se abre con una cita de Alejandra Pizarnik, una de las figuras de culto de las letras hispanas, protagonista de una desasosegante biografía y de una escritura visionaria. La cita no está exenta de hermetismo: “Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome”. Es acaso una clave para advertir que tras el aparente estiaje del aforismo se oculta un manantial subterráneo. Los textos no contienen la realidad, solo sus fragmentos, esas esquirlas erizadas que hacen sitio al entorno más próximo.
   Los destellos iniciales dan pie a una consideración previa. El sujeto verbal tiene una clara afinidad con el personaje literario y deja que se caligrafíe en los aforismos el discurrir biográfico. Es una actitud que aporta verosimilitud al texto y que reviste al aforismo con una propuesta dialogal. Los contenidos propagan un intimismo confidencial: “Mi tiempo fue capturado por una despedida. De entre los restos quedó este presente remoto”, “Pensamientos furtivos que te llevan directamente  hacia el abismo”, “Hay un tipo de locura que consiste en vivir asustado de uno mismo”, o esta lectura del devenir existencial que tanta afinidad guarda con cualquier periplo biográfico: “En las esquinas de algunos traumas, debajo de los desengaños, o en ciertas mudanzas, se esconden pequeñas muertes”. Pero las aguas mansas del yo pocas veces muestran una superficie calma y transparente; en ellas de dan cita las zonas umbrías que soportan un ego extraño y repleto de asimetrías: “A veces el intento de equilibrio desemboca en esquizofrenia”, “El enemigo interno es aquel que defiende enconadamente las mentiras que nos contamos”, “La vergonzosa manía de los obsesivos de contar exactamente todo”, “Vivir con el mundo cerrado”.
   El aforismo expande sus intereses más allá del yo y es permeable a las circunstancias. Los textos cambian de tramas y personajes y dejan ante el lector un escenario abierto, unas lindes que se traspasan casi de forma inadvertida: “El mundo: esa cosa pegada a nosotros que grita para llamar nuestra atención”, “Las estaciones de tren destilan la belleza inmóvil y melancólica de los viajes”.  Y en el laborioso ejercicio de observación también caben los sentimientos; ese impacto mitigado que tiene la cercanía del otro y que hace del amor una mirada que reinterpreta la propia identidad: “A veces nos reducimos a una frase en la vida del otro”, “Conocerse a tientas, dando tumbos. Aterrizar justo en el medio de una persona”, “Las vidas ausentes del otro”.
   En el último tramo del libro sobrevuelan las reflexiones en torno a la maternidad, construidas tras la hermosa cita de Luna Miguel. El embarazo inaugura una excepción del sentido del tiempo, rompe su devenir lineal y confronta con los hábitos de siempre. No es único tema, pero sí un núcleo argumental relevante que ordena los demás: “La punzada de dolor que anticipa al hijo”, “El ser humano nace del género fantástico. La gestación es un proceso inverosímil”, “Nacemos por falta de espacio. Nacer es un desahucio.”. De este tramo procede el título del libro; el tiempo de crianza modifica los contornos del transitar, obliga a desplegar otros vínculos con el mundo cercano y deja en cada amanecida un caligrama de responsabilidades que se convierte en un surco abierto de actitudes y sustratos sentimentales.
  El aforismo es una manera de cribar el sentido de las cosas. Eliana Dukelsky entiende la escritura como una interrogación que busca un enunciado preciso para luchar contra lo opaco. No pretende formular los principios solemnes de una filosofía subjetiva, sino adentrarse en los rincones de una identidad concreta y mostrar lo que encuentra en sí misma. Los pensamientos breves de Crianza  albergan el abrazo y la esperanza, los paisajes que miran y  el pálido reflejo de una patria habitable que nunca borra la extrañeza de ser.






viernes, 18 de mayo de 2018

JORDI DOCE. LIBRO DE LOS OTROS

Libro de los otros
Jordi Doce
Ediciones Trea, Poesía
Gijón, Asturias, 2018


VERSIONES Y CRÉDITOS


   En el recorrido creador de Jordi Doce (Gijón, 1967) no hay ángulos muertos. Desde hace décadas impulsa un quehacer que aglutina poesía, crítica, aforismos, letras autobiográficas, entrevistas, artículos y traducción. Esta última actividad personifica reconocidos logros, sobre todo en lo que se refiere a la literatura anglosajona y norteamericana contemporánea, con amplia experiencia en trasvases desde el inglés: W. Blake, Eliot, Auden, T. Hudghes, Simic…
  La faceta adquiere en Libro de los otros un matiz nuevo ya que, junto a la traslación habitual del texto, integra un conjunto de notas circunstanciales repleto de amenidad y erudición, cuya razón de ser se explica en un breve prefacio. Las anotaciones personales aportan un despliegue de contingencia. Acogen el contexto escritural, alguna seña biográfica de observaciones memorísticas, o las características más definitorias de las estéticas. De este modo, cada autor nos deja el poema en castellano y además la piel cálida de su humanismo, que sirve para no alejar demasiado el itinerario biográfico y el quehacer creador, como si fuesen vetas integradas en un único cauce vital.
   El poeta y traductor recurre al orden cronológico para trazar la línea de contenidos. y en este avance conviven nombres relevantes, que ya figuran en el canon de poetas contemporáneos y voces emergentes, que personifican recambios generacionales y dejan ante el lector un perfil de interés que necesita renovar lecturas.
  La selección comienza con Simon Armitage (1963) protagonista de una travesía literaria muy pronto reconocida, a pesar de su actitud experimentalista inicial y de su frescura temática, tan presente en su libro Zoom. Tanto los poemas acogidos aquí como los textos paralelos de Jordi Doce son puertas de expectativas que nunca decaen. Hay páginas dedicadas, entre otros, a  John Ashbery, W. H. Auden y Paul Auster, cuyo éxito como novelista ha eclipsado casi al completo la temprana faceta lírica. También a Bei Dao, casi un desconocido para muchos lectores, entre los que me encuentro, quien proporciona algunas citas que tienen la sabiduría lapidaria del aforismo y ese espíritu sosegado de escritura oriental; su voz parece caminar hacia dentro.
   La profundidad de campo de Libro de los otros  contiene llamativas arquitecturas literarias, como las alzadas por Robert Graves, Donald Hall, E. Pound, J. Burnside, S. Plath… Pero también diseños recientes, que todavía no tienen un perfil popular, aunque su empeño personal está repleto de hallazgos: E. Muir, R. Jeffer, D. Tanning… Sirven de coda algunos textos de W. B. Yeats, un referente fuerte y un insatisfecho habitual de belleza en las palabras, consciente de su capacidad de permanencia, tras el luego final.
   El resultado despliega una amplia selección de poetas y poemas que marca los puntos cardinales de la lírica contemporánea en inglés. La antología materializa, en su diversidad, la capacidad para preservar el aliento original y dar vida a un poema análogo, que siempre debe ser la clave fundamental de una versión. Jordi Doce lleva muchos años entregándose a la tarea de cristalizar en nuestro idioma la claridad meridiana de otras lenguas y este volumen, impulsado por Trea, refrenda el empeño continuísta, la cercanía de otros ámbitos poéticos. De ese pulso con el lenguaje se nutren las metamorfosis comentadas que propicia Libro de los otros, un trabajo que abre puertas e invita al viaje de otras lecturas.