domingo, 23 de abril de 2017

EDUARDO MENDOZA. PREMIO CERVANTES

Eduardo Mendoza
Fofografía de Eldiario.es
Alcalá de Henares, abril de 2017

LA SONRISA DE EDUARDO MENDOZA

En el Día del Libro

   Me gustó la sonrisa de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) en la entrega del Premio Cervantes. Era un gesto de humilde sosiego, el dibujo de un estar perplejo de quien no sabe si lo que sucede alrededor es una sombra platónica o la secuencia de alguna película neorrealista, proyectada en el patio universitario de Alcalá de Henares. Disfruté también con el discurso de recepción, esos papeles que dan razón a Shakespeare, si lo demás es silencio “Sólo es válida la palabra pronunciada”.
   Pero la humildad de quien no es sino un reincidente en el género humorístico se equivoca esta vez. Es un reconocimiento merecido. Hace justicia a un trayecto creador lleno de hitos desde su debut literario en 1975, con la novela La verdad sobre el caso Savolta. Aquel libro, que obtuvo el Premio de la Crítica, trazó un imborrable retrato de Barcelona. Era un marco convulsionado por los conflictos sociales de 1917 y por los contrastes de una sociedad jerarquizada y repleta de personajes caricaturescos. Aquella primera ficción se abría con una cita del Quijote, así que parecía obligatoria la referencia a su perenne relación lectora con la obra cervantina. Fue el cuerpo central de su discurso. Su enfoque  planteó un itinerario por la memoria más que una caracterización crítica sobre la novela de caballería.
  En el aire quedaron la conformidad con el humor de Cervantes, el brumoso infortunio de las Humanidades en el tiempo digital y su parentesco con las habituales derrotas de Don Quijote y con su sabiduría existencial. También la certeza de que vivimos un tiempo incierto de confusión que hay que denunciar sin alarmismos ni pesimismos nocivos y con una advertencia a la egolatría desatada de los escritores que sitúan el Ecuador en sus ombligos: “La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo”
  Después, el escritor recogió el premio, repartió abrazos, soportó con mérito las languideces del sentimentalismo y salió a la calle para celebrar el Día del Libro y seguir siendo el que siempre ha sido: “Eduardo Mendoza, de profesión sus labores”.



   

sábado, 22 de abril de 2017

OTITIS. EFECTOS SECUNDARIOS

Cita previa 



OTITIS

       A Luis Miguel Malo

 El zumbido no cesa.
Es una rasgadura,
una ola que llega
de forma imprevisible,
una pulsión secreta
que dispersa señales
a destiempo.

Acudo al otorrino.
Con gesto relajado
prodiga pormenores,
dictamina las causas.
Me firma complaciente
algún diagnóstico:
trastornos auditivos;
el tímpano anegado
por voces que no existen.

Todo bajo control,
algunos fármacos
y ejercicios sencillos;
paciente aprendizaje
y discernir
las voces y los ecos.

      (De Ninguna parte, Sevilla, 2013)





viernes, 21 de abril de 2017

SERGIO GARCÍA. MIRAR DE REOJO

Mirar de reojoSergio García ClementeCuadernos del Vigía, Aforismos
Granada, 2017

MIRADAS
  
   Las líneas de situación de Sergio García Clemente son conocidas; con su primera entrega aforística Dar que pensar logró el I Premio Internacional José Bergamín de Aforismos. El certamen argumentaba su logro principal: dar a conocer una voz emergente que apenas tenía unos pasos de prometedor recorrido y poemas dispersos en revistas. El premio además dio un toque de atención a algunos especialistas del género, como Manuel Neila y José Luis Trullo Herrera que mostraron el trabajo del escritor en sus antologías.
   No hace mucho la Fundación Mapfre Guanarteme conmemoraba el Día de las Letras Canarias con la edición de un libro dedicado a dos jóvenes creadores: Ramiro Rosón Mesa y Sergio García Clemente, de quien se recuperaba un muestrario de breves titulado Ángulo muerto. Así que el autor canario en plena ebullición es ya  aplicado oficiantes de la nueva hornada.
   Su último trabajo, Mirar de reojo arranca desde una cota destacada. Dejo el rastro inaugural de los tres primeros destellos: “Basta un gesto sensual de la vida para que la tristeza nos sea infiel”, “Cuida las cenizas de tu amor: son las semillas del siguiente”; “Todos somos de carne y hueso, excepto el prójimo”. Teselas así parecen contradecir el título; quien escribe no mira de reojo, con retina declinante y ángulos muertos, sino con la profundidad del mediodía y la lucidez del encuentro con el asombro.
   La provincia cromática del aforismo lleva a menudo un contrapeso de solemnidad que ralentiza el paso; lo sabe bien uno de los aforistas centrales del ahora breve, Ramón Eder que deja la siguiente impresión: “Irónicos, desengañados y lúcidos, los aforismos de Mirar de reojo son certeros y dan que pensar. En este libro hay aforismos memorables (…) “cuando un imbécil te da la espalda te ofrece su mejor cara”  Un juicio que comparto y que no resulta hiperbólico en su definición porque Sergio García Clemente hace del género un expresión intensa de las cualidades de convivencia de nuestro tiempo y  las dota de un carácter narrativo y coloquial.
  Al cabo, una de las justificaciones más reiteradas de la literatura sintética actual es atribuir al aforismo capacidad para leer de modo fragmentario una realidad ambivalente y discontinua que mezcla un panorama ecléctico. En el buen aforismo encontramos una singular conjunción de autobiografía velada, certezas cardinales y restos varios de ceniza y cal sobre esperanzas ilusiones y sueños. La experiencia concreta se trasciende  para transformarse en  estado anímico y en emoción; para distanciarse, Sergio García Clemente recurre a los verbos en plural: hace de su voz un nosotros consentido que añade el contrapeso de la experiencia común: la emoción se objetiva y los hechos se visualizan desde la distancia: “El amor es el mejor lazarillo para nuestra ceguera”, “Detrás de ciertas sonrisas adivinamos los escombros”, “Para algunos tan solo somos el escenario ideal de sus monólogos”…
  Otras veces recurre a la ironía y aliña con sus dedos frescos la masa moldeable de la percepción: “La habilidad más importante de un escritor es utilizar bien la papelera”, “De la luz solo veo sus sombras”, “Tener que darle una buena noticia a un cretino te estropea el día”. De esta forma, la mirada interior se aleja de los espejos del narcisismo para mostrar los rasgos de un sujeto común que es paradigma de normalidad.
 Mirar de reojo nos presenta la vertiente interior de un cultivador maduro, que pugna por aprender las claves del ser con una objetivación verbal concisa y con un innegable punto de poesía que no menoscaba los procedimientos expresivos del aforismo. En su fondo argumental se mezclan sentimiento e intuición, un registro lleno de frescor natural que hace del lenguaje representación y símbolo, gozo lector.

 



jueves, 20 de abril de 2017

EXPLORACIÓN


Dentro.
EXPLORACIÓN

 Con la primera luz contemplo el sueño de las formas. Muestro un gesto de asombro. De nuevo exploro deshabitados itinerarios que conducen hacia ninguna parte. El laberinto tiene algo de humedal, de vida líquida renovada y cambiante.
  Aquí se está bien. A cada paso siento el rumor cercano de la pertenencia. El laberinto es mío; soy su interior.

(De Cuentos diminutos)

miércoles, 19 de abril de 2017

MARCOS MATACANA MARTÍN. POLVO EN EL AIRE

Polvo en el aire
Marcos Matacana Martín
Ilustración de cubierta
Hilario Barrero
Palimpsesto Editorial, Colección de_sastre
Sevilla, 2017
 AUTORRETRATO

   Aunque ha ido sembrando colaboraciones poéticas en revistas digitales e impresas, la biografía literaria de Marcos Matacana Martín (Sevilla, 1973) hace de Polvo en el aire su punto cero. El autor, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla y docente en ejercicio reúne en este volumen un atinado perfil poético.
   La entrega, con ilustración de cubierta del incansable  Hilario Barrero, pone como pórtico unos versos de T. S. Eliot pertenecientes a Four Quartets, texto clásico de la poesía inglesa y uno de los hitos de una poética radical que hace de la subjetividad el último reducto de lo inefable. Pero Marcos Matacana Martín desdibuja de inmediato cualquier especulación sobre su ideario con el poema prologal “Autorretrato”; en él presenta al sujeto verbal con la voz directa de una dicción intimista y comunicativa, que empatiza con el lector a través de un diálogo confesional. El lenguaje se distancia de cualquier hermetismo y solo aspira a enunciar un recorrido biográfico.
   Llama la atención el número de poemas que contiene el libro; de ahí que el autor haya optado por integrar las composiciones en un esquema argumental formado por tres agrupamientos. El primero “A humo de pajas” tiene un arranque diáfano, a partir de aquel verso postrero encontrado en la despedida vital de Machado en Colliure: “Estos días azules y este sol de la infancia”: “Días azules porque nada / de lo que ha ocurrido luego / nos iba a pasar a nosotros” Aquel memorable ejercicio de melancolía que buscaba un reflejo en la esperanza se renueva, como si el tiempo fuese una montaña rusa empeñada en acometer ese nivel dispar de la superficie.
   La palabra propende a la elegía y hace del pasado una estación que espera. En ese remanso el recuerdo tiene mucho de crónica generacional compartida por las identidades, convulsionada por el discurrir brumoso de lo social: “Y eran nuestras vidas / dos vagones que subían lentos / ansiosos por precipitarse / sin comprender ciegos aún / que tras la bajada / vertiginosamente inevitable / esperaba el final / de la noche / de la feria / del verano / del amor / y de la vida”. Cada época vital poco a poco se va convirtiendo en una moldura apagada, en un marco cuarteado que acumula en sus contornos el polvo del olvido en el cristal opaco que diluye la luz y solo contiene un espacio oscuro de irrealidad.
   En ese largo rastro por los calendarios el aprendizaje de los sentidos deja un azaroso patrimonio. El amor se convierte en sustrato fuerte del existir. Es palimpsesto del deseo y depositario de un largo historial de llamadas perdidas y de paraísos desplomados y señales tristes que hablan del desengaño de estar vivos.
   La segunda compilación de poemas llega con un aserto sugerente: “Teoría del compost”. El uso de un término tan mimado por la ecología extiende al paso una analogía con el poema; al cabo la escritura no consiste más que en una operación de reciclado de sentimientos, experiencia y reflexión. y en esa mezcla residual que sirve como fertilizante de nuevos brotes, están fundidas las secuencias del propio yo y los esquejes de semejantes que viven el discurrir de los relojes con las mismas frustraciones y con similares esperanzas de cambio. Al cabo la soledad y el desamparo son telas que se venden en las rebajas de esos grandes almacenes que abren sus puertas a la grisura ambiental de lo diario. Son cuerpos que se encuentran en el mismo lecho de soledad. La felicidad es flor de un día. Todo parece abocado a respirar una fisiología caduca e infectada; hay pesimismo, un aire enrarecido, una conciencia que abre los ojos en la oscuridad.
   El apartado final “Habitaciones de paso” no cambia el marco que muestra en su andar los desajustes y que acepta el rumor cercano del derrumbe. “Quien entra aquí sabe de sobra / que ha fracasado y solo / es cuestión de esperar para ver cómo / la felicidad se va a la mierda / si no se le ha ido antes / por el sumidero de la bragueta / y solo queda entonces /  un consuelo / joder o que te jodan”.
   La poesía de Marcos Matacana Martín podría adscribirse –si se me permite una vez más ese recurso crítico de las etiquetas- al realismo figurativo, a esa lírica enunciativa que destila insatisfacción y que fuerza al lenguaje a mostrarse crítico con el conformismo. Las citas que el autor emplea en sus poemas son muchas y hacen guiños  registros dispares, desde los clásicos grecolatinos a la generación beat, desde Carver a Manuel Vázquez Montalbán, un paratexto complejo del que mana una expresión austera, incómoda a ratos, hecha para negar reflejos idealizados. Versos que recuerdan que cualquier encuentro con la felicidad sucedió en el pasado, en algún sitio que ahora huele a lejía.  



      

martes, 18 de abril de 2017

RUMOR EN EL BOSQUE

Rumor

 EN EL BOSQUE
Con F. Kafka 
 
   Como hojas caducas que cumplieron su ciclo estacional, cada día son más numerosas las bajas en el camping. Los afectados presentan síntomas similares; alguna parte de su epidermis ha sido martirizada por las picaduras de un insecto. Los usuarios más antiguos hablan de los efectos de una maldición, una renovada plaga bíblica por hacer del espacio costero una epidemia de turistas, pero es una simple especulación kafkiana.
   Un escalofrío me dice que tengo algunos datos sobre la verdad. Soy quien debe resolver el enigma. El raro insecto eligió mis sueños como  madriguera.
 

domingo, 16 de abril de 2017

ISABELLA LEARDINI. LA INQUILINA DESCALZA

La inquilina descalza
Isabella Leardini
Traducción de
Juan Carlos Reche y Paola Patrizi
Ediciones de la Isla de Siltolá, Poesía
Sevilla, 2017
LOS ABRAZOS FRUSTRADOS 

   La inquilina descalza se inserta en el concepto de poesía amorosa pero su lírica no percibe el amor como culminación del deseo y como habitable refugio sino como carencia y sentimiento sin recorrido de vuelta. Así lo comenta en su pórtico Milo De Angelis: “El motivo conductor de este libro –excelente debut de una joven  poeta- es el amor no correspondido; es más, ni siquiera percibido por el otro, mantenido en secreto en un espacio de inquietud y fantasía, en una maraña de citas solitarias y paseos nocturnos”. Su autora Isabella Leardini (Rímini, 1978) consiguió con esta colección de poemas el Premio Montale en la sección de inéditos y la propuesta fue publicada dos años después en la editorial Niebo-la vita felice. Desde entonces ha conseguido vender cuatro ediciones y estos poemas han propiciado la inclusión en varias antologías italianas y extranjeras. Con el amparo de esa benevolencia singular ante una primera salida, nos adentramos en el epitelio de una poesía que retorna  a uno de los núcleos de la extensa tradición cultural: el amor.
   En poesía la calidad no está en la invención de rupturas radicales sino en el aporte  renovado, en la mirada de los que supieron imaginar los lugares de siempre con paisajes nuevos. A primera vista, el utillaje verbal de Isabella Leonardi se decanta por una dicción llana que da continuidad a un realismo figurativo. Deja sitio a lo enunciativo y a la sugerencia: “Mi cuerpo abandonado en la cama / al terminar las estaciones / se me sube al estómago, / donde todo nace y se consume, / donde acecha cual tormenta el llanto / y nadie atiende a lo necesario”. Son versos que argumentan la continuidad de un legado romántico e impulsan la construcción de un protagonista verbal desde la proximidad. La existencia diaria muestra su centralidad, hace visible desde una argumentación lógica su superficie emotiva. El poema lírico medita sobre la conciencia individual y avanza con pasos sosegados por una cartografía sentimental donde el deseo gira sobre sí mismo, prodigando inquietud y desconcierto.
   Los argumentos del poema enaltecen la soledad de quien pasa con un misterio entre las manos que nadie conoce. EL sujeto asiste a una representación privada donde el escenario está habitado por un único personaje. Sin embargo el yo mantiene su esperanza, tiende puentes cansados para otras tentativas y nunca acata su derrota: “Una trama de retornos ha unido / mis ganas de no reír esta noche / y el amarte siempre / con antelación o retraso”
   Comentaba al inicio el acuerdo del público con esta amanecida de Isabella Leardini. Las claves del mérito poético de la inquilina descalza está en el trazo limpio de una historia cuidadosamente construida, en el empleo de un registro hablado abierto a la experiencia y en esa estela de quien se sitúa con humildad en el centro del poema a ras de tierra mientras soporta el frío de un abrazo frustrado.