domingo, 19 de febrero de 2017

LUIS FELIPE COMENDADOR. POESÍA REUNIDA

Vuelta a la nada. Poesía reunida. (1995-2002)
Luis Felipe Comendador
Lf Ediciones, El Árbol espiral
Prólogo de José Luis Morante
Béjar, Salamanca, 2002

CON LAS MANOS ABIERTAS

   Todo quehacer poético es un compendio de obsesiones y remite a un claro empeño de búsqueda de una identidad; crea un mundo propio, sean cual sean los recursos formales y los contenidos. Vuelta a la nada permite conocer el tramo lírico escrito entre 1995 y 2002 por Luis Felipe Comendador (Béjar, 1957), poeta, narrador, aforista. escritor de diarios, editor e incansable activista solidario. Es un arco temporal muy corto, pero caracterizado por una notable fecundidad, ya que se hilvanan títulos con regularidad casi anual, bajo el empuje de certámenes nacionales y de premios que han convertido al bejarano en una presencia habitual  en los foros de debate y en  los predios literarios contemporáneos.
  El volumen Vuelta a la nada reúne textos de nueve poemarios, organizados con un criterio cronológico estricto y solo roto por la composición inicial que aparece como una intencionada poética, como un aviso para navegantes lectores. Queda fuera el primer libro y el más reciente, El amante discreto de Lauren Bacall, aparecido en la editorial Visor, tras ser finalista en la correspondiente convocatoria del Premio internacional de Poesía Rafael Alberti. Pero la muestra es amplia y en esta palabra heredada en el tiempo se perciban con nitidez las cualidades de un autor empeñado en lo cotidiano. Porque el techo gris de lo diario es el gran venero temático de esta escritura. Lejos queda el alquiler a plazos de aquella torre de marfil de lo trascendente y el revestimiento acorazado de lo sublime.  Para Luis Felipe Comendador, el poeta es, sobre cualquier consideración, un ciudadano de a pie que pasea fisiología e intelecto; deambula por los callejones de la amanecida para escribir respuestas en ese abrumador formulario de lo existencial que acaba asegurando que vivir no es mucho, pero  es todo lo que tenemos. La vida se comprime en un azaroso paréntesis  proclive al tedio.
   Se canta un tiempo de derrota, despojado de reductos salvadores: las voces de la calle, la herrumbre de la pareja, el entorno grupal, los retazos de un compromiso ideológico, la identidad brumosa del individuo, el onanismo de explorar el espejo para descubrir que no somos narcisos. Las palabras conforman instantes que se van desgranando para asegurarnos que, a pesar de tanta insuficiencia, merece la pena ser testigo de cargo de este viaje por lo transitorio, por el laberinto del ahora.
  Cada entrega de Comendador se organiza bajo un estado de ánimo y a  partir de  un clima poético común. Lo unitario preside la organización poemática por encima de la recopilación. Comendador es un poeta de conjuntos, aunque algunas piezas sueltas hayan alcanzado el status de textos de antología por el frecuente uso en lecturas públicas o por su publicación en suplementos y revistas. Es el caso de “Consejos para un poeta joven”, donde el ánimo jocoso de los versos deja aflorar un sarcasmo y un humor socarrón que desemboca en una sabia ironía que emana de autores del 50.
   Realista e irónica, lúcida y macerada por el discurrir vital, la poesía de Luis Felipe Comendador solo en apariencia se formula con un vocabulario testimonial y accesible. La difícil sencillez y la claridad expresiva son logros de un pulir continuo. Hay rigor autocrítico y regodeo en una tradición que renueva brotes en la mente de todos. Hay vínculos, por ejemplo, con los divertimentos eróticos de Catulo y el nihilismo clásico de Fonollosa, con Carver o con representantes cualificados de la primera promoción de posguerra. En la geografía de Vuelta a la nada se recrea un sujeto poético sentimental y escéptico que a media tarde, ante el velo bermejo del crepúsculo, alza la copa y se concede un rato de descanso, mientras saca billete hacia la sombra.







sábado, 18 de febrero de 2017

AUTOESTIMA (EL OTRO YO)

El yo crepuscular
Fotografía de
Pixelbay

EL OTRO YO


   Cinceló una autoestima menesterosa. Cada vez que se contemplaba en el espejo cerraba los ojos, abrumado. Solidario después, se daba una limosna.


viernes, 17 de febrero de 2017

YOLANDA DELGADO BATISTA. PURO CUENTO

Puro cuento
Yolanda Delgado Batista
Baile del Sol, Sitio de Fuego
Tegeste, 2016

PURO CUENTO

   Leí el primer libro de Yolanda Delgado Batista, La isla de las palabras desordenadas, en el otoño de 2012, casi un año después de su publicación en Izana Editores. Aquella novela, tras la nota de gratitud a quienes habían impulsado aquella travesía literaria, contenía un prólogo del periodista Juan Cruz. Evocaba una anécdota protagonizada por el poeta Ángel González en la que el ovetense manifestaba sus deseos de seguir viviendo ante la temeraria conducción de Yolanda por alguna carretera sinuosa. Me gustó aquel enfoque de Juan Cruz que, frente al tono erudito de lo didáctico, quiso esbozar el humanismo; saludaba los méritos de una amanecida que enlazaba una historia intimista, al cierre de un ciclo amoroso con los efectos secundarios del desamor.
   Ahora Yolanda Delgado Batista, con un largo periplo laboral, regresa a la escritura con Puro cuento y esta vez comenta la colección de relatos Julio Llamazares, también periodista, y autor plural. El narrador señala dos claves sugerentes en estos cuentos: la condición insular de la escritora y el sentido de las palabras como esencia de lo imaginario, ese espacio también presente en la bitácora personal “La isla de san Borondón”, sustantivo  de geografía intermitente, ubicado entre la realidad y el sueño.
  El título se presta a una semántica interpretativa: la voz narrativa vela lo real para dejar paso sin más al cauce suelto de lo fantasioso; o, y es una posibilidad no desdeñable, la escritora se empeña en precisar la naturaleza general de sus cuentos que son sin más ejercicios de ficción enunciativa, no disimulados episodios biográficos, o prosas líricas que enaltecen las aceras cotidianas de la realidad.
   En la entrega conviven treinta y dos relatos, algunos de los cuales son microrrelatos que apenas sobrepasan la extensión de un párrafo. Es un número alto de piezas por los que se pone de manifiesto la diversidad  y una convivencia de atmósferas y personajes que confirman la vitalidad del cuento en esta práctica escritural.  Los relatos iniciales aparecen tendidos al sol del realismo y se deshilvanando con la voz de un narrador omnisciente o de un nosotros oral. El argumento sale de su refugio para capturar al lector con su discurso hilvanado y natural que espera a dar el último paso en el cierre; lo aparente es solo una manera de cerrar los ojos porque debajo de lo cotidiano la epidermis recubre otra realidad.
   La amenidad es manifiesta, aunque hay una cierta inclinación a buscar personajes solitarios que sortean la fragilidad de su destino entre el estar callado de la soledad: el extranjero, el parado de larga duración o el recluso son roles que ponen a prueba el  sesgo convivencial de un tiempo manchado por la desconfianza y el rechazo, por la violencia y el miedo. En Puro cuento la escritora y periodista Yolanda Delgado Batista se incorpora a los que creen que la mínima estructura del relato descubre una realidad enriquecida que se aliña con el onirismo y lo simbólico, que admite unos hilos de crítica social y propone sendas abiertas para que los itinerarios de la memoria se ensanchen con recorridos por explorar. Al cabo lo aparente no es sino el tacto imprevisto del asombro.

   

jueves, 16 de febrero de 2017

DÍAS CON MUEBLES VIEJOS

Días con muebles viejos


MUDANZAS

Amanecer. En el cristal de la buhardilla el abrazo tibio de un sol cordial. Se nubla pronto.

Días en los que la calle tiene cara de municipal con cuaderno de multas.

Lluvia sin olor. Entre dos cuerpos un deseo neutral.

Con los buenos libros actúo como un pasajero impaciente. No dejo que se duerman.

¿Por qué lo sencillo es siempre tan complicado?

Soy parte de su vida, me dice, abstraída en una telaraña.

Una amistad discreta. Como un hule de plástico y sopa de sobre.

Cuando me visita la incertidumbre en el correo electrónico, vacío la bandeja de entrada. Después pongo a cada mensaje no leído las palabras justas.


domingo, 12 de febrero de 2017

SALDOS Y MODAS LITERARIAS

Segundas rebajas

SALDOS Y MODAS LITERARIAS

  No caben en la plaza mayor del pueblo, los que piensan que escribir aforismos es un imperativo de moda literaria, un asunto de segundas rebajas que permite acumular saldos con un coste literario reducido:  los aforismos llenan páginas con poquitas palabras. Ya se sabe que proclamar estupideces es un hábito atemporal, con riesgo de pandemia. Así que hay que tomar distancias, recorrer las aceras del trabajo diario y afrontar la práctica del aforismo con el saludable despego del buen hábito; asumiendo los compromisos reivindicativos dictados por la palabra justa y la voluntad propia.
  Sin más estados de tensión, con respiración de planta; uno ya no está para sumar bocanadas en el vacío de dogmáticos y trascendentes.




sábado, 11 de febrero de 2017

AFORISMOS CON NIEVE

Postal de Brooklyn
Fotografía de
Hilario Barrero

AFORISMOS SUELTOS


 El pesimista es tan clarividente que anticipa el fracaso.

                
Utiliza argumentos que recuerdan carnavales de pólvora.


Los cementerios de coches abusan del retorcimiento manierista.


En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.


Los andenes ferroviarios son espacios ambiguos e imprevisibles en los que se respira la quietud de la ausencia; nadie sabe quién se va o quién se queda.


Los minimalistas dogmáticos tienden a confundir el haiku con un cantar de gesta.


Hay escritores que en cada libro se definen como palabreros aficionados.


Los que mienten consiguen interpretaciones magistrales.


La amnesia aporta tranquilidad a la respiración de los recuerdos.


                               (Mejores días, De la luna libros, Mérida, 2009)



jueves, 9 de febrero de 2017

DESDE LA VENTANA

Crepúsculo
DESDE LA VENTANA

Aquel día amaneció seis veces. El impreciso estar del sol en la cornisa marcaba un ritmo de ida y vuelta que yo traducía en interrogaciones sobre la conveniencia de cerrar los ojos. Así discurrió toda la jornada, hasta que aparecieron en bandada las palomas del sueño.

(De Cuentos diminutos)