jueves, 22 de junio de 2017

ELOGIO DE LA IDENTIDAD

Clausuras
Fotografía de
Rosa María Hernández


PROPÓSITOS

                                           Para María Fernández Cuello

Ser uno mismo;
salir del laberinto.
Quitar candados. 




miércoles, 21 de junio de 2017

CANTOS DE FORTALEZA. ANTOLOGÍA DE POETAS VENEZOLANAS

Cantos de fortaleza
Antología de poetas venezolanas
David Malavé Bongiorni y Artemis Nader (Compiladores)
Prólogo de Rodolfo Häsler, epílogo de Rafael Arráiz Lucca
Kalathos Ediciones, Alcobendas, Madrid, 2016 
VERSOS DE TIERRA

   La poesía no se ausenta, aunque las condiciones históricas de la época en que se escriba difundan casi un estado de emergencia e incertidumbre. Cuesta pensar en la situación política actual del país latinoamericano sin que se haga inmediato en la retina un desfile de imágenes del conflicto social, el grito de la calle y la dura represión auspiciada por el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. En este contexto, como escribiera Blas de Otero, quedan la palabra y la poesía; así lo muestran los compiladores que dibujan un mapa lírico de Venezuela en el trabajo de catorce poetas representativas de distintos idearios.
   David Malavé Bongiorni, editor de Kalathos, subraya en el umbral la notable ausencia de poesía venezolana en el exterior y la necesidad de crear una estrategia concertada para difundir talentos. Así nace casi en clave lúdica este muestrario de trayectos cruzados con la pretensión de ser piedra angular de la poesía femenina, un quehacer convertido en pulso y sentimiento sobre la cronología de un momento histórico sombrío.
   El poeta y traductor Rodolfo Häsler ofrece en su liminar un enfoque diacrónico sobre las poetas en la historia latinoamericana. Sondea la arteria para cifrar sus presencias más notorias. La nómina adquiere un perfil sólido y representativo en el que cuajan como espacios imprescindibles sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gabriela Mistral. Ellas son el sustrato que avala con su magisterio el discurrir generacional en los distintos países. También adquieren el vigor del canon en Venezuela para ceder turno a quienes inician trayecto en la década del setenta y del ochenta; es una promoción donde sobresalen Edda Armas; Cecilia Ortiz, Márgara Russotto, Yolanda Pantin y Laura Gracco. Son ángulos de exploración en los que adquiere cuerpo la conciencia de lo femenino y la indagación en lo existencial que en Cantos de fortaleza se resuelve desde enfoques autónomos.
   Inicia la selección María Clara Salas (Caracas, 1947). Doctora en Filosofía y con amplia cosecha, su obra sondea temas perdurables que se definen en lo cotidiano: el ser temporal, la erosión del tiempo, la otredad, el pulso sostenido entre sueño y realidad…  Son núcleos expresivos de un intimismo figurativo y coloquial, que no teme al verso dialogal porque sabe que cada poema se habla a sí mismo y comparte incertidumbres y lugar de paso en lo diario.
   Rafael Arráiz Lucca, responsable del texto crítico final, acuñó un aserto que resulta útil para entender este fresco poético: “El coro de las voces solitarias”. Todas comparten el puente común de la poesía pero cada voz sostiene su opción estética para desplegarse en singular. La recopilación de Cecilia Ortiz (San Casimiro, 1951) resalta su búsqueda de la imagen sorprendente y la entidad del simbolismo sobre lo anecdótico; también la importancia de la naturaleza como código de señales frente al sujeto capaz de conceder al entorno una realidad enriquecida. La poeta tantea con la mirada el sentido final de la escritura que hace de la palabra un territorio cognitivo.
  La ruta creadora de Belkys Arredondo Olivo (Caracas, 1953), poeta, periodista y editora, arranca en 1998. Su muestra abarca  poemas breves y prosa poética y ha sido antologada en distintos países. Su poesía es directa, con la voz fuerte del canto que nunca posterga la variedad de estratos temáticos en su desarrollo. En sus poemas el amar y el creer aguzan sus preguntas sobre las pulsaciones de lo cotidiano.
   Amplia germinación tiene la trayectoria de Yolanda Pantin, quien personifica un protagonismo estelar en la cartografía actual. Así lo testifica País. Poesía reunida (1981-2011), volumen editado en España por Pre-textos en 2014. En su lírica adquiere contundencia un trasfondo reflexivo por el que lo subjetivo y lo personal muestran la travesía de una experiencia transcendida.
   Solo veinte años tenía Edda Armas (Caracas, 1955) cuando amaneció su temprana incursión Roto todo silencio, poemario reeditado hace apenas un año. La poeta, que acomete tareas de gestión e imparte talleres literarios, tiene una amplia presencia en revistas y antologías y ha impulsado la edición independiente. Sus  versos recorren caminos de retorno con una mirada narrativa que entrelaza anecdotario y pauta reflexiva.
   Las voces anteriores constituyen el cimiento primero de un muestrario que no presenta quiebras experimentales ni cambios de rumbo sino un cauce fluido que adquiere en su transcurso mutaciones individuales. Así, la poesía de María Antonia Flores (Caracas, 1960) busca en la palabra una sustrato sensorial, o concede voz, como sucede en el excelente poema “Mirada antigua”, a una genealogía femenina que moldea en el tiempo su identidad plural. En su escritura percibimos un variable entrelazado temático que conjuga percepción sensible, reivindicación del ser existencial, a resguardo de la soledad y con un epitelio de resistencia, y un registro formal amplio.
   En Patricia Guzmán predomina un diálogo con la tradición y un misticismo renacido que emparenta su lírica con el cántico. Así se percibe en su propuesta más reciente,  El  almendro florido. En su estela creadora también abren bifurcaciones el intimismo y la presencia sentimental de lo cercano, como si la existencia discurriera en un claro diálogo entre protagonista lírico y entorno.
   El quehacer de Sonia Chocrón destila poesía, narrativa y guiones para cine y televisión; son dominios alternos y complementarios. En su estela lírica encuentra cauce una dicción comunicativa que busca referentes culturales en el cine y en las aportaciones de la tradición oral.
   La década del sesenta está ampliamente representada en Cantos de fortaleza por la obra de Claudia S. Sierich, Gabriela Kizer, Jacqueline Goldberg, Gina Saraceni, Carmen Verde Arocha y Eleonora Requena. Son travesías que aportan sensibilidades donde cala, junto a la indagación individual que parte de la experiencia cotidiana, el rumor de lo colectivo y los fragmentos de la intrahistoria común. Así se afianzan poéticas entre el pesimismo y la luz, aunque como escribe Gabriela Kizer late el propósito de que la senda grabada por el poema no sea nunca la crónica del desconsuelo.
   Asentado el paisaje versal, firma el epílogo Rafael Arráiz Lucca. El crítico opta por el repaso en el tiempo para recuperar en la biblioteca la aportación femenina consignada. En ella son indicios claros la pluralidad, la ausencia de cualquier localismo y el empeño individual que ahuyenta cualquier gregarismo.
  Los nombres reunidos en Cantos de fortaleza tejen pasión literaria y ángulos de un paisaje cultural que disuelve cualquier pesimismo sobre el espacio del presente. la poesía sigue brotando en las condiciones más adversas, se incardina en la sombra y en el extrañamiento para curar heridas. Los poemas dan fe de lo vivido en su sentido más cotidiano e inmediato. Sobre las cuartillas grises del lenguaje, las poetas de Venezuela anulan palabras, tiempo y esperanza.
   

martes, 20 de junio de 2017

TODOS, EN NINGUNA PARTE

itinerarios
Archivo personal

                                          TODOS, EN NINGUNA PARTE


   Todos somos los inadvertidos habitantes de Ninguna parte, un municipio sin impuestos y sin padrón municipal, donde a diario salimos a comprar razones para aguardar los viernes del futuro. Cada uno de sus vecinos persigue la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada paso que hilvanamos para llegar a nuestro interior, ese sitio lejano que siempre está en el horizonte de las esperanzas.
   Mi libro Ninguna parte es la crónica viva de esa convivencia plural. Si me asomo a su casco antiguo, cada una de sus construcciones está llena de patologías. Así he denominado la primera sección del poemario, que tiene como hilo argumental la erosión del tiempo en el entorno más próximo, cuando los días incrementan la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres dependientes y vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia entonces se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa.
   Mucho más optimista, como adecuada para la visita turística del sol de las amanecidas, es el barrio “Deshielo”. Sus poemas habitables hacen del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o para recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para pasar las horas en habitaciones con luz.
   La existencia, como decurso temporal, conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que de este modo se convierte en rebeldía frente al silencio. También en Ninguna parte está esa zona reservada para los ausentes, para los que dejaron la solemnidad de una idea sobre el mapa del tiempo.
   Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, sólo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en ese trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado, el frondoso parque que he denominado “Y todo lo demás…”. Tal zona boscosa difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico…Literatura
  Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares, cuyos contenidos mezclan imágenes y sentimientos. Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan la palabra y la esperanza.


lunes, 19 de junio de 2017

LUIS MIGUEL RABANAL. LOS POEMAS DE HORACIO E. CLUCK

Los poemas de Horacio E. Cluck
Luis Miguel Rabanal
Huerga & Fierro Editorial
Madrid, 2017 

ÓSMOSIS 

   Para que la oscuridad del dolor no se convierta en patetismo declamatorio, su expresión literaria exige una perspectiva. Lo sabía muy bien  el poeta catalán Joan Margarit al emplear como clave argumental de su poemario Joana la enfermedad y muerte de su hija; y lo sabe Luis Miguel Rabanal al indagar sobre circunstancias existenciales complejas y compartir la lucidez de su fiebre en Los poemas de Horacio E. Gluck.
   En las líneas introductorias de “Humo”, la caligrafía barroca de Andrés González emplea esta expresión: “un poemario místico, bendito, sacrílego también, como debe ser el agua fuera de mayo”; el prologuista también sondea la identidad del protagonista lírico, Horacio Estanislao Cluck, como imagen especular del yo biográfico y su memoria encendida. En suma, una advertencia al lector de que, como en libros anteriores, en su amplia trayectoria poética Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) cultiva una heterodoxia de sombra alargada que transita por las diferentes secciones de esta propuesta lírica.
   Desde la voz de un yo desdoblado arranca el apartado inicial en el que encuentra sitio una dicción limpia que desvela intimismo y transparencia. En ella fluye la conciencia de lo transitorio, el hilo débil que nos va acercando a un tiempo cumplido y que requiere hacerse perdurable en el quehacer de “Los constructores de palabras”. Desde su empeño, nace el poema cuyos rasgos muestran fragilidad y añoranza, un discurso emotivo de quien se siente náufrago a la deriva y conoce “el desastre de no pertenecer / a lugar alguno, / como los vencejos de agosto”.
   La segunda sección emplea como única forma el poema en prosa. La reflexión difunde  una estela de voces en la que escuchamos la transpiración de varias identidades, aunque prevalece una voz femenina asociada al recuerdo y al deseo, un deseo declinante que poco a poco se convierte en soledad vencida, como si el ahora solo dejase sitio a los recuerdos de otra cronología más propicia. La forma se emplea de nuevo en las composiciones del cuarto apartado en el que prosigue “Desnudos” su variada caligrafía reflexiva.
  La verdad aseverativa de la derrota requiere un comienzo, la reformulación de una esperanza. Así parece anunciarse en el aserto que aglutina el tercer apartado “Imploró llamas y adivinos”. Porque el amor no basta y el presente despliega su grisura con su magra cosecha de sueños por cumplir, es necesario desplegar. La muestra final “El viaje” establece un claro paralelismo entre el viaje y el itinerario vivencial, en la línea de tantos autores clásicos; los poemas recuerdan el discontinuo gotear de la memoria para dejar estampas adormecidas de otro tiempo, con una geografía cómplice y cercana. Si el cuerpo de la amada es el primer plano del laberinto en el tiempo que permite sobrevivir a la incertidumbre, también se hace presencia la contemplación del propio destino con la mirada del observador que descubre los claroscuros y asimetrías de la identidad. El pasado ha perdido su luz onírica y ahora aparece como expresión de una mentira a la que no se puede regresar; lo mismo sucede con la casa que añade moho y derrumbe a sus cimientos o con las vivencias del discurrir siempre confrontadas con la grisura de la soledad.
  En Los poemas de  Horacio E. Cluck  asistimos a un largo proceso de análisis interior. La derrota invita a reacomodar lo cotidiano y salir al día para buscar al yo trasterrado. Fiel a sus constantes poéticas, Luis Miguel Rabanal despliega intimismo y nos revela esas sombras de arena que duermen en la biografía del yo escindido. En ella se guarda un calor de vida ya gastada, la sensación compleja de haber sido.


domingo, 18 de junio de 2017

ALICE MUNRO. MI VIDA QUERIDA

Mi vida querida
Alice Munro
Fotografía archivo WordPress
Lumen, Barcelona, 2013

LA HUMILDAD  DEL RELATO.


La decisión del sanedrín literario sueco de conceder la antorcha del Nobel 2013 a la canadiense Alice Munro ha prodigado en los medios de comunicación de todo el mundo abundantes informaciones biográficas. Nacida en Wingham, provincia de Ontario, en 1931, pasó su infancia en un ambiente rural del gélido interior canadiense, con severas dificultades económicas familiares. Tras establecerse en Vancouver ejerce distintos oficios y a partir de 1950 va cimentando un sólido trayecto escritural en el que el cuento se convierte en centro creador de su escritura. Pero, como recalca la autora una y otra vez, su existencia sólo cobra sentido en la escritura, donde no pocas veces la letra pequeña de lo autobiográfico actúa como venero temático. Es en el cuento, un género mayor del siglo XX, donde habita lo esencial de un sentir literario.
  En Munro el cuento tiende a describir historias sin épica, con el énfasis apagado de lo cotidiano. Así sucede en su reciente colección de cuentos Demasiada felicidad, cuyos trayectos accionales requieren un desarrollo temporal  de media extensión para precisar las circunvalaciones de actitudes vivenciales siempre de paso. Los cuentos abordan instantáneas de protagonistas y secundarios empeñados en una carrera de fondo de metas difusas. Lo contingente acecha, siembra estados de angustia capaces de cambiar el rumbo de una voluntad que no se guía por ideas abstractas sino por motivaciones de escasa relevancia. Y lo mismo ocurre en su última entrega Mi vida querida, donde volvemos a percibir una estética singular en el aliento creativo de la escritora canadiense.
   Ni espacio ni tiempo precisan datos exactos. De esa atemporalidad emerge la geografía de  lo doméstico. Son espacios estrechos para supervivientes que reiteran tareas habituales en intervalos cronológicos en los que apenas cabe la sorpresa. Y, sin embargo, ésta reclama un espacio secreto de la intimidad individual como si fuera materia central de un submundo hermético.
   En los cuentos de Alice Munro cobran un relieve singular los perfiles femeninos, siempre llenos de complejos estados emocionales, en la paciente espera de lo extraordinario. Mujeres, atentas y receptivas, crecen hacia dentro mientras muestran su cansancio ante una realidad manipuladora y llena de cicatrices, que de cuando en cuando se ilumina con una relación personal, con un deseo cumplido, con la calma resolución de un conflicto sin tregua, o con el espejismo de una felicidad que nunca dura demasiado.


           


sábado, 17 de junio de 2017

SIMULACIONES Y MOTIVOS PERSONALES

espuma

SIMULACIONES Y MOTIVOS PERSONALES

Cada náufrago reclama para sí la madera raída.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

Estoy aquí, creo, aunque desconozco la ubicación exacta del aquí.

Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.

Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

Percibo contornos con la precisión ambigua del miope.

Cada día el desconcierto, la indagación sobre una realidad cambiante y fragmentaria.

Con los años el escepticismo muda en benevolencia.

Sucede que regresas cada vez que te nombro.

No sé apaciguar mi obsesión por relojes y calendarios.

En la íntima discordia entre el yo y la nada, tomo partido.

Un nombre propio que acumula letras en minúscula. Nadie, en suma.

Mientras busco, dejo abierta la puerta para el regreso.

            (De  Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)
 
 

 

 

 

viernes, 16 de junio de 2017

LA COLECCIÓN WASABI

Títulos de la colección Wasabi
Takara Ediciones
Dirección:
Rosario Troncoso  y Carmen  Sotillo

SOBRE PULSACIONES

   Hay idearios estéticos que entienden la escritura lírica como un ejercicio de modesta sumisión a funciones verbales, y existen autores que entienden la poesía como un organismo vivo hecho de latidos y pulsaciones, en el que habita un protagonista ficcional que aglutina sedimento vital, emociones y pensamientos y que va mudando en su identidad en el devenir de un tiempo contradictorio. Pertenezco a estos últimos.   Junto a mi trabajo en el aula, ha ido creciendo la literatura. El itinerario creador comienza en 1990 con la publicación del poemario Rotonda con estatuas, un libro intimista cuyos versos reforzaban cierta sensación de desamparo, como si lo real demasiadas veces solo ofertara el tacto frío de la intemperie. Es un motivo recurrente del autor que vuelve a tener presencia en obras como Enemigo leal, Población activa o Causas y efectos; al cabo, la poesía no es sino una forma de aspirar a la verdad, un intento de resolver incertidumbres y obsesiones de la intimidad personal.
   En esta selección propia, acogida bajo el título Pulsaciones, habita una amplia muestra del discurso poético. El balance incorpora, junto a los poemas más representativos de los libros editados entre 1990 y 2013, una compilación de inéditos que pone ante el cristal la poesía de madurez. Recluida en el ahora, la materia del poema se polariza en la distancia que recorren en común sujeto y entorno. Más allá del viaje interior del ser ante el espejo de su existencia, la ventana de las palabras muestra la niebla de lo diario. El poeta no es ajeno a las preocupaciones de un tiempo histórico en el que son caminos hacia ninguna parte los retos de la inmigración –argumento central del poema “Nómadas”- la barbarie del terrorismo fundamentalista – impulso de los versos de “Francotirador”- o el diagrama oblicuo independentista que agrieta, distorsiona y socaba la idea de un país común como espacio múltiple de convivencia – preocupación expresada en poema “España”- y sobre todo la vocación del yo por hacer de los sentimientos una auténtica esperanza. Los años han pasado, pero en el mapa de ruta no han variado las estaciones principales  que corroboran su identidad poética. Antonio Machado, Blas de Otero, Ángel González o Jaime Gil de Biedma, junto a algunos poetas contemporáneos, cuyos reflejos pausados iluminan el taller literario son los pilares básicos sobre los que se levanta Pulsaciones, un libro que se desliza con el ritmo sosegado del diálogo, con la voz de quien sabe que en cada amanecida, bajo la ventana ensombrecida del desgaste y la decepción, hay que empezar de nuevo.