lunes, 22 de diciembre de 2014

ANTONIO DEL CAMINO. PARA SABER DE MÍ.

Para saber de mí
Antonio del Camino
Libros del Consuelo, LF Ediciones
Béjar, 2014


RINCONES DEL YO

  La objetividad del cronista requiere asentamiento distanciado, la búsqueda de un mirador a resguardo para indagar desde lejos, sin tomar parte activa en lo que se cuenta. Desde ese enfoque, el título de este poemario, Para saber de mí, sugiere un verbo confesional, un muestrario de confidencias ante interlocutores receptivos. Así vislumbramos el nuevo libro de Antonio del Camino (Talavera de la Reina, 1955), autor de una obra lírica que aglutina más  media docena de entregas presentes en varias antologías.
  Antes de abordar el discurso poético de Antonio del Camino conviene recordar algunas pautas de su estética que perduran en su forma de entender la escritura. La voz poemática postula un discurso sentimental y emotivo que se acerca con ojos limpios para guardar memoria de los días. Es una lírica de línea clara y textura diáfana, que aborda el intimismo del yo frente a sí mismo para explorar los trazos de la propia identidad. En esta tarea, las palabras encuentran su razón de ser porque la existencia alcanza a través de ellas plenitud y significado. Los versos se convierten en huellas del discurrir, insuflan voz y latidos;  engloban en su semántica un significado plural: hallamos la voz del caminante y el eco del discurrir, la senda  y el espejo: “Hoy, sin embargo, mi caligrafía / insiste en adentrarse en los rincones / silentes del la sed. Así decido / traspasar el umbral de las palabras / y caminar, / para saber de mí”.
   Lo transitorio encuentra en el poema un lugar perdurable, un rincón diáfano en el que se remansa lo vivido. El verbo fortalece la identidad del yo, permite el sondeo en los estratos más profundos de la conciencia y emana hacia la luz como un manantial claro que comparte la sed, mientras aguanta los vaivenes del tiempo.
   Una y otra vez, se multiplican razones para el canto. La escritura deviene búsqueda y esperanza, un trazo marcado en la deriva que permite sumar pasos a una voluntad que preserva el pasado y sondea en el ahora itinerarios no hollados. En ese estar del sujeto en su continuo diálogo con el tiempo, la evocación es una seña de identidad. El rumor del tiempo nunca duerme, vela insomne para mostrarnos los retazos vividos, el ser de la nostalgia.
  Con claridad serena, el verbo de Antonio del Camino pronuncia afectos. Con voces cotidianas y esenciales dibuja las orillas del mañana, ese río del tiempo que nos lleva: “ Así es la vida: en resumidas cuentas, / el bagaje que cabe en la distancia  / que mide el tiempo mientras nos convive / desde que una brumosa madrugada / nos echamos a andar hasta que un día / sin rostro y sin edad el tiempo calla. “

4 comentarios:

  1. Gracias, José Luis, por tus palabras, producto de una lectura atenta y generosa. Hoy, con tu entrada, siento que ya me tocó la lotería.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Querido Antonio, sé como tú que somos ese agua que discurre lenta hacia el atardecer. Tu poesía me encanta porque habla con las mismas palabras que la mía, porque recorre similares itinerarios sentimentales. Un fuerte abrazo.

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    2. Pequeña fe de erratas: "...que mide el tiempo mientras nos convive".

      Otro abrazo.

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    3. Errata corregida. Mi torpeza sigue intacta. Como ves, trabajando conmigo al lado podrás escribir un largo ensayo sobre la paciencia, esa virtud que exige un insomnio a tiempo completo.

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