miércoles, 24 de diciembre de 2014

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. TRADUCTOR.



ANTONIO RIVERO TARAVILLO: TRADUCTOR

  La traducción permite que ninguna lengua sea insular y que se multipliquen los diálogos entre geografías, autores y títulos. Es conocida la perspectiva plural de Antonio Rivero Taravillo, poeta, narrador, ensayista, crítico, director de la revista Estación Poesía y traductor…Esta conversación explora esta última faceta del escritor. 

En la casa de tu escritura hay muchas habitaciones. ¿Alguna quita sitio a las demás?

La que siempre tiene las llaves es la poesía. De ella surge todo y ella entra y sale cuando quiere. Mis primeras traducciones fueron de poesía. Luego he ido ampliando el campo y desde hace años, casi siempre por encargo, también traduzco libros de prosa. Con la escritura de novela he empezado hace solo tres años: es un trabajo muy absorbente, que parece exigir todo el tiempo y atención. Con todo, cuando surge la idea de un poema este interrumpe lo demás. Hasta publicar la biografía de Cernuda, sentía que la labor de traductor oscurecía mis otras “habitaciones”. Lo publicado después ha ido abriendo puertas, y hoy me siento my a gusto tratando de mantener uan casa tan espaciosa. 

En mis manos tengo el libro que me ha sugerido esta entrevista. Tu traducción de los sonetos de W. Shakespeare. ¿Cómo nace esta edición?

Nace en la prehistoria podríamos decir, casi antes de que naciera el propio Shakespeare, me parece. Era yo estudiante de primero de Filología Inglesa, y me topé con un par de sonetos suyos. Me puse a traducirlos de una forma pedestre gracias a la cual me di cuenta de las exigencias del ritmo y de la necesidad de la condensación: no podía hacer líneas de veintitantos versos fofos, sin nervio, para sus pentámetros yámbicos. Puedo asegurar que aprendí a escribir verso castellano traduciéndolo a él. Con el tiempo, y a lo largo de muchos años, fui traduciéndolos hasta completar la serie de 154 (que no todos son sonetos, pero bueno). Tuve la suerte de que Renacimiento se interesara por ellos. Esa es la primera edición. Luego, con algunas modificaciones (siempre buscando mejorarlos) salieron en la colección de bolsillo de Alianza Editorial y, junto con el resto de la poesía del Bardo (Venus y Adonis, La violación de Lucrecia, etc.) posteriormente en la bella edición de la Biblioteca de Literatura Universal bajo la dirección de Luis Alberto de Cuenca.

Mi modelo fue Manuel Mujica Láinez, que para el tercio de los sonetos que llegó a publicar, empleó el endecasílabo blanco. A día de hoy, me sigue pareciendo la mejor solución métrica.

Son muchas tus versiones al castellano; ¿de cuál guardas un mejor recuerdo?

Quizá, de los proyectos que más tiempo me han acompañado, como el de Shakespeare, el de Yeats, o mi antología de poesía gaélica medieval que sacó Gredos: Antiguos poemas irlandeses.

¿Qué autor te ha parecido más complejo, más desajustado entre las dos lenguas?

Naturalmente, los traductores que prestan especial atención al lenguaje, sea en poesía o en prosa. Los irlandeses que escriben en una variante del inglés no son fáciles de traducir al español: pienso ahora en Flann O’Brien o en Jamie O’Neill.

Es un tópico vivo de la discusión literaria, una polaridad inagotable que siempre divide a los traductores: ¿fidelidad al texto y a sus elementos estilísticos, o empeño en  preservar el espíritu de autor?

Preservando el espíritu del autor se defienden los elementos estilísticos y a la postre el texto. Esto es particularmete cierto de la poesía, donde el qué no puede desvincularse del cómo y donde la traducción más “fiel” a lo literal es la más infiel en realidad.

Respiramos un hondo cambio en los formatos literarios por la imposición aplastante de las tecnologías.  Tiempos nuevos de blogs, revistas y  libros digitales, internet… ¿Afecta esta situación a la traducción?

 Afecta en general para una más amplia difusión de todo, pero tiene efectos no deseados como la piratería de libros enteros o al por menor: a menudo me he encontrado una traducción mía sin atribución, como si el autor hubiera publicado directamente en español.
 
También es un tiempo de continua revisón del discurso crítico de la literatura. Aquel aserto de John Donne parece premonitorio: “Todo está en pedazos, se ha perdido toda coherencia”. ¿Percibes como escritor esa sensación de disgregación y agotamiento?

Varios siglos después, Yeats escribió algo parecido en su poema “El segundo advenimiento”, donde se queja de que “todo se desmorona; el centro cede; la anarquía se abate sobre el mundo”. Son versos que me sé de memoria entre otras cosas porque los traduje para la Poesía reunida del irlandés que publicó Pre-Textos. Hace unos años lo habría afirmado yo también. Ahora, sin embargo, soy más consciente de que siempre se está produciendo un cambio gradual de paradigma. Siempre se está creando literatura valiosa, lo difícil es distinguirla en el profuso maremagnum, agudizado por el fenómeno reciente de la eclosión creativa de quienes renuncian a ser buenos lectores de lo ajeno para ser malos escribas de lo propio.

La traducción como  labor creadora, ¿necesita una nueva filosofía o sigue siendo un meridiano fijo en la esfera de lo clásico?

Nunca se ha teorizado tanto sobre la traducción como en el presente pero, como suele decirse, el movimiento se demuestra andando. Lo importante no es la tramoya de los estudios sobre la misma, sino la puesta en práctica de una traducción solvente, que a mí solo me interesa (más allá de las respetables razones pecuniarias) como una prolongación de mi propia creación.

¿Alguna nueva traducción en marcha?

Muchas. De Harold Bloom, Margaret Drabble y James Merrill entre otros. Y quiero volver, cuando tenga una tregua, a “mis” escritores en lengua irlandesa, que me están esperando en el pub y no sé cómo me los voy a encontrar después de tantas pintas.

1 comentario:

  1. Gracias por esta entrada, querido José Luis. No imaginas lo que me interesa el acto de la traducción, sobre todo en poesía, desde luego. Normalmente digo que el traductor es como el poeta sino que a nivel de estos parámetros o estructura: el "traedor". Intentaré dar con toda la obra de Antonio Rivero: todo me llama, Donne, "mi" Shakespeare", por supuesto, y hasta su cita de Manuel Mujica Lainez... en fin, que me siento homenajeada aunque sea por decisión mía con esta valiosa entrada que has hecho :). Muchas gracias, querido José Luis.
    Un abrazo

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