domingo, 23 de abril de 2017

EDUARDO MENDOZA. PREMIO CERVANTES

Eduardo Mendoza
Fofografía de Eldiario.es
Alcalá de Henares, abril de 2017

LA SONRISA DE EDUARDO MENDOZA

En el Día del Libro

   Me gustó la sonrisa de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) en la entrega del Premio Cervantes. Era un gesto de humilde sosiego, el dibujo de un estar perplejo de quien no sabe si lo que sucede alrededor es una sombra platónica o la secuencia de alguna película neorrealista, proyectada en el patio universitario de Alcalá de Henares. Disfruté también con el discurso de recepción, esos papeles que dan razón a Shakespeare, si lo demás es silencio “Sólo es válida la palabra pronunciada”.
   Pero la humildad de quien no es sino un reincidente en el género humorístico se equivoca esta vez. Es un reconocimiento merecido. Hace justicia a un trayecto creador lleno de hitos desde su debut literario en 1975, con la novela La verdad sobre el caso Savolta. Aquel libro, que obtuvo el Premio de la Crítica, trazó un imborrable retrato de Barcelona. Era un marco convulsionado por los conflictos sociales de 1917 y por los contrastes de una sociedad jerarquizada y repleta de personajes caricaturescos. Aquella primera ficción se abría con una cita del Quijote, así que parecía obligatoria la referencia a su perenne relación lectora con la obra cervantina. Fue el cuerpo central de su discurso. Su enfoque  planteó un itinerario por la memoria más que una caracterización crítica sobre la novela de caballería.
  En el aire quedaron la conformidad con el humor de Cervantes, el brumoso infortunio de las Humanidades en el tiempo digital y su parentesco con las habituales derrotas de Don Quijote y con su sabiduría existencial. También la certeza de que vivimos un tiempo incierto de confusión que hay que denunciar sin alarmismos ni pesimismos nocivos y con una advertencia a la egolatría desatada de los escritores que sitúan el Ecuador en sus ombligos: “La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo”
  Después, el escritor recogió el premio, repartió abrazos, soportó con mérito las languideces del sentimentalismo y salió a la calle para celebrar el Día del Libro y seguir siendo el que siempre ha sido: “Eduardo Mendoza, de profesión sus labores”.



   

sábado, 22 de abril de 2017

OTITIS. EFECTOS SECUNDARIOS

Cita previa 



OTITIS

       A Luis Miguel Malo

 El zumbido no cesa.
Es una rasgadura,
una ola que llega
de forma imprevisible,
una pulsión secreta
que dispersa señales
a destiempo.

Acudo al otorrino.
Con gesto relajado
prodiga pormenores,
dictamina las causas.
Me firma complaciente
algún diagnóstico:
trastornos auditivos;
el tímpano anegado
por voces que no existen.

Todo bajo control,
algunos fármacos
y ejercicios sencillos;
paciente aprendizaje
y discernir
las voces y los ecos.

      (De Ninguna parte, Sevilla, 2013)





viernes, 21 de abril de 2017

SERGIO GARCÍA. MIRAR DE REOJO

Mirar de reojoSergio García ClementeCuadernos del Vigía, Aforismos
Granada, 2017

MIRADAS
  
   Las líneas de situación de Sergio García Clemente son conocidas; con su primera entrega aforística Dar que pensar logró el I Premio Internacional José Bergamín de Aforismos. El certamen argumentaba su logro principal: dar a conocer una voz emergente que apenas tenía unos pasos de prometedor recorrido y poemas dispersos en revistas. El premio además dio un toque de atención a algunos especialistas del género, como Manuel Neila y José Luis Trullo Herrera que mostraron el trabajo del escritor en sus antologías.
   No hace mucho la Fundación Mapfre Guanarteme conmemoraba el Día de las Letras Canarias con la edición de un libro dedicado a dos jóvenes creadores: Ramiro Rosón Mesa y Sergio García Clemente, de quien se recuperaba un muestrario de breves titulado Ángulo muerto. Así que el autor canario en plena ebullición es ya  aplicado oficiantes de la nueva hornada.
   Su último trabajo, Mirar de reojo arranca desde una cota destacada. Dejo el rastro inaugural de los tres primeros destellos: “Basta un gesto sensual de la vida para que la tristeza nos sea infiel”, “Cuida las cenizas de tu amor: son las semillas del siguiente”; “Todos somos de carne y hueso, excepto el prójimo”. Teselas así parecen contradecir el título; quien escribe no mira de reojo, con retina declinante y ángulos muertos, sino con la profundidad del mediodía y la lucidez del encuentro con el asombro.
   La provincia cromática del aforismo lleva a menudo un contrapeso de solemnidad que ralentiza el paso; lo sabe bien uno de los aforistas centrales del ahora breve, Ramón Eder que deja la siguiente impresión: “Irónicos, desengañados y lúcidos, los aforismos de Mirar de reojo son certeros y dan que pensar. En este libro hay aforismos memorables (…) “cuando un imbécil te da la espalda te ofrece su mejor cara”  Un juicio que comparto y que no resulta hiperbólico en su definición porque Sergio García Clemente hace del género un expresión intensa de las cualidades de convivencia de nuestro tiempo y  las dota de un carácter narrativo y coloquial.
  Al cabo, una de las justificaciones más reiteradas de la literatura sintética actual es atribuir al aforismo capacidad para leer de modo fragmentario una realidad ambivalente y discontinua que mezcla un panorama ecléctico. En el buen aforismo encontramos una singular conjunción de autobiografía velada, certezas cardinales y restos varios de ceniza y cal sobre esperanzas ilusiones y sueños. La experiencia concreta se trasciende  para transformarse en  estado anímico y en emoción; para distanciarse, Sergio García Clemente recurre a los verbos en plural: hace de su voz un nosotros consentido que añade el contrapeso de la experiencia común: la emoción se objetiva y los hechos se visualizan desde la distancia: “El amor es el mejor lazarillo para nuestra ceguera”, “Detrás de ciertas sonrisas adivinamos los escombros”, “Para algunos tan solo somos el escenario ideal de sus monólogos”…
  Otras veces recurre a la ironía y aliña con sus dedos frescos la masa moldeable de la percepción: “La habilidad más importante de un escritor es utilizar bien la papelera”, “De la luz solo veo sus sombras”, “Tener que darle una buena noticia a un cretino te estropea el día”. De esta forma, la mirada interior se aleja de los espejos del narcisismo para mostrar los rasgos de un sujeto común que es paradigma de normalidad.
 Mirar de reojo nos presenta la vertiente interior de un cultivador maduro, que pugna por aprender las claves del ser con una objetivación verbal concisa y con un innegable punto de poesía que no menoscaba los procedimientos expresivos del aforismo. En su fondo argumental se mezclan sentimiento e intuición, un registro lleno de frescor natural que hace del lenguaje representación y símbolo, gozo lector.

 



jueves, 20 de abril de 2017

EXPLORACIÓN


Dentro.
EXPLORACIÓN

 Con la primera luz contemplo el sueño de las formas. Muestro un gesto de asombro. De nuevo exploro deshabitados itinerarios que conducen hacia ninguna parte. El laberinto tiene algo de humedal, de vida líquida renovada y cambiante.
  Aquí se está bien. A cada paso siento el rumor cercano de la pertenencia. El laberinto es mío; soy su interior.

(De Cuentos diminutos)

miércoles, 19 de abril de 2017

MARCOS MATACANA MARTÍN. POLVO EN EL AIRE

Polvo en el aire
Marcos Matacana Martín
Ilustración de cubierta
Hilario Barrero
Palimpsesto Editorial, Colección de_sastre
Sevilla, 2017
 AUTORRETRATO

   Aunque ha ido sembrando colaboraciones poéticas en revistas digitales e impresas, la biografía literaria de Marcos Matacana Martín (Sevilla, 1973) hace de Polvo en el aire su punto cero. El autor, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla y docente en ejercicio reúne en este volumen un atinado perfil poético.
   La entrega, con ilustración de cubierta del incansable  Hilario Barrero, pone como pórtico unos versos de T. S. Eliot pertenecientes a Four Quartets, texto clásico de la poesía inglesa y uno de los hitos de una poética radical que hace de la subjetividad el último reducto de lo inefable. Pero Marcos Matacana Martín desdibuja de inmediato cualquier especulación sobre su ideario con el poema prologal “Autorretrato”; en él presenta al sujeto verbal con la voz directa de una dicción intimista y comunicativa, que empatiza con el lector a través de un diálogo confesional. El lenguaje se distancia de cualquier hermetismo y solo aspira a enunciar un recorrido biográfico.
   Llama la atención el número de poemas que contiene el libro; de ahí que el autor haya optado por integrar las composiciones en un esquema argumental formado por tres agrupamientos. El primero “A humo de pajas” tiene un arranque diáfano, a partir de aquel verso postrero encontrado en la despedida vital de Machado en Colliure: “Estos días azules y este sol de la infancia”: “Días azules porque nada / de lo que ha ocurrido luego / nos iba a pasar a nosotros” Aquel memorable ejercicio de melancolía que buscaba un reflejo en la esperanza se renueva, como si el tiempo fuese una montaña rusa empeñada en acometer ese nivel dispar de la superficie.
   La palabra propende a la elegía y hace del pasado una estación que espera. En ese remanso el recuerdo tiene mucho de crónica generacional compartida por las identidades, convulsionada por el discurrir brumoso de lo social: “Y eran nuestras vidas / dos vagones que subían lentos / ansiosos por precipitarse / sin comprender ciegos aún / que tras la bajada / vertiginosamente inevitable / esperaba el final / de la noche / de la feria / del verano / del amor / y de la vida”. Cada época vital poco a poco se va convirtiendo en una moldura apagada, en un marco cuarteado que acumula en sus contornos el polvo del olvido en el cristal opaco que diluye la luz y solo contiene un espacio oscuro de irrealidad.
   En ese largo rastro por los calendarios el aprendizaje de los sentidos deja un azaroso patrimonio. El amor se convierte en sustrato fuerte del existir. Es palimpsesto del deseo y depositario de un largo historial de llamadas perdidas y de paraísos desplomados y señales tristes que hablan del desengaño de estar vivos.
   La segunda compilación de poemas llega con un aserto sugerente: “Teoría del compost”. El uso de un término tan mimado por la ecología extiende al paso una analogía con el poema; al cabo la escritura no consiste más que en una operación de reciclado de sentimientos, experiencia y reflexión. y en esa mezcla residual que sirve como fertilizante de nuevos brotes, están fundidas las secuencias del propio yo y los esquejes de semejantes que viven el discurrir de los relojes con las mismas frustraciones y con similares esperanzas de cambio. Al cabo la soledad y el desamparo son telas que se venden en las rebajas de esos grandes almacenes que abren sus puertas a la grisura ambiental de lo diario. Son cuerpos que se encuentran en el mismo lecho de soledad. La felicidad es flor de un día. Todo parece abocado a respirar una fisiología caduca e infectada; hay pesimismo, un aire enrarecido, una conciencia que abre los ojos en la oscuridad.
   El apartado final “Habitaciones de paso” no cambia el marco que muestra en su andar los desajustes y que acepta el rumor cercano del derrumbe. “Quien entra aquí sabe de sobra / que ha fracasado y solo / es cuestión de esperar para ver cómo / la felicidad se va a la mierda / si no se le ha ido antes / por el sumidero de la bragueta / y solo queda entonces /  un consuelo / joder o que te jodan”.
   La poesía de Marcos Matacana Martín podría adscribirse –si se me permite una vez más ese recurso crítico de las etiquetas- al realismo figurativo, a esa lírica enunciativa que destila insatisfacción y que fuerza al lenguaje a mostrarse crítico con el conformismo. Las citas que el autor emplea en sus poemas son muchas y hacen guiños  registros dispares, desde los clásicos grecolatinos a la generación beat, desde Carver a Manuel Vázquez Montalbán, un paratexto complejo del que mana una expresión austera, incómoda a ratos, hecha para negar reflejos idealizados. Versos que recuerdan que cualquier encuentro con la felicidad sucedió en el pasado, en algún sitio que ahora huele a lejía.  



      

martes, 18 de abril de 2017

RUMOR EN EL BOSQUE

Rumor

 EN EL BOSQUE
Con F. Kafka 
 
   Como hojas caducas que cumplieron su ciclo estacional, cada día son más numerosas las bajas en el camping. Los afectados presentan síntomas similares; alguna parte de su epidermis ha sido martirizada por las picaduras de un insecto. Los usuarios más antiguos hablan de los efectos de una maldición, una renovada plaga bíblica por hacer del espacio costero una epidemia de turistas, pero es una simple especulación kafkiana.
   Un escalofrío me dice que tengo algunos datos sobre la verdad. Soy quien debe resolver el enigma. El raro insecto eligió mis sueños como  madriguera.
 

domingo, 16 de abril de 2017

ISABELLA LEARDINI. LA INQUILINA DESCALZA

La inquilina descalza
Isabella Leardini
Traducción de
Juan Carlos Reche y Paola Patrizi
Ediciones de la Isla de Siltolá, Poesía
Sevilla, 2017
LOS ABRAZOS FRUSTRADOS 

   La inquilina descalza se inserta en el concepto de poesía amorosa pero su lírica no percibe el amor como culminación del deseo y como habitable refugio sino como carencia y sentimiento sin recorrido de vuelta. Así lo comenta en su pórtico Milo De Angelis: “El motivo conductor de este libro –excelente debut de una joven  poeta- es el amor no correspondido; es más, ni siquiera percibido por el otro, mantenido en secreto en un espacio de inquietud y fantasía, en una maraña de citas solitarias y paseos nocturnos”. Su autora Isabella Leardini (Rímini, 1978) consiguió con esta colección de poemas el Premio Montale en la sección de inéditos y la propuesta fue publicada dos años después en la editorial Niebo-la vita felice. Desde entonces ha conseguido vender cuatro ediciones y estos poemas han propiciado la inclusión en varias antologías italianas y extranjeras. Con el amparo de esa benevolencia singular ante una primera salida, nos adentramos en el epitelio de una poesía que retorna  a uno de los núcleos de la extensa tradición cultural: el amor.
   En poesía la calidad no está en la invención de rupturas radicales sino en el aporte  renovado, en la mirada de los que supieron imaginar los lugares de siempre con paisajes nuevos. A primera vista, el utillaje verbal de Isabella Leonardi se decanta por una dicción llana que da continuidad a un realismo figurativo. Deja sitio a lo enunciativo y a la sugerencia: “Mi cuerpo abandonado en la cama / al terminar las estaciones / se me sube al estómago, / donde todo nace y se consume, / donde acecha cual tormenta el llanto / y nadie atiende a lo necesario”. Son versos que argumentan la continuidad de un legado romántico e impulsan la construcción de un protagonista verbal desde la proximidad. La existencia diaria muestra su centralidad, hace visible desde una argumentación lógica su superficie emotiva. El poema lírico medita sobre la conciencia individual y avanza con pasos sosegados por una cartografía sentimental donde el deseo gira sobre sí mismo, prodigando inquietud y desconcierto.
   Los argumentos del poema enaltecen la soledad de quien pasa con un misterio entre las manos que nadie conoce. EL sujeto asiste a una representación privada donde el escenario está habitado por un único personaje. Sin embargo el yo mantiene su esperanza, tiende puentes cansados para otras tentativas y nunca acata su derrota: “Una trama de retornos ha unido / mis ganas de no reír esta noche / y el amarte siempre / con antelación o retraso”
   Comentaba al inicio el acuerdo del público con esta amanecida de Isabella Leardini. Las claves del mérito poético de la inquilina descalza está en el trazo limpio de una historia cuidadosamente construida, en el empleo de un registro hablado abierto a la experiencia y en esa estela de quien se sitúa con humildad en el centro del poema a ras de tierra mientras soporta el frío de un abrazo frustrado.
 
 


viernes, 14 de abril de 2017

jueves, 13 de abril de 2017

ANTONIO DEL CAMINO. PASO A PASO, LA VIDA

Paso a paso, la vida
Antonio del Camino
LF Ediciones
Béjar, Salamanca, 2017

 MAPA BIOGRÁFICO

    La existencia es el campo de pruebas de lo contingente. Sus recorridos se definen al paso y trazan un discurso sobre una línea provisional y cautelosa que obliga al sujeto a una sostenida introspección. Nace así la poesía meditativa como firme voluntad de exploración De esta senda de la conciencia individual se nutre Paso a paso la vida, décimo segundo poemario de Antonio del Camino (Talavera de la Reina, Toledo, 1955).
   En su atinada nota de solapa el poeta y aforista Elías Moro verbaliza algunas cualidades del habla poética de Antonio del Camino. Identifica como rasgos de su quehacer el sabio manejo de la disciplina formal, su conocimiento del andamiaje clásico y la equidistancia entre emoción y pensamiento al sondear la intemperie discursiva de la temporalidad.
 El poeta tiene claro su lugar en el territorio del lenguaje. No duda en abrir su libro con una poética aseverativa. Lejos de la lírica encriptada y de la construcción babélica esgrime una voz humanista y racional desde el singular de la primera persona: “ Escribir con la sobria belleza del olivo, / con esa claridad que nos regala / el sol cuando amanece, / con la granada fuerza de la espiga, / lejos de pirotecnias y artificios “.
  Con esa sencillez natural de casa sosegada se va definiendo en el río argumental los trazos personales de un sujeto moral y las turbaciones de su discurrir existencial.con la estela de apuntes que contienen  “huellas, voces y memoria / de aquel que conmigo va”. Son parcos detalles que iluminan las oquedades del presente y actualizan los escenarios de la memoria. El poeta es una identidad en diálogo con las sucesivas mutaciones del ser y con los ecos de un lenguaje que reconstruye su permanencia en el tiempo.
   En ese  afán de lo diario están los lugares que han puesto a resguardo las secuencias biográficas que aportaron los paréntesis vitales. Los días de infancia están enlazados con itinerarios por las calles de la ciudad de siempre que encuentran en los versos de “Mi ciudad” un emotivo homenaje. Frente al marco solemne de una arquitectura única y desplegada en la historia o frente al cosmopolitismo de las macrociudades donde convergen mercados y turismo, está la ciudad propia, habitable y humilde, hecha a la medida del hombre que hace de sus callejas un reducto sentimental. En ese lugar del afecto cobran relieve esas presencias que copan la totalidad ética del sujeto: el amor, la figura paterna o el horizonte discursivo de la propia identidad conforman un patrimonio persuasivo que da sentido al ser.   En Paso a paso, la vida el lenguaje deviene experiencia interior; las palabras conforman el frágil argumento de sueños y trabajos que adquieren en el tiempo un itinerario cumplido, que crean con su voz la incitación persuasiva del futuro lector.  
 
    

 

 

miércoles, 12 de abril de 2017

LECTORES. MIS SEMEJANTES, MIS AMIGOS

Lanzar una botella

LECTORES. MIS SEMEJANTES, MIS AMIGOS
Este empeño tenaz de renovar los contenidos del blog casi a diario solo tiene sentido si en el azul limpio de esta casa virtual sobrevuela el reflejo de un lector ideal, una identidad activa que completa el proceso comunicativo. Soy un escritor afortunado. Desde la amanecida de “Puentes de papel” se han ido sumando a su recorrido paseantes digitales, lectores, curiosos y seguidores en una proporción que mi optimismo nunca sospechó. El blog sobrepasa el medio millón de visitas, una estadística insólita a mi entender, para una bitácora de poesía, crítica y narración Así que dejo que tome la palabra la gratitud y empleo el idioma común de los afectos para enviar un abrazo a tantos lectores, a tantos amigos de cuyo nombre sí quiero acordarme por la vitalidad de su cercanía y por la energía de sus comentarios. Sin ellos, cada entrada sería un mapa de palabras, una botella enterrada en la arena, un eclipse total.
 
 

 


lunes, 10 de abril de 2017

ARENA ENTRE LOS DEDOS

Lugares de arena

ARENA ENTRE LOS DEDOS

Enrolados en la gastronomía, los sentimientos compasivos duran segundos.

Los prudentes cobijan la indulgencia de los imprudentes.

Hay mundos que simular ser granos de arena.

Para comerciar con sus consejos posteriores, les gusta estancar los problemas.

Las verdades con sobrepeso se sostienen mal y causan problemas circulatorios en los razonamientos.

Me asusta el desmesurado crecimiento de mi urbanismo. Cada día son más las veces que digo sí cuando pienso no.

Confunde el mal gesto y la superioridad ética. Y hay que buscar un cuarto libre para minimizar las dos cosas.

 


sábado, 8 de abril de 2017

EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges

EL BIÓGRAFO DE BORGES


   Labró durante diez años una minuciosa biografía de Jorge Luis Borges. Mientras alentó el proceso, se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos y afectos. Día a día, consultó ensayos, cuentos, ediciones conmemorativas, reseñas y panegíricos circunstanciales que glosaban el periplo exitoso. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra y descansó.
  Nunca más refugió su tiempo bajo el techo de tinta de aquel libro. Ignoró siempre que contenía una errata paradójica. Trastocó fechas; anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus que no hubiese disgustado al mismo Borges.

                                                     (De Cuentos diminutos)


viernes, 7 de abril de 2017

JORGE BARCO INGELMO. RITMO LATINO

Ritmo latino
Jorge Barco Ingelmo
XVPremio Emilio Alarcos
Visor, Madrid, 2017

EL SOPOR DEL SPLEEN

   Nacido en Salamanca en 1977 y perteneciente por las fechas de publicación de sus poemarios a la generación digital que inaugura el nuevo milenio, Jorge Barco Ingelmo  comienza senda con el libro Algún día llegaremos a la luna, aparecido en 2008. Tres años más tarde firma un poemario de título sugerente, Vivimos encerrados en burbujas transparentes. Y tras ganar el XV Premio Alarcos de poesía ubica en los estantes una nueva entrega, Ritmo latino. Son muestras de un itinerario pautado que impulsa una mirada introspectiva y una crónica del ahora, como si fuesen fotografías con exceso de luz, secuencias diluidas por el escepticismo existencial.
  La apertura textual con cinco citas parece reafirmar una tradición dispar y heterodoxa; cada escritura muestra sus referentes con la calidez del homenaje a las raíces. También asume que la propia voz es un material moldeable y repleto de sustratos diversos. Ahí están Georges Bizet, Mateo, Billie Jean King y Carlos Boyero. Mucha gente.
  Pero el culturalismo de púlpito desaparece de inmediato al adentrarnos en la entrega. La voz verbal de Jorge Barco Ingelmoemplea el tono natural de un coloquialismo que busca un escenario dialogal. Y en ese marco, se empeña en comentar las imágenes de lo cotidiano con su estela de fugacidad transitoria, con su vestimenta de moda de temporada y el espíritu gregario del sedentarismo asimilado: “Sin embargo me dices que eso se llama moda / y que la gente cambia según se va llevando. / No juzgan, solo siguen los preceptos ajenos. / Toca el flautista y todos van detrás”
  Esa crítica al inadvertido acoplamiento en la mansedumbre de lo diario también se enmarca en el propio espejo. En su pulida superficie está la mirada del joven poeta persuadiendo a la confianza del editor, con el léxico displicente de un comercial que busca colocar su producto en el mercado, subrayando especulaciones y bonanzas. En el poema crece la ironía hasta el sarcasmo y convierte al lenguaje en parodia: el poeta cualquiera no busca la verdad y la belleza, ni tiene la pupila ideal de quien mira la amanecida con un esteticismo idealizado; es un ser vulgar, un correcaminos ofuscado por llegar al cuerpo de letra de la imprenta. Es una manera de calcular el peso lapidario de lo real, Ese "colegueo" también presente en otros poemas que glosan el pragmatismo del ahora y su empeño en conseguir la plaza fija y ahuyentar el trabajo precario.
  La mirada crítica acompaña con frecuencia las horas del protagonista. Y es la ironía su mejor estrategia expresiva. Escueta y lúcida, con la fuerza tenaz de un aforismo, así aparece en “Estado de gracia”: “Hay banqueros tan pobres / que tienen que comer / el caviar con las manos”. De nuevo encuentra formulación propicia en “Reminiscencias”: “Aunque no lo parezca / y ya nadie se acuerde, / nosotros un día, /  hace no tanto tiempo / fuimos futuro”. También lo percibimos en “Pantomima” cuyo hilo argumental es el epitelio que recubre la vida social, donde parece obligatorio disfrutar de una felicidad por decreto.
   En el espacio poético contemporáneo, el clima social ha propiciado el uso de aportes poéticos como la ironía, la crítica o ese humor cervantino que confunde realidad e imaginación. Son claves de nuestro ahora que  amanecen en el dormitorio del poeta y exigen abrir ventanas para que inunde la habitación el aire fresco de la calle, un ritmo latino que proviene de cualquier radio puesta en el patio trasero, o de las clases de zumba de un gimnasio cercano. Jorge Barco Ingelmo supera el spleen con la media verónica de lo paradójico; convierte sus versos en eficaz expresión de un tiempo a medio construir, que vuelve sus ojos a la fronda elegíaca del pasado porque no confía mucho en un porvenir que siempre llega tarde.   


jueves, 6 de abril de 2017

SOLO UN DESEO

Alcazaba de Trujillo, Cáceres
(Abril, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


DESEO

                                                      Ojos que a la luz se abrieron
                                                               ANTONIO MACHADO

Y cada día
que un sol limpio caliente;
luz habitable.




miércoles, 5 de abril de 2017

LA CRÍTICA VALORATIVA

Regreso al pupitre

LA CRÍTICA VALORATIVA

La moral del escritor no está en sus temas
 ni en sus propósitos
sino en su conducta frente al lenguaje

OCTAVIO PAZ

   Durante cuatro décadas, casi,  formó parte de mi tarea docente la valoración del aprovechamiento académico de los alumnos. Así crecían con aire de objetividad y sentencia los largos inventarios de notas, ese trajín de exitosos sobresalientes, notables a celebrar, bienes equitativos, suficientes raspones e insuficientes con pasaporte de regreso en septiembre.   
   Más humilde, el ejercicio crítico dedica su fuerza expresiva a dar cuenta pública del gusto lector. Nace así la opinión impresionista, que trasmite las sensaciones personales y el diálogo interno con los libros, o la crítica académica, más minuciosa en los rastreos, empeñada en explorar la arquitectura literaria al completo con su inventario de materiales, grúas y poleas.
   Queda por dar forma a la crítica valorativa; es volver al pupitre, un gesto que tiene algo de voluntad testamentaria y trébol de cuatro hojas; por eso merma tanto su práctica en mi blog, porque me parece un tanto cáustico establecer líneas divisorias entre si y no. Nunca lo pasé bien dividiendo a mis alumnos entre apto y no apto. Y no quiero sentir esa conmoción en la poesía. Prefiero hablar de impresiones lectoras y de los buenos libros que me gustan. Lo demás es silencio.   




martes, 4 de abril de 2017

JOSÉ MARÍA CUMBREÑO. EDICIONES LILIPUTIENSES

Novedades de Ediciones Liliputienses
(Un regalo de José María Cumbreño)

MAPA POÉTICO DE LILIPUT

  Todo encuentro es el relato de una confirmación y el manifiesto vitalista de nuevas incertidumbres. Así que tenía ganas de coincidir sin horarios con José María Cumbreño, poeta, impulsor de Ediciones Liliputienses y persistente convocante de “Centrifugados”, encuentro anual de literatura periférica (aunque el término es aleatorio y nunca se sabe dónde está el centro y dónde las afueras, porque con permiso de Jaime Gil de Biedma y de Pablo García Casado “estar en las afueras también es estar dentro”).
   Un viaje personal a Cáceres para participar en la Feria del Libro de Trujillo me concedió la oportunidad de la cita pactada y una tarde de amistad y poesía que paso a describir sin más esgrimas caligráficas que la gratitud y el afecto. Tras el paseo urbano por la ciudad y su casco antiguo, con despliegue de historia y vida, el poeta sacó de la chistera de la generosidad más de una decena de libros de poesía que puso en mis manos con la sonrisa de quien dice: disfruta sin más. Y mi silencio perplejo fue sumando datos de ediciones recientes y aprendiendo la orografía lírica de Liliput. Está llena de vértices y núcleos porque José María Cumbreño se ha propuesto saltar al otro lado del castellano para unir en su editorial autores relevantes como Eduardo Chirinos, Marcelo Díaz u Omar Pimienta, con casi recién llegados como Daiana Henderson o Valeria Román Marroquín que todavía no cumple los veinte años. Son salidas no reductivas; en la cartografía liliputiense también hay plaza para realidades de nuestro entorno, como Juan Carlos Mestre, Elías Moro, Pablo Fidalgo Lareo o Miriam Reyes.  Títulos y autores que dieron para una jugosa conversación sobre el panorama creador y sus líneas de fuerza, mientras se calentaba la cerveza y se quedaba frío el té con limón.
   José María Cumbreño tiene una percepción profunda del momento literario actual; sabe seleccionar aperturas, derivaciones y descubrimientos sin la imposición de un restrictivo canon estético. Los que están son y escriben.
  Solo me queda ahora ir conociendo estas novedades con el gesto tenaz del lector que busca ángulos abiertos. Y lo haré. Ya despliego sobre mi mesa de trabajo la claridad festiva del verano, un resplandor de tinta.

   

lunes, 3 de abril de 2017

JUAN DE DIOS GARCÍA. UN FOTÓGRAFO CIEGO

Un fotógrafo ciegoJuan de Dios García
Editorial Balduque S. L.,
Cartagena, 2o17

EL MITO DE SÍSIFO


   Los dos primeros poemarios de Juan de Dios García  (Cartagena, 1975) -la carta de presentación Nómada y su segundo paso Ártico- singularizaban un taller de escritura reconocible.  Componían un marco imaginativo que hilvanaba con los materiales del realismo una crónica del ahora; los versos trazaban su caligrafía desde la introspección irónica, con el tono natural de un sondeo coloquial. Al poeta, profesor y codirector junto a Ángel Luis Gómez Espada de la revista digital El Coloquio de los perros no le gustan nada las aceras grimosas de la solemnidad; en cambio se siente cómodo en la interpelación colectiva que busca el angosto sentido de la vida al paso. Para Juan de Dios García, escribir es entender; formular en sus horarios más preguntas que certezas, buscar el doble fondo de un transitar con itinerarios complejos.
   Esa sensibilidad expresada en el primer tramo de su itinerario creador, en el que junto a los dos libros citados hay que incluir varias plaquettes, cede su idea poética a la nueva entrega Un fotógrafo ciego, cuidada con mimo por la artesanía editorial de Balduque. Tal vez sea una coincidencia sin más, pero a muchos lectores el título les recordará la narrativa de Gesualdo Bufalino. En aquella novela el escritor siciliano inventaba un protagonista empeñado en ser espectador, actor y cronista de una representación moral y metafísica. Y ese enfoque argumental también recubre el epitelio lírico de Juan de Dios García.
   En Un fotógrafo ciego hay una clara apuesta por sacar hilvanes al mito de Sísifo, a esa voluntad empeñada en  hallar sentido a lo existencial. La vida diaria es un cúmulo de hábitos rutinarios que reiteramos desde la inercia; hasta que un día el ser dubitativo se sienta sobre la lógica y sondea cual es el sentido de sus actos sin recurrir al telón sublime de la trascendencia. De esa capacidad de aceptación propia, cuando el yo se hace consciente de su circunstancia, nace la idea de sentar en la mesa al absurdo como un invitado más en la cartografía del discurrir, así que no queda más remedio que buscar la luz desde el rincón opaco de un fotógrafo ciego.
   La poesía de Juan de Dios García tiene un fuerte sentido aforístico. Así se percibe desde el amanecer de su entrega. Leemos en “Política”: “La rama terminó por someterse / a la fuerza del viento. / Ni siquiera causó miedo el primer crujido”. En su desnudez el poema traza un amplio campo de reflexión. Y esta cualidad de ampliar las sendas meditativas con mínimos elementos de erudición conforma el ángulo abierto del poeta. Pero no se monopoliza la estrategia. Queda sitio también para el poema más narrativo que se desarrolla como un largo fotograma vivencial. De este tipo hay excelentes ejemplos como el poema “Hipo”, uno de los mejores del poemario. En él encontramos una voz intimista que clarifica el propio devenir con su vislumbre de sombras y obsesiones.
  El filósofo Rafael Argullol en su libro “El cazador de instantes” ya ensayó una respuesta sobre la travesía existencial: “la libertad es saber existir sin que un fin determine nuestra existencia”. De esa libertad de aceptar el presente como hablan también los poemas de Un fotógrafo ciego. Juan de Dios García rescata esas vivencias que invitan a pensar, reconstruye el pasado y hace de la grisura cotidiana contenido verbal. Así lo corrobora el cierre mágico del poema “Autorretrato”: Se me hace necesario el arte del insomnio, / un fotógrafo ciego me dispara. / Vivo en una península, / guardo una ciudad entera en mi cabeza / y siempre tengo sed”.

                                       

domingo, 2 de abril de 2017

AFORISMOS DE REGRESO

Aprendo a ver el bosque


AFORISMOS  DE REGRESO

A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no.

Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje.

Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura.

La realidad tiene signos secretos.

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

Me gustan las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño.

Esa manía de la memoria de revisar apuntes atrasados.

Siempre que concluyo un libro, firmo con la escritura discreta del aprendizaje.

La verdad no es un área reservada para soledades ariscas.

Cuando avanzo hacia ti te desvaneces.

Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno.

Un porte sólido. De fantasma.

Cuando tenía veinte años, Jaime Gil de Biedma no era un poeta cualquiera. Era el poeta.

La biblioteca, ese amplio gremio de deudas contraídas.

Conspiración entre sustantivos comunes, verbos fríos y adjetivos ecuánimes.

Nombres propios que ya no recuerdo; el final de una biografía deja sitio para mucho olvido.