lunes, 2 de octubre de 2017

LUIS TULSA. LAS PESADILLAS DE UN ARTISTA DEL SIGLO XXI

Las pesadillas de un artista
del siglo XXI
Luis Tulsa
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2017

INSISTENCIAS DEL YO


   Es el punto cero; el itinerario poético de Luis Tulsa (Valparaíso, Chile, 1993, graduado en  Filología Hispánica por la Universidad de Madrid comienza con Las pesadillas de un artista del siglo XXI. Es un poemario de una longitud inusual y título irónico que arranca de inmediato, sin citas de relumbre ni introitos amicales, con la prisa firme de una voz desbordada que no esconde una tendencia natural al prosaísmo y una ubicación sentimental en el mapa urbano del ahora, con sus calendarios previsibles y sus esquinas de desolación.
   La voz de Luis Tulsa podría ser –si se permite la convención de entrada- el monólogo fragmentado de una crónica de urgencia que hace del yo el testigo implicado que sale a descubierta. Explica sin más qué elementos y sensaciones se suman aleatorias a los sentidos y al espejo oxidado de la reflexión. El poema inicial concede al artista una condición precaria: quien habla es el sujeto apaleado que en todos los ángulos de la realidad recibe el trato menesteroso de un perro abandonado, de un inmigrante, de un ser anónimo que hace de la carencia su único vestido. La palabra entonces se convierte en testimonio de un jardín inhabitable como un cuadro renacido en las pupilas de El Bosco. La poesía no es más que catarsis, no el pasaporte al arte y la estética que concede a quien lo practica la condición aristocrática de un portador de la belleza: Ser en el poema es mostrar la cabeza apaleada.
   Quien se asoma al poema exige una comprensión de lo real también en sus parámetros de absurdo, desolación y malditismo. El sujeto se apresta a pasar su particular temporada en el infierno al lado del feísmo, incidiendo en actitudes que ridiculizan la normalidad como coordenada del conformismo. El protagonista verbal es el reverso del ciudadano integrado; está ahí para quebrar la norma, para hacer de su literatura estridencia y mácula, aunque para ello tenga que negar al crítico o buscar sitio en los rincones zafios.
  Es sabido que cada poeta que arranca senda busca la sombra de una genealogía y a medida que se avanza entre las páginas de Las pesadillas de un artista del siglo XXI se van haciendo más evidentes las afinidades o los ecos de otros poemas como es el caso de  “No vales para nada” que recupera uno de los más memorables poemas de José Agustín Goytisolo, una de las voces esenciales del medio siglo por su empleo de la ironía y por su poesía cívica y comprometida con la denuncia de una realidad social cariacontecida.
  De esa ironía se vale Luis Tulsa para caricaturizar a los intelectuales que esconden tras su solemne erudición mensajes de humo y conformismo. Pero este rechazo de la infantería intelectual puede llamar a engaño. Aunque Tulsa escribe un libro sobrio en su lenguaje que emplea expresiones coloquiales y vulgarismos, constatamos múltiples referencias eruditas que reivindican la pasión por las bibliotecas y el sustrato literario que entrelazan los versos; por tanto hay plena confianza en la capacidad sugeridora y metafórica de las palabras.
   Sobresale en el avance argumental del libro el recurso de la autonominación. El yo biográfico busca sitio en el poema. El rasgo estilístico ha tenido amplio cultivo en la tradición –Unamuno, Dámaso Alonso, Hierro, Blas de Otero, Ángel González…- y sigue cultivándose en la poesía reciente. Un cultivador insistente de la exaltación del yo es Manuel Vilas, cuyo magisterio en esta primera entrega de Luis Tulsa parece evidente.
  Sé que la poesía más joven no es el desierto dilatado que algunos suponen. Hay en su espacio temporal muchos nombres y cada uno acumula inevitables y provechosas peculiaridades. Luis Tulsa pertenece por edad a los nietos digitales de Poe y Baudelaire. Afronta la derrota diaria con birras, porros, rayas y algo de sexo –un vecino ejemplar, pongo por caso- pero este malditismo de periferia propaga una saludable fuerza expresiva. En ella convive el verbo derramado nerudiano y la invitación al derrumbe de Cernuda en “Bird in the night”;  muestra una realidad vivida como sombra y como huida. No queda sino refugiarse bajo el paraguas del lenguaje con la escueta compañía de las palabras y un poco de humor, hecho de mondaduras y algunas pesadillas.



    

2 comentarios:

  1. El malditismo como enfermedad ¿infantil? ¿senil? de la poesía tiene, ahora y siempre, un enorme atractivo entre la juventud. El extrañamiento, la marginalidad, los suburbios, la "nieve", lo subterráneo. Aquel Fernando Merlo de "Estos cauces que ves amoratados..." A veces acude como realidad, a veces como pose.
    No he leído Luis.

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    1. Querido Paco, que alegría recuperar tus palabras en estos puentes de papel. es cierto que la escritura más temprana tiene una tendencia natural al malditismo, como nuestra poesía de madurez tiende a la reflexión y a la elegía. Pero el debut literario de Luis Tulsa es un paso al frente sólido y perdurable. Te encantará. Un fuerte abrazo.

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