viernes, 13 de octubre de 2017

SANDRA SÁNCHEZ. UNA MANZANA EN LA NEVERA

Una manzana en la nevera
Sandra Sánchez
Prólogo de Pablo A. García Malmierca
Piediciones, 2017 

AMANECIDA

  La aventura vital que ofrenda a la identidad es el material de trabajo de Una manzana en la nevera, el libro de amanecida de Sandra Sánchez (Oviedo, 1971). La autora no es una desconocida para muchos lectores. En su bitácora Letricidios premeditados ha ido adelantando una voluntad firme de conjugar la creación literaria con facetas diversas como el haiku, el aforismo, la reseña o los microrrelatos. Son frutos al paso que cosechan diferentes reconocimientos en concursos y certámenes y que han propiciado algunas publicaciones colectivas.
  La introducción de Pablo A. García Malmierca ajusta el enfoque de contexto de Una manzana en la nevera recuperando una de esas cuestiones bizantinas irresolubles: la existencia o no de una poesía femenina que busca su normalización presencial en antologías de género; pero más allá de la necesaria simetría de autores en cualquier selección representativa, lo que realmente importa recorrer es la sensibilidad de base del poemario, su apuesta por trazar unas líneas necesarias que aporten un mayor conocimiento del sujeto verbal y de sus conexiones con un entorno temporal; el poema requiere búsqueda y conocimiento a través de la expresión directa de sus vivencias y de su estar temporal en el ahora. Acierta el prólogo cuando define la voz de Sandra Sánchez como una “poesía desnuda, descarnada en muchas ocasiones, que toca el lenguaje directo en algunos aforismos, un discurso que busca la verdad”.
  El abundante material de biblioteca que la poeta pone en el umbral de sus versos es sobre todo una advertencia al lector: esos poemas aparentemente desnudos, sin la hojarasca retórica del aderezo metafórico, no nacen de la nada. Siguen huellas de otros que al cabo de los años han permitido moldear el modo de expresión que elige el buen verso. Esa es la razón de ser de las citas de Lewis Carroll, Alejandra Pizarnik, Gloria Fuertes o Marguerite Yourcenar.
  El hilo argumental se manifiesta con claridad de mediodía: Sandra Sánchez escribe un libro de amor; son poemas regidos por los sentimientos que nunca abandonan el barco de la poesía confesional. La materia textual se convierte, de este modo, en una celebración del otro como puerta de la realidad y sus posibles contradicciones. El sujeto condensa sus esfuerzos expresivos en encauzar un discurso intimista que solo requiere el golpe firme sobre la mesa de unas pocas palabras: “He comprado un corazón / y lo he armado con paciencia. / Me lo quedo, venía roto”. Así, con ese deje natural que parece nacido del lenguaje coloquial, quien nos habla se dispone a leer el mundo de los sentimientos y va construyendo una red afectiva en la que se siente atrapada, como si la voluntad necesitase madurar a resguardo en manos de un discurrir temporal que no regresa; esa incertidumbre del ser en la cronología encuentra nítida expresión en el poema “Cuánto”: “ Si hubo un día una raíz que buscó / agua y alimento / ¿Qué fue de esa primera razón / para existir?”, el tema permanece en otras composiciones como “Un día abrí los ojos” donde el largo inventario de indicios personales se va desvaneciendo en el callado azogue del espejo.
  La escritura como reflexión que adopta el pensamiento del sujeto en las palabras da pie a poemas como “Aprendiz” y “Deliriums Tremens” en los que un figurante escindido de si mismo se percibe como oficiante diario del rito de la escritura, acaso para recuperar la vibración y el sentido tras la erosión continua de los días, o para configurar los rincones ocultos de la propia identidad en los que se asientan deseos, recuerdos y contraluces que dan fe de la dimensión cambiante del yo.
  Pero la poesía de Sandra Sánchez se mueve por las leyes físicas de la introspección y en ellas se sugieren como campos de fuerza de lo cotidiano el amor, el deseo, y el empeño en ser a través del otro, como si la existencia no fuera posible sin alguien en el piso de al lado que requiere una disposición continua para el laboreo más elemental, para sacudir el felpudo del polco acumulado de la intemperie, o para bajar al contenedor de reciclaje las bolsas de basura.
 Una manzana en la nevera es un libro fresco, con la temperatura regulada por un uso de recursos expresivos como los juegos de palabras, la ironía o la intertextualidad de un culturalismo mitigado que nunca barniza el ser figurativo del poema. En él encuentran acomodo los resquicios de la memoria y la corteza agrietada de la intimidad que necesita siempre una ventana abierta a la esperanza, un frigorífico con la manzana del paraíso dispuesta a ser el postre del ahora.  

14 comentarios:

  1. Agradecida por tu reseña José Luis. Es toda una sorpresa para mí, además de un lujo, el estar reseñada en tu blog.
    Me quedo con tu afecto y con tus palabras, y lo guardo todo como oro en paño.
    Feliz día y un fuerte abrazo,
    Sandra.

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    1. Un privilegio adentrarme en tu poesía, querida amiga, un paso más en nuestra senda de afectos y en nuestra forma de entender el mundo. Que tus manzanas tengan muchas manos dispuestas disfrutar de su pulpa emotiva...Besos.

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    2. Gracias siempre por tus buenos deseos José Luis.
      Besos!

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  2. Muchas gracias también desde la editorial por tu magnífico análisis.
    Saludos

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    1. Un abrazo entrañable y mucha suerte en el proyecto; nunca es fácil apostar por nombres nuevos, así que no queda sino desear que el catálogo de PiEdiciones siga creciendo sólido y lleno de interés. Feliz jornada.

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  3. Tengo el libro entre mis manos y por lo que he leido hasta ahora me parece una muy buena reseña la que haces. Un saludo José Luis.

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    1. Gracias y una verdadera alegría encontrar tu opinión en estos puentes de papel; así que solo queda darte la bienvenida y desear un futuro común de amistad y libros. la poesía de Sandra Sánchez es fresca y habitable, pulpa jugosa que mete la poesía en la cocina. Y eso es bueno; la transcendencia asusta... Feliz día.

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    2. Vengo con otro perfil, quizás este si lo reconozcas, a darte las gracias por pasarte por Ángulos y comentar.
      Feliz día tambien para ti.

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    3. Muchísimas gracias a los dos José Luis y Chelo. Os deseo a ambos una feliz semana.
      Un abrazo fuerte,
      Sandra.

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    4. Gracias a ti poeta, por dejarnos en la mano la fruta del poema, la amistad que hace de cada senda un espacio para compartir. Un fuerte abrazo.

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  4. Vengo de nuevo a presentarte mi blog Leo y Comento   en el que publican varios autores y a pedirte permiso para publicar en él esta reseña. Ya me dirás

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    1. Pues sería un privilegio, querida amiga; me parece una iniciativa estupenda, así que encantado de que esta mirada crítica te parezca válida y se difunda. Un fuerte abrazo agradecido.

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    1. Gracias, Chelo, por tu interés y por buscar sitio en el ahora a la poesía de Sandra. Su primer libro merece la pena... Abrazos.

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