miércoles, 13 de diciembre de 2017

LA NIEBLA

Contorno urbano
(Campo Soto Stefano (Venezia)
Archivo PxHere


LA NIEBLA

                      A Marina Gasparini Lagrange,
                   que vivió en Venezia tantos años 


Como una araña gris se ha descolgado
y a su cita nocturna me convoco.
Su seducción estriba en la manera
de corregir el limite y la forma:
disimula edificios,
suspende ventanales de la nada,
dibuja en las esquinas sobresaltos,
con la fuente del parque
juega a los detectives,
hace de añejas calles laberintos
y aún tiene tiempo para la ironía
y contradice
a los que por costumbre
suelen ver todo claro.

    (De Población activa, Gijón, 1993)


martes, 12 de diciembre de 2017

JOSE LUIS MORANTE. MEJORES DÍAS

Mejores días
José Luis Morante
Ediciones de la Luna Libros, Aforismos
Mérida, 2009


                                     UN MODO DE RESPIRAR


    En esta muestra aforística, Mejores días, he optado por el ordenamiento cronológico frente al temático para subrayar la autonomía textual. Es el hilo continuo de los días el que ha puesto su orden natural. A esa independencia alude también el título. El aforismo imita a un paseante; callejea, pero no se dirige a ninguna parte concreta; cambia de dirección como si su voluntad obedeciera a una brújula de ocurrencias.
  El desorden implica una pluralidad de motivos; apunta a la relación entre vida y escritura. Describe un contexto histórico que aporta referencias y establece climas emocionales. Las preocupaciones son diversas; queda patente cómo el interés fluctúa y cómo el entorno enriquece nuestra mirada. El aforismo particulariza sobre ética, sociedad, sentimientos o literatura porque “nada de lo humano le es ajeno”.
   El estilo conciso marca también huellas afectivas que deben sortear los obstáculos pasajeros con los que nuestras incursiones tropiezan. Viajamos hacia los rincones de la conciencia: Desde allí vislumbramos las posiciones que dan carácter al lenguaje: los pensamientos sugieren explicaciones, aunque sean humildes o parciales, aunque especulen con los significados.
  La cortedad en el decir exige la máxima tensión; la realización verbal parte del principio de economía y del rechazo de elementos aleatorios. Eso no anula una intensa carga poética.
  El suplicio de las moscas, un libro de Elias Canetti, es uno de los títulos que cuentan como impulso inicial hacia el género. Antes de su lectura, el aforismo tenía para mí un perfil de estatua: hierático y grave. Canetti fue un escritor prolífico, rellenó muchas páginas con aforismos, relatos mínimos y ensayos breves, que articulaban su pensamiento y expresaban el “modo de respirar” frente a la realidad cotidiana. Dos selecciones del Nobel búlgaro me han acompañado estos años, La provincia del hombre y El corazón secreto del reloj. He compartido su lectura con los aforismos de Lichtenberg, quien me proporcionó uno de esos principios vertebradores que nunca envejecen: “buscamos en la lejanía causas que suelen estar muy cerca, en nosotros mismos”. De Lichtenberg también es esa preferencia por una sensibilidad lingüística alejada del retoricismo y la preferencia por lo pequeño.
Esta búsqueda que nos concede un poco de luz es la que abre de manera directa las ventanas del conocimiento.
El aforismo es música, el último acorde que clausura una pieza.





                                                                         

lunes, 11 de diciembre de 2017

LUIS ARTIGUE. LA ÉTICA DEL FRAGMENTO

La ética del fragmento
Luis Artigue
Pre-Textos, Poesía
Valencia, 2017


LA ÉTICA DEL FRAGMENTO

   El taller de Luis Artigue (León, 1974) cultiva facetas convergentes como la ficción narrativa, la poesía y la crítica. Son rasgos complementarios que hacen recordar aquella magnífica aportación reflexiva de Octavio Paz: “La moral del escritor no está en sus temas ni en sus propósitos, sino en su conducta frente al lenguaje”. Lejos de un figurativismo asentado en la inercia, en el leonés queda claro desde su amanecida que en su estela literaria hay una terca voluntad de estilo, una personalización expresiva que tiende a sondear las bifurcaciones de la palabra.
 La ética del fragmento aporta en su semántica un guiño a la Teoría de la Recepción y a los estudios semiológicos de Mukarosky cuya idea central es que la función estética puede depender del gusto; éste se modifica con el tiempo; por tanto, la norma estética debe estudiarse como hecho histórico porque las jerarquías funcionales mudan en el devenir. Pero más allá del trasfondo teórico está el poema como diálogo  y su sentido práctico de lo poético.
   Las citas de entrada trazan la identidad de una presencia cultural, Safo, definida por el subjetivismo y por el tiempo futurista de sus versos. Postula la ruptura de cualquier arquetipo de época, y sus fragmentos literarios incorporan connotaciones versales que le conceden una posición creadora irrepetible. Tras estas especulaciones previas, la voz germinativa olvida el paratexto –título y préstamos literarios- para descubrirnos el poema umbral “Ritmo atípico”, una composición transparente, musical, proclive al juego fónico. Llenos de calidez, los versos recuerdan el ideario de Luis Alberto de Cuenca, a quien está dedicada la composición. Todo el apartado inicial busca simetrías en torno al espacio emocional y a la claridad diáfana del erotismo. Los versos se impregnan del legado monódico de Safo para entrelazar pensamiento y carga sentimental sobre la ética amorosa y su imaginario. De este modo, el erotismo se convierte en impulso y senda de conocimiento; así lo sugieren títulos de carga aforística, que dejan en el aire la sensación de una estética condensada: “El fragmentarismo sáfico como instrumento para  explicar hoy el yo en este mundo en permanente descomposición”.
  Como en entregas anteriores, La ética del fragmento hace del culturalismo un recurso básico. Es sabido que esta mirada a la tradición suele asociarse con la epigonía novísima cuya senda actual marcaron Pere Gimferrer y Guillermo Carnero. Más allá del ejercicio de brillantez literaria y del ennoblecimiento retórico del texto, el neoculturalismo de Artigue convive, sin disonancias, con el intimismo confesional y los pormenores literarios del latido biográfico. 
  El cuerpo central lo componen los poemas de “Música jazz-swing en el París de los años veinte”. En ellos se hace lugar arquetípico la ciudad del Sena en el periodo de entreguerras. Fue un tiempo en el que sus calles alumbraron un nuevo pensamiento marcado por el optimismo y el deseo de cerrar cicatrices, mientras el fox- trop  prestaba su ritmo a la música de Nueva Orleans. En el esquema sonoro del jazz, París era el ombligo del mundo. El sustrato emotivo se recupera desde el presente para que de nuevo se dibujen sus luces en la estela sentimental del personaje poético, para reconstruir una subjetividad que se hace aleatoria y cíclica, como si el discurrir necesitara espacios de acomodo donde reflejarse.
  En ese marco urbano recobrado afloran también las huellas vivas de sus personajes más relevantes. Retorna al poema la sorprendente vida de Colette y su egocéntrica sensualidad entre identidades cercanas de la bohemia; y se hace memoria la pintora polaca Tamara de Lempicka, retratista y representante singular del art decó. Luis Artigue no recurre al habitual monólogo dramático para crear la verosimilitud biográfica de la primera persona y la necesaria empatía de la confesión –lo hace, sin embargo en poemas como el protagonizado por el ilusorio ego de Hilda Dolitle-  sino que emplea la mirada omnisciente del narrador para abordar el trayecto vital desde el pensamiento, como si fuese necesario añadir al contingente biográfico la noción civilizadora en el destino personal. De este modo cada biografía de mujer se convierte en el reflejo especular de una estética y de una sensibilidad creadora.
  La amplia mirada al extenso litoral femenino empeñado en poetizar el mundo y hacer de su belleza reivindicación y resistencia, busca en el apartado final de La ética del fragmento un centro orbital. No cabe duda que el rol tradicional de la masculinidad ha robustecido el arquetipo del sexo fuerte como vértice de una sociedad patriarcal y hegemónica. Anaïs Nïn reflexionaba que el cambio de la identidad de los sexos era una cuestión compartida que exigía un hombre fuerte y débil, flexible, relativo, favorable a la igualdad antes que a la diferencia. Esa es la cuestión de cierre que argumenta la mirada poética cuando dibuja la sensibilidad del hombre de cristal.
   Luis Artigue, más allá de la ética del fragmento y de la esclarecida tradición amatoria, compone un libro complejo. En él se da la mano el poso conceptual de la identidad y sus mutaciones temporales en los esquemas básicos de la relación de pareja. El escritor busca en la biblioteca la huella firme de los protagonistas de ese cambio en momentos que han permitido significativos avances en los esquemas de representación social. Un objetivo complejo y un modo de entender la poesía como enunciación, construcción y emoción, como sondeo de la posibilidad, que expande la nube limpia de lo experimental, el ritmo singular del disidente.  



domingo, 10 de diciembre de 2017

ARQUITECTURAS




Monasterio de Leire
(Navarra, 2017)


ARQUITECTURAS

Vivo rumor 
de las piedras que hablan.
Olor a siglos.



viernes, 8 de diciembre de 2017

EN VUELO (AFORISMOS)

En vuelo
Fotografía de
Javier Cabañero

 EN VUELO


Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.


Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.


En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, cielos con luz natural y observadores distanciados.


Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.


El pudor convierte a la confidencia en un movimiento de ajedrez.


Presencias como reglas ortográficas; compañeros de viaje que son comas, puntos finales y puntos suspensivos.



Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.


jueves, 7 de diciembre de 2017

ROGER WOLFE. ALGO MÁS ÉPICO.

Algo más épico sin duda
(Antología poética)
Roger Wolfe
Renacimiento, Sevilla, 2017

HUELLAS

 El ciberespacio digital y toda su utillería de chismes tecnológicos y procesos en red no ha reducido ni un solo gramo de desengaño y frustración en el ahora, así que el carácter poético de Roger Wolfe y su empeño por asomarse al abismo en cada poema permanece intacto. Desde su primera entrega en los años ochenta, el poeta descree de las utopías; si alza los ojos no descubre ningún horizonte azul intacto sino los arrabales de un cielo en derrumbe.
  La antología Algo más épico sin duda ofrece un selecto muestrario de composiciones editadas entre 1986 y 2014 y aporta al quehacer versal un amplio prólogo escrito expresamente para esta selección. El poeta sondea la memoria para vislumbrar los trazos que precedieron a Diecisiete poemas, cuaderno de amanecida, aunque donde realmente encuentra su acento tonal es en Días perdidos en los transportes públicos; allí nace una retórica directa, confesional y labrada con un lenguaje callejero que madura y tiene continuidad en Hablando de pintura con un ciego. Wolfe se convertía de este modo en uno de los representantes más celebrados del realismo sucio, una etiqueta expansiva que desplegó en los años noventa, con todos los matices vitales. De ahí emerge el poema, ensimismado y enfermo de ironía, con una dura circunstancia vital que emergía sin tapujos en el libro Arde Babilonia. Casi buscando una salida al callejón de lo autobiográfico, el poeta ensaya en la nueva entrega, Mensajes en botellas rotas una  convivencia pactada entre el poema río y la forma dialogal, próxima al realismo alucinado. Del estado anímico de escritura en el cierre de siglo y de extenuación orgánica y emocional habla el poemario Cinco años de cama, editado en Zaragoza en 1998. Todavía en aquel tiempo, donde el inglés traducido y hablado por razones personales con frecuencia, se convierte casi en lengua diaria nace un nuevo libro, en edición bilingüe, Enredado en el fango en el que prevalece un fuerte tono introspectivo.

   La apertura de siglo afianzó la salida de una entrega híbrida, El arte en la era del consumo, formada por poesía y relato; no tarda en volver a los estantes  con Vela en este entierro (32 poemas en forma de prosa), una edición semiartesanal de Planeta Clandestino que aglutina en sus retazos en prosa reflexiones, aforismos, esbozos de poemas y microcuentos. Tras un largo silencio regresa con Afuera canta un mirlo en 2009, un ejemplo de sosegado intimismo y melancolía pensativa.
   Como un balance de escritura se organiza el poemario Gran esperanza un tiempo, un libro significativo e iluminador del trayecto biográfico y de las circunvoluciones de su ideario estético. En esos contraluces de lo existencial la poesía emerge como fe de vida y como posibilidad de ser desde la perplejidad. La voz se resiste a desgajarse de sus orígenes; ensaya de nuevo un verso transparente, comprometido con los pormenores existenciales, rotundo y narrativo al afrontar los rincones de lo real y el trascurrir de una memoria que encuentra en las palabras cauce y liberación.
   Como un apéndice entre los magníficos contenidos de La galla ciencia, la revista capitaneada por Noelia Illán Conesa, apareció en 2014 El amor y media vuelta. Muy bien editada con ilustraciones de María Simó, la obra es un poemario amoroso protagonizado por un amante bilingüe cuyas composiciones recuerdan estampas visuales, por su fuerza expresiva; en ellas el amor aparece como cima existencial, como constatación de que es la única forma de vivir en la intensidad sin caminar hacia el vacío o ser capturado por las telarañas de la abulia y el sinsentido.
  La propuesta poética de Roger Wolfe, desde esta selección de Algo más épico sin duda, se singulariza por la permanencia de sus rasgos diferenciadores, más allá de denominaciones coyunturales. Su voz nace de un mismo núcleo de obsesiones en torno a los fundamentos íntimos de la existencia. Pujante y radical, mantiene una fuerte relación crítica con una realidad compulsiva y disgregadora. Visibiliza un proceso verbal con una densa unidad interna, hecho de contrastes y búsquedas, que se empeña en dibujar sin concesiones una cartografía del ser y la angustia, un mapa existencial que lucha contra el tiempo.   


miércoles, 6 de diciembre de 2017

CIRUGÍA

Intemperie
(Londres, 2010)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

CIRUGÍA

  Durante algún instante sus cuerpos se amaron sin anestesia. Era una operación de riesgo. Supongo que no sobrevivieron. Hace mucho frío ahí fuera.

(Del libro Cuentos diminutos)




martes, 5 de diciembre de 2017

WISLAWA SZYMBORSKA (revista cultural TURIA, nº 124)


TURIA, nº 124
(revista cultural, nov 2017-feb. 2018)
Director: Raúl Carlos Maícas
Instituto de Estudios Turolenses, Teruel

WISLAWA SZYMBORSKA. ESA MANERA DE DECIR NO SÉ.

   Aunque contiene colaboraciones y nombres propios de indudable interés, no voy a detallar el prolijo sumario que compone el número 124 de la revista Turia cuyo cartapacio central está dedicado a Wislawa Szymborska. La poeta polaca emerge en un primer plano totalizador que convierte sus laberintos creadores en territorios abiertos a la reflexión crítica. 
   La sencillez biográfica de Wislawa Szimborska (Prowent, actual Kórnik, 1923-Cracovia, 2012)  solidificó el mapa literario polaco actual al conseguir en 1996 el Premio Nobel de Literatura, una contingencia que denominó, con resignada ironía, “La catástrofe de Estocolmo” por la drástica mutación de un discurrir vital cuyos parámetros básicos eran la independencia de pensamiento y la defensa de la otredad del yo frente al gregarismo. Toda la crítica focalizó un proceso creativo marcado por la voz lírica, el ensayo y la traducción.
   Desde su niñez, ligó su destino personal a la ciudad de Cracovia, donde se instaló con su familia a los ocho años de edad; allí emprendió su formación en la escuela primaria Jozef Joteyko, cursa Secundaria y finaliza los estudios de Bachillerato en plena guerra mundial y comienza a trabajar para evitar la deportación. Más tarde estudia filología polaca y sociología, peo no concluirá ambas carreras universitarias. Comienza a trabajar como secretaria de redacción y se casa con el escritor Adam Wlodek. En el ambiente intelectual de la casa de Escritores de Cracovia se afilia al partido Obrero Unificado Polaco e impulsa una obra poética cuya primera entrega aparece en 1952; es un conjunto textual marcado por el realismo socialista y sería repudiado después por pertenecer a un periodo de formación y tanteo en el que también incluye la salida Preguntas a mí misma (1954). El balanceo pendular de vivencias y el trasfondo histórico que contextualiza las etapas personales se reconstruye en la biografía Trastos, recuerdos. Una biografía de Wislawa Szimborska (Pre-Textos, 2015), preparado por Anna Bikont y Joanna Szczesna, donde emerge una voz testimonial que encuentra en las palabras un muro firme donde asentar esperanzas y sueños.
   El compromiso ideológico con el comunismo de la época juvenil adquiere con los años un epitelio crítico que le lleva a adoptar posturas confrontadas y de comprensión hacia los disidentes. Tras la revolución húngara de 1956, un movimiento revolucionario espontáneo contra el totalitarismo stalinista, aplastado por el ejército ruso borrando cualquier oposición política, la conciencia crítica se acrecentó y el conocimiento de la realidad europea en sus primeros viajes borra dogmas de su ideario personal. Era un error que había contaminado los libros iniciales dando pie a un incesante diálogo dialéctico. En 1966, cuando abandona el partido escribe: “cada sujeto tiene la obligación de pensar por sí mismo”
   Su poesía está marcada por el pacto autobiográfico y por enunciados comunicativos que sortean disertaciones teóricas. Así lo exponía en su discurso de recepción del Premio Nobel: “El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso –o más bien principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta –como si se tratara de algo vergonzoso En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas “. La argumentación quitaba el monopolio de la inspiración enajenada a los poetas y hacía de la misma un impulso de la voluntad entendido como amor al trabajo bien hecho, al espíritu inquieto que propicia una búsqueda constante.
   En 2015 la editorial Nórdica saca a la luz la antología Saltaré sobre el fuego, una muestra ilustrada por Kike de la Rubia, que aglutina treinta y cuatro composiciones donde adquieren voz las preocupaciones esenciales de una poesía cálida y humanista, expresada desde el coloquialismo. Los textos pertenecen al periodo de escritura que enmarcan las entregas Llamando al Yeti, Sal, Mil alegrías-un encanto, Si acaso, El gran número, Gente en el puente  y Fin y principio (1993). Un periodo creador de treinta y seis años que constituye el encuentro y la consolidación de un lenguaje interiorizado, en el que emerge la pasión y el misterio de lo cotidiano ante la descarnada realidad.
   La ascensión propiciada por el Premio Nobel abre un segundo tramo lírico compuesto por los títulos Instante (2002), primer libro tras la consagración popular, que dibuja una estela afectiva en el imaginario colectivo que abre paso a Dos puntos y al último trabajo en vida Aquí, editado en 2009. un poemario traducido por Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano incluido en el imprescindible catálogo de la editorial Bartleby.
   El preciso enunciado, Aquí, sugiere inmediatez y refugio próximo; son cualidades que la poeta hace suyas desde la amanecida de su quehacer porque todos los textos se formulan en un tono intimista, como quien comparte un pormenor vivencial, o define pensamientos al alcance de cualquier usuario, sin el clasicismo elitista de la reflexión filosófica y sin la formulación calculada del lenguaje científico.
   El devenir concede los instrumentos necesarios para entender lo que nos rodea, ya sea un asunto doméstico o las características generales de nuestro planeta: “La vida en la tierra sale bastante barata. / Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo. / Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. / Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo. “
   El sistema de ideas parece haber sido dictado para vivir sin pretensiones, como si el mensaje directo, nítido y certero sortease cualquier circunloquio y eligiera siempre la línea recta. Tan escueto aderezo nos convence de inmediato de su pertinencia y además nos asegura que lo genial pertenece a otra voz y que quien nos habla tiene las mismas limitaciones que tenemos nosotros y el mismo riesgo de que una buena razón se vaya diluyendo sin remedio por nuestra pereza.
   Los poemas de Wislawa Szymborska dejan sitio a una amplia gama de recursos expresivos, como la personificación o el desdoblamiento de la identidad y nada le es ajeno. Despierta, por ejemplo, una complicidad inmediata su incursión en el microcosmos, ese mundo invisible que pudiera tener su peculiar sociedad organizativa y que en su mínima existencia es capaz de condicionar múltiples existencias de seres superiores. Los misterios de lo cotidiano son tratados desde el coloquialismo y la sencillez; sólo así se plasman en sus versos un pensamiento firme y un verso inolvidable y perdurable.

 

José Luis Morante


lunes, 4 de diciembre de 2017

LAS BUENAS INTENCIONES

Espera
(Lake Worth, Florida, 2013)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



SABIOS CONSEJOS

Tanto naufragio en verso,
tanta huella en el agua,
tanto demonio suelto entre papeles
incomoda mi estancia en la tranquila
pensión de solitarios terminales.
El huésped más antiguo
sugiere a la patrona mi partida inminente,
antes de que mis gestos nos descubran
a un vengador destino
y peligre la idílica existencia.
Otros (más generososos)
desde el primer momento me perdonan,
y juran rescatarme de un mañana infeliz;
me recomiendan cosas de provecho;
que, por ejemplo, escriba un guión de cine.

Lo intentaré. Palabra.

    ( De Enemigo leal, Sevilla, 1992)



domingo, 3 de diciembre de 2017

MEJORES DÍAS DE OTOÑO

frutas
(Bangkok, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


EN EL MERCADO


Lo autobiográfico debe guardar equilibrio en el análisis de los sentimientos; que la tristeza no haga más pequeño el sitio de la felicidad.

Los paisajes virgilianos caducan. Venéralos, pero no te detengas.

Explora laberintos para encontrarse.

La filosofía dota a las ideas de un carácter aristocrático.

Ángulos muertos para hacer invisibles los suburbios.

Lo que me pertenece, tampoco es mío.

(Aforismos del libro Mejores días, Mérida 2009)



sábado, 2 de diciembre de 2017

CRISTINA GUTIÉRREZ LEAL. ESTATUA DE SAL Y OTROS POEMAS

Estatua de sal y otros poemas
Cristina Gutiérrez Leal
Dcir Ediciones
Caracas, venezuela, 2017

MIRAR ATRÁS


   El rótulo del libro remite de inmediato al episodio bíblico de la destrucción de Sodoma y al posterior castigo a la mujer de Lot, convertida en estatua de sal por desobedecer la imposición divina. Una contingencia argumental que admite distintas lecturas poéticas, algunas tan conocidas como la de Wislawa Szymborska, Premio Nobel polaca, quien recrimina el gesto vengativo que no deja sitio a la compasión. Cristina Gutiérrez Leal (Coro, Estado Faldón, 1988, Venezuela), que ahora reside en Río de Janeiro, Brasil, preparando en la Universidad Federal el Doctorado en Ciencias de la Literatura, ensaya facetas creadoras como la poesía, el ensayo y la fotografía; y consiguió con este poemario el Premio XX Bienal José Antonio Ramos Sucre en 2015.
   La escritora inicia itinerario por la palabra con un ideario explícito, como si fuese urgente definir el propósito escritural. Los versos requieren la intromisión interna de quien los escribe; no son un escaparate sosegado de belleza sino estados de ánimo que retratan en negro el entorno –templo, casa, prisión, jaula…- y manifiestan en su desnudez la textura fría del desamparo propio y colectivo.
   En los poemas iniciales, integrados en “Casa” se definen las sobrias líneas de lo doméstico; la infancia no es el territorio áureo de los sueños cumplidos sino un espacio angosto en el que afloran los contraluces de la travesía biográfica que enmarca la angustia y da vuelo a la necesidad  de encontrar lugares abiertos, donde queden superadas en la distancia las líneas del pasado. Este exilio pactado con el tiempo adquiere en algunos poemas un sentido trascendente, como si la fe religiosa indagara en otros itinerarios del destino personal, con una función nueva: “Pensándolo bien, Jesucristo, / en algo por fin nos parecemos: / ambos tenemos una cruz. / La tuya redimió al mundo / la mía solo a mí “.
   La segunda sección, “Templo”, está marcada por el tono apelativo de la composición de inicio; así lo expresan los versos de “Estatua de sal”: “Llevo los ojos a la espalda / dándole la cara al asco. / ¿Cómo, Señor, / cómo no mirar hacia atrás” Sobre los poemas sigue creciendo una lluvia gris que hace sentir en quien la percibe la sensación de naufragio, el yo desconoce cómo llegar a la tierra prometida y cuáles son sus coordenadas situacionales; solo tiene constancia de encarnar una presencia frágil y fragmentada: “La línea que divide mi cuerpo / nunca fue cicatriz /     siempre frontera / de estas mitades que me suceden / y dejan en los labios una palabra rota”. Existir es un estado de continua implosión, una espera pactada con la ceniza, aceptada como si fuese signo de un destino asumido: “Nunca me he negado a llevar la cruz, Señor. / Estoy acostumbrada a los clavos /     a sangrar.”
   El neologismo (Ll)Oraciones convierte al rezo en expresión de llanto al vivificar las grietas del ahora, sin escamotear los bajorrelieves del drama existencial. Y ese clima crepuscular y umbrío se mantiene, como si no hubiese opción a quejas, sin saber si cuando tantas tragedias se cumplan será un tiempo de amanecida y luz.
   Los poemas finales integran la composición “Sé del mar reventando contra un muro”, con la que la poeta consiguió el II Concurso nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas. Sus versos sugieren una emotiva reflexión sobre el desarraigo. Son poemas más abiertos en sus claves argumentales que comparten un protagonista lírico cercano, cuyo deambular por el poema muestra una condición sometida a la inercia y la costumbre, un estar que sobrevive sin épica, repitiendo gestos que solo tienen respuesta en la honda lejanía del silencio.
   Directa, dolorosa, y con un gran vigor descriptivo en sus imágenes, la poesía de Cristina Gutiérrez Leal entrelaza subjetivismo y referentes culturales de la tradición católica para compartir en el poema un sentimiento de desasosiego en crecida, una alegoría de la soledad.


viernes, 1 de diciembre de 2017

ENCUENTRO EN EL PARQUE

Parque de María Luisa
(Sevilla, 2015)


ENCUENTRO EN EL PARQUE

Con Jorge Luis Borges

  Tuvo un cuerpo de talla media, con aderezos ocasionales de funcionamiento variable que se fueron deteriorando por el uso hasta el definitivo declive, tras el accidente mortal de hace seis años. Al ocupar un banco del parque, pese a la palidez desaliñada, lo reconocí de inmediato. Él también ensayó un gesto de perplejidad. Como yo, venía del pasado; sus facciones preservaban los rasgos familiares. Su mirada, clonó mi silencio.
  En el irreversible desorden del tiempo, no merece la pena ningún cambio. 

(De Cuentos diminutos)