martes, 9 de enero de 2018

LEYENDO A MIGUEL D'ORS

Amanecidas


LEYENDO A MIGUEL D'ORS

Salvo recuerdos tristes,
no guardo muchas cosas de la infancia:
lugares como sombras, escenas redundantes
que retornan ajadas, falsamente
maquilladas de olor y de ternura.
Yo, que nací en un pueblo
con tapiales de retama y de barro,
que soporté el trasiego de lejanos parientes,
que anduve en lodazales
a la caza y captura de gordos renacuajos,
que, escondido el pitillo
en cualquier parte, 
puse cara de bueno ante el maestro,
leyendo a Miguel d'Ors
y tomando las huellas dactilares
a una felicidad rural y cristalina,
ante el feroz saqueo
del tiempo en mi memoria, me pregunto
si alguna vez fui niño.

             (De Población activa, Gijón, 1993)


10 comentarios:

  1. Yo, por ejemplo, no recuerdo el tiempo -los primeros años de mi vida- en que no supe leer. (Y sin embargo lo hubo, tuvo que haberlo.) Hasta tal punto no concibo mi vida, ni siquiera mi niñez, sin la lectura.

    Sandra Suárez

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    1. Me pasa lo mismo que a ti, Sandra; pero hay un paisaje afectivo ligado al pueblo y a sus lugares naturales que también permanece intacto en la memoria, lleno de vida. Un fuerte abrazo.

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    2. Creo, J. Carlos que en todos nosotros hay una tendencia natural a rescatar el patrimonio afectivo; el pasado es la huella firma de que en algún sitio fuimos felices. Un gran abrazo.

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  2. Yo también nací en un pueblo. Un lugar entre dos ríos muy caudalosos en época de lluvias abundante. Recuerdo esos días, la crecida, el desbordamiento ... y el miedo y a la vez emoción al amanecer por, quizás, tener que salir de casa en barca a pasear por las calles del pueblo.

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    1. Qué grata anécdota, mis amigos me dicen que soy un enamorado del cauce vivo de los ríos; y que una de las estampas más repetidas en mi álbum personal de recuerdos es la fotografía junto a puentes y riberas...He ido sumando ríos, como se suman los contenidos de un temario que el tiempo obliga a aprender...Así que entiendo muy bien esas sensaciones de la niñez. Agua clara. Un fuerte abrazo.

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  3. La geografía íntima de cada uno.

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    1. Y ese estar habitable en los recuerdos que nos va dejando entre las manos el latido de la melancolía. Un fuerte abrazo, Tracy.

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  4. Pues sí, José Luis, alguna vez fuiste un niño, como lo fui yo. Todos fuimos dejando nuestros recuerdos en cada rincón de nuestra infancia. Yo no guardo el recuerdo de un río, pero mi memoria guarda de mi pueblo andaluz, el cielo más estrellado que jamás he visto. ¡Ay José Luis, siempre en ti esa melancolía del tiempo ya pasado. Un fuerte abrazo.

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  5. Un poema tan hermoso como triste (o así me lo parece a mí). Espero que rebuscando en la memoria encuentres respuestas positivas (si es que el poema es autobiográfico José Luis).
    Un abrazo fuerte!
    Sandra.

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