domingo, 25 de febrero de 2018

LA NORIA DE LOS DÍAS (AFORISMOS)

La noria de los días
(San Agustín, Florida, 2010)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

LA NORIA DE LOS DÍAS

Viajar es un remedio posible para la fe.
la duda no hay que curarla; no es una enfermedad

Juan Ramón Jiménez



Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez


Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.


Frente a la montaña  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.


Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.


Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.


La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


En la lisura del cristal los aspersores del jardín difunden transparencia. Mi casa y el día que declina. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Espejismos.


Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.

                                                          (Del libro Motivos personales)




sábado, 24 de febrero de 2018

FRIEDRICH HÖLDERLIN. CANTOS HESPÉRICOS

Cantos hespéricos
Friedrich Hölderlin
Traducción y versiones libres en lienzos y poemas de
Verónica Jaffé
Presentación de Luis Miguel Isava
La Laguna de Campoma, Caracas, 2016


RÍO Y MEMORIA

   En su obra Sobre traducciones. Poemas 2000-2008 Verónica Jaffé (Caracas, 1957) incorpora un epílogo que creo necesario recordar aquí. La poeta, ensayista, traductora y artista plástica se preguntaba en aquel texto las razones por la que se acerca a la traducción con una actitud alejada de cualquier trasposición mimética, como si plantase en el árbol de la escritura original un desplegado injerto personalizador: “Hölderlin me enseñó que la traducción es la política de lo poético porque implica la apertura a lo ajeno en la voz propia y porque con la traducción comienza el ciclo histórico de la imaginación humana”. Del calado semántico de esta aseveración reflexiva emana una tarea sostenida en el tiempo que deja ahora, con relevante propuesta editorial de la Laguna de Campoma, en colaboración con el Goethe-Intitut Caracas, la traducción de Cantos hespéricos. de Friedrich Hölderlin.
  Escritos en la aurora del siglo XIX, los cantos, en palabras de Clara Janés “devuelven la poesía a su primigenia vocación sacra y augural”. Verónica Jaffé toma como fuente de sus traslados textuales e imágenes la edición histórico-crítica de D. E. Sattler. Es la más valorada por la investigación filológica especializada; se singulariza por integrar en su magma textual las versiones y variantes. Sobre las características formales del volumen, resulta clarificadora la mirada crítica del profesor Luis Miguel Isava. El ensayista contextualiza el enfoque de estos cantos que integran, junto al viraje canónico, una versión literal y otra libre, empapada con la sintaxis castellana y con la atmósfera sensitiva de la traductora, quien amplía su papel hasta personificar una autoría versal, abierta a las posibilidades del matiz. El resultado es una conjunción de voces, un proceso de textualidad entrecruzada que transfigura la significación.
  Otro vértice nuevo y singular del decurso que acerca al espacio cognitivo castellano estos himnos es la síntesis plástica. A partir de una reflexión no verbal, los versos se transforman en imágenes y formas visuales en las que elementos conceptuales como el río, arquetipo de fluidez y transcurso, protagonizan plasmaciones imaginativas.
 Verónica Jaffé añade un preliminar en el que clarifica las cualidades de estos doce himnos o cantos, cuya forma métrica se inspira en los himnos de Píndaro. Son grupos estróficos que se construyen con similar esquema argumental: arrancan con un canto de alabanza que despliega a continuación un argumento enunciativo e interpretativo para integrar como coda lecciones y sentencias formativas. La traductora defiende que la textura esencial de esta obra es su transitar entre lo antiguo y lo moderno que además se enriquece con la presencia en su filosofía de un contexto histórico marcado por circunstancias políticas y sociales, capaces de moldear la subjetividad del poeta.
  Ya se ha comentado que no estamos ante el habitual trasvase académico. Verónica Jaffé deja el acceso abierto a su poesía y ofrece una introducción lírica, acompañando a las secuencias visuales. Las reproducciones de carboncillos y collages no restan espacio a las palabras sino que constituyen un episodio más de la traducción. Son expresiones meditativas que sondean analogías en la red del lenguaje y representan nuevas perspectivas semánticas.
   Si “lo que queda lo fundan los poetas”, el conjunto hímnico proyecta un regreso al pasado clásico como espacio mítico y reducto de plenitud y grandeza. Grecia es génesis y cuna y el anhelo del viaje se convierte en un cumplimiento del destino. Ir es hacer posible los deseos del corazón, dar forja a ideales que cobijan la belleza y la pureza. Así retornan epopeyas y tradiciones, historias épicas y geografías míticas que se entrelazan entre sí hasta adquirir la apariencia confusa de una construcción aérea. En Hölderlin la eternidad de los mitos paganos nutre pulsiones genesíacas de la existencia y recupera un panteón ecléctico de divinidades con acento visionario.
   A la luz de la razón, los cantos no  proporcionan historias cerradas ni semas lógicos. Se abren como figuraciones y marcas repletas de imágenes que exigen nuevas sendas, que entrevelan su hilo argumental para solapar sentidos o para hacer de su lectura un campo especulativo repleto de subjetividad.
   La actividad poética comprende también un impulso que lleva a Verónica Jaffé a una cala poética: “Fue el mismo Hölderlin / quien me enseñó a ver / la traducción en la poesía / y la metáfora del propio río / como el fluir de la memoria, / de la lengua en mi país / que no me pertenece, / ya lo sé / ni a mí ni a nadie.” El espíritu de Hölderlin bifurca el camino. Aflora un presente en el que es palpable la preocupación solidaria, el rastro de la pérdida, y la objetivación de un tiempo personal que traza su propio mapa de la memoria, los signos del día que abren a cada instante caminos y preguntas “porque la querencia de vida como riqueza, / para sí y para todos, es común a dioses / y mortales“.
   Lejos de quien asume la traducción como un expediente laboral, Verónica Jaffé promueve vínculos con el legado y la personalidad espiritual de Friedrich Hölderlin y crea en esa hilada conversación con el poeta su propio género literario, un quehacer singular para que siga hablando con voz inalterable esa tensión que encierra lucidez y locura. 


viernes, 23 de febrero de 2018

CALLE EN OBRAS

Hervás
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


CALLE EN OBRAS


Acordamos huir sin dejar rastros,
pero aflora el deseo y difumina
la nube  de las buenas intenciones.
Aparezco como mármol labrado,
emulando su pulida quietud.
Impaciente recorro los andenes
donde un polvo salobre fosiliza
pasos intercambiables, de ida y vuelta..
Aletean pavesas incendiarias,
las híspidas certezas del pasado.
Apuro mi forzada resistencia.
Estoy solo. Completamente solo.
No tengo voluntad para el olvido.
Mi vida es calle abierta, siempre en obras.

   (De Pulsaciones, 2017)



martes, 20 de febrero de 2018

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. HILO DE ORO

Hilo de oro (Antología poética, 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo
Edición de José Luis Morante
Letras Hispánicas, Cátedra,
Madrid 2014

SOBRE HILO DE ORO


  Sin interrupción y a lo largo de cuatro décadas,  la obra de Eloy Sánchez Rosillo preserva un discurrir coherente y deja señas diferenciales únicas, que han convertido al poeta en lectura obligatoria. Su entrañable palpitación encuentra en el paso del tiempo pautado ritmo evolutivo y una maduración natural.
   El estudio prologal de Hilo de oro recrea el itinerario biográfico, desde sus primeros años hasta el ahora. Ese contexto vivencial permite establecer similitudes entre el sujeto biográfico y el hablante escritural; resulta muy cálido asomarse a las ventanas de los días infantiles, incidir en los años de aprendizaje, cuando se forja la vocación de escritor, y ser partícipes del sustrato sentimental que la escritura inserta en muchas composiciones. La vida de Eloy Sánchez Rosillo ha discurrido en Murcia, allí nació en 1948, estudió y, tras finalizar la preparación académica con expediente ejemplar, desempeña su quehacer laboral como profesor universitario; allí también se han ido completando todos los poemarios que forman el corpus creativo,  representado con eficacia en esta antología que abarca más de la mitad de los poemas escritos hasta 2011.
  Cada obra es una propuesta personal que tiene como fondo un devenir histórico. El  aire de época que respira el inicio creador de Eloy Sánchez Rosillo se definía por el sello culturalista y por el alejamiento de la expresión natural en aras de un lenguaje con prestigio poético, conectado con la tradición pero al margen de la actualidad. El poeta emergente muestra una cortesía distante hacia lo gregario, rechaza modas y prefiere la andadura en solitario; desde el amanecer de su obra opta por una lírica introspectiva, formulada a través de una dicción trasparente, que fomenta el propósito comunicativo cotidiano. La carta de presentación, Maneras de estar solo consiguió el Premio Adonais, supuso un testimonio concluyente sobre las posibilidades creadoras de una voz que en los años ochenta entrega títulos que lo consagran como un poeta elegíaco. Son poco los estudios críticos que no emparentan la estética de Eloy Sánchez Rosillo con la nostalgia de lo perdido, presente en la escritura de Páginas de un diario, Elegías, Autorretratos y La vida. Es una etapa  en la que resalta la conciencia temporal, el ser transitorio de las cosas y el empeño de la memoria en la reconstrucción del pasado.
  Ese predominio de lo elegíaco comparte espacio con otras preocupaciones temáticas. En los textos se abordan impresiones de viajes, instantáneas del entorno afectivo y un diálogo continuado con los elementos naturales. La naturaleza es un interlocutor hospitalario y vitalista, cuya palabra fomenta respuestas interiores. Por tanto, en el trayecto de Eloy Sánchez Rosillo hay una confianza heredada en temas y motivos que evita el desconcierto.
   Pero ese quehacer creador no es monocorde y busca aperturas y desarrollos. Tras casi una década de silencio, el poemario La certeza supone una inflexión, un renovado enfoque que  abre la mirada: la vida nos concede a diario un gozoso bagaje, un colmado despliegue de sensaciones y elementos sensoriales que llenan de motivos para la esperanza.
   El tono de La certeza  inaugura un segundo momento en la escritura que fortalece la voz celebratoria, como testifican las entregas posteriores. En Oír la luz  el hablante lírico mira las cosas con el sereno sosiego de la madurez, reconciliado con su propia condición transitoria. El acto de vivir se ilumina y las sombras se retraen porque el ser es capaz de trascender lo contingente. Los signos de la existencia propician un pensamiento reflexivo, una indagación que conlleva un modo de contemplar la vida en una suerte de equilibrio entre la emoción y el pensamiento. Desde esas claves se escriben los poemarios Sueño del origen  y Antes del nombre, libro de cierre de esta antología, obras en las que percibimos una disposición positiva
   El recorrido de  Eloy Sánchez Rosillo, entre la elegía y la celebración, hace revivir con voz firme el acontecer de la existencia, ahonda en los estados del ser y en su contradictorio estar entre lo permanente y lo transitorio; nos deja en las manos un hilo de oro, la leve plenitud de la belleza.


                                                      

lunes, 19 de febrero de 2018

ENCUENTRO

Umbría
(Londres, ,marzo, 2010)
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


ENCUENTRO

Aquel día gozaba de la lluvia
bajo la  espesa fronda de un árbol solitario
y tropecé conmigo.
Miré mi rostro con curiosa sorpresa.
Me hallé un poco más viejo, más cansado,
abrumado quizás
por un escepticismo prominente y asiduo
y una antigua tristeza,
palpable aunque recóndita.
Sentados en un banco prodigamos
leves toses, murmullos,
dilatados silencios y miradas furtivas.
El tiempo parecía detenido,
hasta que una acuarela de ceniza
ensombreció el crepúsculo.
En tanto se alejaba,
una temprana rosa depositó en su sitio
efímeros instantes de belleza
que de común acuerdo, ambos no vimos.
Respiré hondo; todos sabéis
qué olor tan indecible
emana de la tierra cuando llueve.

            (De Pulsaciones, 2017)

viernes, 16 de febrero de 2018

ÁNGEL GUINDA. LA EXPERIENCIA DE LA POESÍA

La experiencia de la poesía
Ángel Guinda
Ediciones Pregunta
Zaragoza, 2016

PROSPECCIONES


  Pocas aseveraciones me han convulsionado tanto, en torno al misterio de la creación poética, como la formulada por Eloy Sánchez Rosillo, al dar una conferencia en el ciclo Poesía y poética  de la Fundación Juan March de Madrid. Fue en 2005 y el poeta abría su disertación con la siguiente frase: “Yo no tengo teorías, tengo poemas”. El postulado evitaba más digresiones en torno al taller literario y resumía una filosofía teórica de grado cero sobre la razón del poema. El poema se justifica a sí mismo; no precisa ningún epitelio conceptual. Además contradecía de raíz mi propio pensamiento crítico en torno a la creación, porque desde hace casi tres décadas conviven en mi forma de entender el hecho literario la poesía y la crítica, como facetas complementarias y expresiones de un Jano bifronte y convivencial.
  Así que el título La experiencia de la poesía de Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), autor de una extensa obra poética, de algunos ensayos y de un amplio compendio aforístico, llamó mi atención de inmediato. Sigo defendiendo que escribir poesía es un acto autónomo, pero nunca aleatorio ni circunstancial; por tanto requiere una autorreflexión que ayude a conocer su densidad matérica, sus especulaciones argumentales y sus linderos expresivos.
  Así lo entiende también el poeta Ángel Guinda que aglutina en el breve libro la experiencia de la poesía un conjunto de textos muy personales en los que recopila su mapa poético,  yuxtaponiendo los manifiestos “Arquitextura”, “Poesía y subversión”, “Y poesía ni contracultura, junto a otros dos ensayos breves que ahora se publican por primera vez “Defensa de la dignidad poética” y “Emocionantismo”.
   Al adentrarse en el didactismo teórico de Ángel Guinda se percibe de inmediato la diversidad de perspectivas. Así, “Arquitextura”, subtitulado “Apuntes para una poética” recoge fragmentos aforísticos  escritos entre 1980 y 2015. Es sabido que el aforismo no se encuadra nunca en una única definición del género, pero los textos integrados en este libro optan por la frase limpia, despejada, directa, que busca su eficacia en el destello comunicativo y en la precisión semántica. Sirvan como referentes algunos ejemplos al paso: “Las palabras son semillas cargadas con el silencio de los mundos”, “El arte está a mitad de camino entre la rebelión y la revelación”, “La palabra es un ser vivo”, “Escribir es reconocerse en lo desconocido”, “La inspiración, ese trallazo de luz en las tinieblas de la inteligencia”.
   Más cercano en el tiempo y por tanto con postulados recientes –el autor lo fecha en 2016- el texto “Emocionantismo” alterna el formato parónimo y lapidario de la frase breve con anotaciones reflexivas que admiten un mayor calado en el hilo argumental; de este modo, se adhieren al contexto central del lenguaje otras teselas como el poder, las circunvoluciones del sistema o el mercado; son adherencias reflexivas que dan a lo metaliterario una dimensión sociológica, siempre necesaria en el contexto de una realidad actual, rala, inocua y abrasiva.
   Las notas de “Defensa de la dignidad poética”, apuntes de 2014,  persiguen la autoidentificación e independencia del quehacer escritural ante los intereses extraliterarios. Visualizan además la geografía interior del poema para localizar incisiones gravosas que dañan las funciones básicas, la experiencia fusionada de  estética y recorrido gnómico. 
   Entiendo las premisas reunidas en “Poesía violencia”, manifiesto de 2012, como un alegato contra el conformismo; más allá de incitar a demoliciones dinamiteras, los pensamientos de Guinda rechazan la asepsia textual de los que solo ven el vivir por inercia como una función inevitable de la existencia. Si los tiempos del presente venden sucedáneos pragmáticos  que causan la debilidad del pensamiento, la violencia creativa, entendida ésta como búsqueda y acción del ser frente a la nada, como principio activo de la palabra.  
   La utilidad de la poesía ha generado en el tiempo un flujo discursivo interminable, proclive a la interpretación diversa; es un debate clásico que actualiza la vigencia del pensamiento platónico y perdura en el hoy, un ahora pragmático, conformista y caótico, que busca argumentos sobre el rol de la poesía, más allá de sus méritos estéticos. Ángel Guinda añadía en el cierre de siglo su enfoque sobre la cuestión con un puñado de aforismos en los que el sentir pesimista era la atmósfera natural. En desacuerdo con la poesía de la experiencia, movimiento en plena pujanza en los años noventa, Guinda componía un nihilismo enunciativo que contradecía aquella situación vertebrada desde un monopolio estético reductor. Defendía una poesía útil que además de objeto de belleza fuese también brújula ética y rehabilitara la imaginación, la sensibilidad y la razón crítica.
  También latente una mirada sombría en el manifiesto de 1985 “Y poesía ni contracultura. Curriculum mortis”, un empeño autocrítico que desgaja el ser poético de lo cotidiano; de ese estar en la intemperie nace una nueva necesidad de ser y una invitación al compromiso en la tarea de conocerse y reconocerse en una dermis humanista que conmueva, active y revitalice la conciencia.
   La experiencia de la poesía, contradiciendo una cronología natural que hubiese dejado ante el lector el trazo evolutivo de esta indagación teórica de Ángel Guinda, se cierra con la proclama más temprana, fechada en 1978, en plena intrahistoria constitucional. Los fragmentos de “Poesía y subversión” hacen de la poesía una expresión del vivir. Escribir es una actitud ante la vida, una celebración de la belleza y de la libertad que convierte al sujeto verbal en un protagonista activo del entorno cultural.
   En su Hiperión, Friedrich Hölderlin, con verbo pesimista y desajustado, anunciaba que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cundo reflexiona”; Ángel Guinda convierte su reflexión en un espacio cómplice en el que anidan, junto a las raíces de la propia creación, esas incertidumbres permanentes que funcionan como impulsos creativos y pautas que resisten la arbitrariedad del tiempo. La experiencia de la poesía es una forma de entender el mundo y entenderse a sí mismo, un esbozo, una prospección, una respuesta no hallada que pugna por definirse en el magma informe de un poema no escrito.




jueves, 15 de febrero de 2018

LA MITAD DE UN SUEÑO

Apunte visual
(Florida, USA)
Fotografía de
Javier Cabañero

LA MITAD DE UN SUEÑO


Un sueño es la mitad de una realidad

JOSEPH JOUBERT

Esa nada autosuficiente y esclarecedora, que se empeña en la forja de nuevos discípulos.

Capacidad intacta para percibir los invisibles movimientos de la inteligencia.

Bricolaje. Esa ocupación mañosa de la poesía visual.

Solvente y plena, la realidad es simultánea al texto.

Ciudades y libros comparten la voluntad de ser refugio y las razones para el regreso.

La escueta precisión del aforismo pone al pensamiento entre costuras.

Soy un lector disperso; ensayo alternativas para regresar al mismo libro

Perdido en la geografía de tu cuerpo.

El optimista define el caos como una narración abierta.

Quedar al margen somete a un estado de melancolía inconsolable.

(De Motivos personales)





miércoles, 14 de febrero de 2018

EXISTENCIA

Las dos orillas
Fotografía de
Javier Cabañero



EXISTENCIA

                                Contigo


Cruzamos juntos
sobre frágiles puentes.
Pasos y dudas.




martes, 13 de febrero de 2018

RAFAEL CADENAS. POEMAS SELECTOS

Poemas selectos
Rafael Cadenas
bid & co. editor
Editorial Latina, Venezuela, 2009

TRAYECTO 

                                                                                   Para Gabriela Rosas,
                                                                                por su generosa amistad

   En la década de los noventa, casi en el cierre de siglo, cuando yo coordinaba la revista literaria Prima Littera, solía visitar algunas veces en su domicilio madrileño de Plaza de Castilla al crítico José Olivio Jiménez. El entrañable profesor era una enciclopedia viva sobre el significativo devenir de la lírica en castellano. Había preparado en 1971 un antología de poesía hispanamericana del siglo XX para Aliaza Editorial y el libro se había convertido en un referente imprescindible para estudiantes y docentes. Era un muestrario en el que se apreciaban las voces y movimientos esenciales, tras la finiquitada estela del modernismo. De aquella lucidez intelectiva de José Olivio Jiménez proviene una curiosidad mantenida en el tiempo sobre las fuerzas poéticas del otro lado del océano, más allá de los dos itinerarios mayores abiertos por César Vallejo y Pablo Neruda.
   Así llegó hasta mí el nombre de Rafael Cadenas (Barquisimeto, Estado de Lara, 1930) y del acuerdo unánime de considerarlo entre los baluartes centrales de Venezuela, un clásico vivo, si el tópico se me permite. Por fortuna, el acceso al legado literario de Cadenas en la geografía peninsular no ha sido difícil; incluso se ha incrementado en el tiempo. En 2007 la editorial Pre-Textos publicó Obra entera. Poesía y Prosa (1958-1995), con introducción de Darío Jaramillo Agudelo, que antes había poblado las librerías de México en el catálogo de Fondo de Cultura Económica, y en 2013 fue Visor quien, con selección y prólogo de Ana Nuño difundía Antología. Además, con motivo de la concesión del duodécimo Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca en 2016 la prensa dedicó un amplio espacio a encuadrar el quehacer del poeta y la tensión intelectiva de su escritura.
   Poemas selectos es una comedida síntesis de trayecto. Salió a la luz por primera vez en abril de 2004, se reeditó al año siguiente y con muy hermoso formato editorial avanza por segunda vez en Caracas, gracias al impulso de bid & co. El plan orgánico del quehacer contiene representativas piezas líricas de todos sus libros y añade una addenda que permite sondear el ideario estético del poeta o sus formulaciones teóricas publicadas en varias entrevistas, que exponen el pensamiento del autor sobre aspectos del taller literario.
   La edición conforma un surco prolongado en el tiempo que no pierde pujanza, que hace de la búsqueda formal y semántica un hábito orgánico. Si en la raíz temprana de Una isla i-que permanecío inédito mucho tiempo- amanecía un decir lírico despojado y reflexivo, atento a la maleable condición del sujeto y a su estar en la incertidumbre, abriendo fronteras con el vacío, pronto explora sin escisiones la cadencia enunciativa del poema en prosa en Los cuadernos del destierro. Los contornos del formato en prosa y el onirismo desbocado de este libro enlazan la poesía de Cadenas con el magisterio de José Antonio Ramos Sucre. Los textos condensan visiones e imágenes en un magma incierto cuyo sentido se vela en signos inscritos en la sombra. La palabra se hace revelación y viaje hacia un lugar indeciso, hecho de perplejidad e incoherencia. Es un decir que se mantiene también en Falsas maniobras cuyo tema clave es la identidad del sujeto. El yo sondea en su pensamiento el equívoco, como si habitaran en su conciencia sujetos desdoblados que hacen de la conducta una línea discontinua. La razón dibuja coordenadas situacionales, como estrategias para burlar laberintos que encierran una identidad  en conflicto, enredada en la inmovilidad o en la prisa.
  Pero si hay un libro que constituye un hito en la travesía escritural de Rafael Cadenas es Derrota. Contiene el poema homónimo que ha dado al autor un lugar de privilegio y un aprecio general. “Derrota” es el poema del hombre común, de quien no tiene en sí ninguna épica salvo sobrevivir en la intemperie, a resguardo de su propia compasión. El poeta ha comentado el fondo contextual de la composición; nace en un momento de depresión y en un estado de soledad y aislamiento. Ese contexto sirve para un intenso enfoque introspectivo que busca el ser comprendido y aceptado en su finitud y en sus carencias.
  La breve muestra de Intemperie traslada el poema a un espacio reflexivo en torno a la existencia. Caminar paso a paso es acumular indicios sobre la memoria y hacer un recorrido marcado por lo aleatorio. No hay señales ni mapas. Solo un destino por cumplir día tras día mientras el pensamiento escarba y busca sitio a la posibilidad y la esperanza.  También los poemas de Memorial, editado el mismo año, 1977, postulan un sesgo autorreflexivo. Más despojados y directos, con evidentes sustratos simbólicos, buscan en la presencia ensimismada una razón de vida, esos acordes que hacen de lo transitorio una senda cognitiva.   
   El fértil cauce sigue sumando andenes en el tiempo, aunque las salidas se ralentizan. De 1983 es el libro Amante, y casi una década después vuelve a la poesía con la entrega Gestiones, último libro exento integrado en la antología. Pero los inéditos dan fe de la vocación preservada del poeta que ya en el nuevo siglo dejará entregas como Sobre abierto y En torno a Basho y otros asuntos, un paso más hacia una poda retórica extrema a través del haiku para captar una realidad límpida que muestra el fulgor de lo inexpresable.
   Poemas selectos incorpora una coda adicional formada por apuntes estéticos, aforismos y respuestas del escritor a entrevistas de prensa. Los apuntes en prosa están nucleados a las posibilidades reflexivas del lenguaje y a convicciones estéticas subjetivas sobre el hecho poético. Claras y precisas, como es norma en la paremia aforística, las visiones fragmentarias de Cadenas animan a que la poesía, que siempre habla desde la inseguridad, “haga más vivo el vivir”. Desdeña que el ropaje de la lengua se convierta en un viaje hermético para iniciados. Aborda la poesía como una búsqueda entre contrastes; una iluminación de la conciencia sobre esas zonas esenciales del yo que no aportan certezas ni dogmatismos, pero que formulan una densa mirada al ser interior que se reconoce en la palabra.




      

lunes, 12 de febrero de 2018

AÚN TE DESCONOZCO

En Bulgaria
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


AÚN TE DESCONOZCO

No niego la esperanza,
pero jamás me tiende su solidaria mano
y ya me gustaría -como antaño a los pícaros-
cambiar, si no de oficio, de condición al menos.
Como suele ser norma,
hoy también ha fallado el desenlace
que vertebra la página del día,
y otra vez estoy triste y aún carezco
de imprescindibles labios
para firmar con ellos una posible tregua.
Cuando espesó la noche,
he puesto en la pletina la Acuática de Haendel
y he recorrido hipótesis,
buscando explicaciones sobre el blanco papel.
Desconozco tu nombre,
no sé medir el hueco que cabe en tu pupila.


                             (De Enemigo leal, Sevilla, 1992)



domingo, 11 de febrero de 2018

EL ACTOR

Macbeth
Fotografía de
ABC.es

EL ACTOR

la vida es un cuento narrado por un idiota,
lleno de ruido y furia, que no tiene sentido

Macbeth, 5º Acto, W. SHAKESPEARE 

  Este vivir en vilo sobre el escenario me define. Cada obra da comienzo a otra piel. En mí respira un sujeto escindido en innumerables personajes.
   Solo represento un papel. Mi yo real no existe.

(De Cuentos diminutos)



sábado, 10 de febrero de 2018

VOLUTAS

Hábitos


VOLUTAS

al borde de uno mismo

IDA VITALE

  Tenía un rostro volátil, como si cada rasgo imitase el temblor aleatorio de una voluta. Sobrevivió en sus hábitos. Sabía mantener el espejismo de lo permanente.
   Fumaba mucho.

(Cuentos diminutos)


viernes, 9 de febrero de 2018

EL MURO, PIEDRA A PIEDRA

Piedra a piedra
(Castro de las Cogotas, Ávila)
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

AFORISMOS Y MUROS


Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez


Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.


Ante las rocas  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.


Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.


Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.


No están cerca o lejos. No están.


La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


En la lisura del cristal, los aspersores del jardín difunden transparencia. Mi casa y el día que declina. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Espejismos.


Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.


                                      (Del libro Motivos personales)



jueves, 8 de febrero de 2018

LA HUIDA

Castro vetton de Las Cogotas
Fotografía de
Rubén Sánchez Santana

LA HUIDA

   Como un ave extraña que anidara en el aire, huía de algo. Pero regresa cada cierto tiempo para saber de qué.

(Cuentos diminutos)




miércoles, 7 de febrero de 2018

AFORISTAS CONTEMPORÁNEOS: CONCISOS

Concisos
Aforistas contemporáneos
Coordina
Mario Pérez Antolín
Prólogo de Carlos Aganzo
Editorial Cuadernos del Laberinto
Madrid, 2017

LA ANTOLOGÍA CONCISOS

   El decurso estético del aforismo ha adquirido en la cronología del presente una personalidad sólida y sorprendente. En él es parte irrenunciable la hibridez semántica que le confiere, si me permiten la expresión, un aspecto de sala polivalente. En su formulación cabe todo. Y es un error considerar cerrada su definición con rasgos únicos, simplemente las características se yuxtaponen sin imposiciones excluyentes. El aforismo no se acopla a un promagado cálculo de estructuras mentales; define una realidad heterogénea, cuya técnica exige insólita precisión, desnudez, intereses desplegados y mutables, intuiciones y hallazgos que lo liberen de la monserga ensayística. De esa depuración emana un concepto estético lapidario y una mirada ética.
  No es un género nuevo sino renovado. Estaba  en la memoria cultural de las principales civilizaciones y su pervivencia ha ganado entidad en el caminar del tiempo. Una mirada retrospectiva a la historiografía sitúa el aforismo en las civilizaciones mesopotámicas, India, China, el mundo grecolatino, la edad media, el Siglo de las Luces y como compañero de viaje de las primeras vanguardias… Parece como si el minúsculo contenido del aforismo protagonizara, con fervor indeclinable,  un periplo perenne por el planisferio cultural.
   Ahora, en este paréntesis digital que define el primer tramo del siglo XXI, estamos en un periodo de plenitud. La literatura abreviada es un corriente principal crecida que se enriquece, de inmediato, con las características singulares de los nuevos practicantes.
  La selección Concisos, una propuesta de aforistas españoles contemporáneos,  se configura desde la diversidad. dejo la relación nominal por orden alfabético: Miguel Ángel Arcas, rafael Argullol, Carmen Canet, Miguel Catalán, Antonio Colinas, Jordi Doce, Eliana Dukelsky, Raón Eder, Dionisia García, Sergio García Clemente, Ignacio Gómez de Liaño, Erika Martínez, León Molina, José Luis Morante, Manuel Neila, Andrés Neuman, Gemma Pellicer, Mario Pérez Antolín, Javier Sánchez Menéndez y Vicente Verdú.
  Su afortunado título es un acierto de Mario Pérez Antolín, el coordinador del proyecto y el verdadero impulsor de una inciativa que prolonga su deambular por el género en el que ha publicado las entregas Profaanación del poder o la más cruel de las certezas, que configuran un valioso cuerpo de pensamiento que entremezcla literatura y sociología, metafísica y estética bajo una factura sentenciosa que no elude lo digresivo y la profundidad. El aserto Concisos remite de inmediato al carácter conceptista del aforismo y su lejanía de lo ampuloso; también al destello de lucidez inteligente que adquiere en el buen fruto un carácter canónico. Los acogidos muestran una diferente sensibilidad estética que daría pie a indagar en los itinerarios creadores de cada autor. Queda claro, por tanto que no es una antología de tendencia sino que muestra un panorama heterogéneo en el que caben la reflexión filosófica, el apunte lírico, la expresividad lúdica, la vibración metaliteraria, el verbo crítico, la introspección existencial o la mirada sociológica, por citar algunos de los planos que conforman el espacio textual de Concisos.
  Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible, como el vuelo tangencial de los copos de nieve.

   

martes, 6 de febrero de 2018

JOAN MARGARIT. EL PRIMER FRÍO

El primer frío
Poesía (1975-1995)
Joan Margarit
Visor, Poesía
Madrid, 2004

      ESTACIONES Y FRÍOS
  
   El poeta Joan Margarit, nacido en Sanaüja en 1938, compila en  El primer frío una producción textual que abarca dos décadas de un proceso creativo sometido a continua revisión. El inicio rescata la poesía de 1975 y llega hasta 1995 pero las variables respecto a la edición original  son tan numerosas que sugieren una explicación detallada. El prólogo recuerda que la voluntad de hacer poemas despierta en Tenerife, donde la familia se había instalado en 1954, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, Joan Margarit se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo no se cumplen sus inquietudes y vuelve a la universidad donde concluye la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica, libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas, con lo que la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Después de cinco años, el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios y un protagonismo relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio.
  Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” figura en esta entrega en una composición que tiene como hilo argumental un debate entre arte y vida que es, en último término, uno de los ejes orbitales de Joan Margarit. Bajo el supuesto estético de que el poema debe modelar un interior habitable, hay una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
   La escritura, como cualquier cosmovisión singular, cimenta un conjunto de obsesiones que se expanden mediante variables; recurre a la clarividencia del matiz. En la exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales: Raquel, Joana, Tío Luis…Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre del envejecimiento pero que ha proporcionado al yo un asidero. Joana – la hija minusválida- es en su fragilidad y en su condición vulnerable el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida, la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura  de la posguerra, es la figura en la que lo ideal encuentra sitio cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis es la  ética que se resiste a claudicar.
  En los poemarios reunidos hay una confluencia de contenidos; se repiten temas: la indagación en los aspectos biográficos y las travesías de la memoria, las sombras de espacios interiores como el vacío, las pérdidas o el cansancio, la música, el mar, los viajes, o la ciudad. Dentro de cada motivo lo simbólico sale reforzado. La música se asocia con frecuencia a un tipo concreto de melodía: el jazz, la individualidad de sus intérpretes, el marco peculiar de las veladas en el que era posible hallar un  refugio a trasmano de la inercia diaria. Lo mismo sucede con la ciudad aunque es Barcelona –son frecuentes las localizaciones populares- el espacio urbano es sobre todo la descripción de estados anímicos asociados al transitar diario.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y que propende a lo narrativo con una cuidada secuencia rítmica en la que no hay cambios bruscos.
   El primer frío nos da la versión definitiva de un discurso poético que busca su razón de ser en  dejar trazos de una identidad articulada en días sin retorno. La fugacidad, esa sencilla estela que precede al olvido y anticipa la despedida general, habrá permanecido inalterable. Recostada en el papel, la palabra expresa un instante concreto que convierte al poema en una huella estacional, un tacto frío.

                                                                                   



lunes, 5 de febrero de 2018

PABLO GARCÍA BAENA. MIENTRAS CANTAN LOS PÁJAROS

Mientras cantan los pájaros
Antología poética (1946-2006)
Pablo García Baenaedición de Felipe Muriel
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2015

LECCIÓN ESTÉTICA


   Nacido en Córdoba en 1921, Pablo García Baena comienza muy joven su relación con la poesía, aunque los estudios de Historia del Arte parecían decantar su sensibilidad creadora por el dibujo artístico. Lector incansable, forma su gusto en la Biblioteca Provincial, donde conoce a Juan Bernier. Con Bernier y Ricardo Molina formará el grupo fundacional de la revista Cántico, un empeño que apenas tiene repercusión en la sombría plaza literaria del momento; son años escindidos entre la frialdad garcilasista y el tremendismo social de posguerra. Pero la revista supone un respaldo animoso al trío, en cuya vocación epifánica el esteticismo es sustrato integrador. Poco a poco el incipiente grupo obtiene el apoyo de algunos miembros del 27 como Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso que ejercerán, con fina intuición, un largo tutelaje sobre la renacida escuela cordobesa. Otra revista de calado en el trayecto de Pablo García Baena es Caracola, puerta franca a la lírica malagueña y a un entorno amistoso relacional que facilita, años más tarde, el asentamiento laboral en Torremolinos, donde adquiere y regenta una tienda de antigüedades.
   Será en la década de los 70, cuando la generación novísima reivindique el legado de Cantico, como precursor del culturalismo y la experimentación lingüística, y la que insufle aliento creador al poeta que va acumulando actos literarios, monografías, compilaciones y reconocimientos hasta el ahora donde se ha convertido en referente inexcusable.
   La oportuna edición de Felipe Muriel en Letras Hispánicas establece coordenadas de estudio en dos direcciones: el entorno vital y la lectura pormenorizada de cada una de las salidas literarias hasta gestar un ideario estético reconocible. Apenas existen textos programáticos de Pablo García Baena así que las claves de su cosmovisión deben extraerse, fuera de los poemarios, a partir de entrevistas, lecturas personales o prólogos aclaratorios. El poeta se mueve en la franja del rapto y de la inspiración, siendo la labor de taller un ejercicio posterior y fatigoso; la poesía es una fuerza numinosa, un don etéreo que hace de la escritura soplo misterioso, una gema a tallar por el oficio para albergar sentimientos, emociones y una visión intuitiva de la realidad.
   Las seis décadas de escritura presentes en esta antología comienzan con Rumor oculto, breve entrega fechada en 1946; como cualquier inicio poético percibimos tanteos que mimetizan lecturas y desbordes juveniles; también pertenece al tramo de aprendizaje su segunda entrega, Mientras cantan los pájaros, aparecida en 1948. Son estaciones de un recorrido que “resalta por su coherencia y fidelidad a unos principios estéticos” y que encuentra en Antiguo muchacho, finalista del Premio Adonais, un primer hito. El libro aborda el continuo desplazamiento de un yo desdoblado entre el ayer y el ahora; la infancia cierra su espacio prístino y auroral para dejar sitio en la sensibilidad del joven y al despertar placentero del deseo. La siguiente entrega, Junio establece un cambio de perspectiva. Es un libro sensualista y celebratorio donde lo pasional incide en la alegría de vivir. Los sentidos despliegan un entorno que acoge un vitalismo dionisíaco en un tiempo estival, de ambientación bucólica. Esta mirada se quiebra en Óleo un poemario más introspectivo, donde aflora el sentimiento de culpa y una religiosidad angustiada en la que la verdadera identidad del yo encuentra alrededor incomprensión y disonancias. También mudan algunos aspectos formales como el uso de una dicción más sobria en su simbología y menos efectista.
   En esta senda, el libro Almoneda  es un título de transición que muestra la pericia formal del poeta que vuelve a darnos sus mejores logros al final de la década novísima con el poemario Antes que el tiempo acabe. Otra vez, pese a la división orgánica en cuatro secciones autónomas, reconocemos signos caracteriales: el intimismo transcendido, la voz elegíaca, que nace de la conciencia de fugacidad y el aporte simbólico. Entra después en una larga etapa de silencio hasta la publicación en 1990 de Fieles guirnaldas fugitivas, un conjunto concebido con la estructura musical de una sinfonía que logra el Premio Ciudad de Melilla. En el libro no faltan los textos circunstanciales, dictados por la contingencia, pero también abundan composiciones especulares que reflejan su esteticismo vitalista, con amplio despliegue iconográfico y sorprendente armadura verbal.
   Elaborado con lenta pulcritud,  cierra el cómputo de entregas Los campos Elíseos, editado por Pre-Textos en 2006; el título aporta un escaparate de registros, aunque predomina la voz elegíaca, el son que da sentido a una precaria afirmación de la belleza, siempre intensa y siempre transitoria. Resaltan también algunos homenajes literarios y esa aleación entre intimidad y entorno vivencial que llena el lenguaje de colmada sensualidad, un rasgo modernista que reivindica la sensorialidad en el poema y un hedonismo clásico.
   La carrera literaria de Pablo García Baena deja en su alzada una arquitectura barroca, cuajada de simbología y proclive a mostrar un lenguaje muy rico. Las salidas van escalonando estaciones vitales, aunque la infancia perdura como mítico lugar central porque en él encuentra el sujeto lírico seguridad y cobijo, aunque el devenir se defina en el tiempo como una estela de conflictos. Junto a las vicisitudes existenciales encuentra espacio el legado cultural, un campo esteticista pictórico y literario que eleva y trasciende el ámbito interior. El itinerario creador del cordobés es obra magna; en él la belleza se hace recogimiento para definirse con trazos limpios como clave constructiva y categoría moral.  



                                                               

domingo, 4 de febrero de 2018

HABLAR EN CÍRCULOS

Caligrafías
Fotografía de
LA GAZZA LADRA



HABLAR EN CÍRCULOS

Queda alguien
que pasa y se detiene

JUAN GIL-ALBERT

   En el suelo se derrama un secreto. Pone contornos a una voz líquida que camina en círculos y suena entre los dedos. Dibuja charcos mientras desmiente la melancolía. Como un resorte íntimo, proclama con firmeza: "Pienso en ti casi siempre; las otras veces, pienso en ti ".

(Variaciones)




viernes, 2 de febrero de 2018

VARIACIONES SOBRE MI TORPEZA

Orillas del ego
(Florida, USA, 2011)
Archivo personal

VARIACIONES SOBRE MI TORPEZA



Mi obra me sirve ante todo para dudar de mí

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

. Trabajo mucho; me equivoco siempre.

. Da igual que la torpeza sea una presencia o un fantasma. Puedo aportar datos precisos de su biografía.

. Con inquebrantable terquedad, la torpeza a diario se cobija en el estrecho molde de mi yo.

. Descubro que torpeza e inteligencia son entidades comunicables.  Ambas tienen una personalidad bipolar.

. Desmitificaciones: sí y si. Torpes e inteligentes son torpes.

. Los que tienen crecida la autoestima de su perfección. deben saber que la torpeza tiene una ubicación accesible y exacta, como una puerta de  emergencia.

. Invitación al cansancio; una torpeza insomne, cuya cercanía abre los ojos en mitad de la noche.

. Como perro fiel, abandonado por su dueño en las gasolineras estivales, la torpeza me busca en la distancia.   

 (PASOS Y PROSAS)



jueves, 1 de febrero de 2018

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. PALABRAS PARA UN HOMENAJE

José Ángel Valente (Orense, 1929- Ginebra, 2000)
              
    
LECTURA DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE


   El quehacer literario de José Ángel Valente (1929-2000), fallecido en Ginebra a los 71 años,  preserva su vigencia. Se ha convertido en línea medular de buena parte de la nómina poética española del cierre de siglo acogida bajo el epígrafe “poética del silencio”, un aserto esquemático y ambiguo. El escritor sedimenta una estética de la transcendencia que incide en la sumisión de la palabra al pensamiento; el verso se convierte en territorio de búsqueda e incertidumbre, en un descenso hacia la soledad en el que se hace tema substancial la exploración del lenguaje como medio de conocimiento. Su obra diversificada en lírica, páginas autobiográficas, aforismos y ensayos aglutina desnudez, despojamiento e indagación en el sentido último de la finitud a través de elementos simbólicos recurrentes como la luz, la noche, el desierto y la ceniza.
    Valente fue un poeta escindido por voluntad propia de la rama generacional del medio siglo, aunque participara en la puesta en escena que se convirtió en la imagen más nítida de la promoción: la visita a Colliure el 22 de febrero de 1959 y el homenaje a Antonio Machado. Sobre el encaje colectivo de aquellas voces, que tanto debe a Carlos Barral y a las maniobras promocionales de la Escuela de Barcelona, Ángel González ironizó: “Podría decirse de nosotros que teníamos una forma parecida de vivir y de beber, cosas ambas que unen mucho”. Reacio a cualquier retrato de grupo, José Ángel Valente hizo de la independencia un parapeto, disolvió afinidades y analogías de contexto, tachó estereotipos y desoyó compromisos sociales para vivir al margen los últimos quince años de su existencia. Tras una breve estancia en Málaga, buscó casa en Almería, un lugar de la periferia, a trasmano del mercadeo editorial, que lo acogió con hospitalidad. Al cumplirse el décimo aniversario de su muerte, la ciudad mediterránea fue sede de un encuentro de estudiosos y especialistas para abordar la singularidad creadora y el legado intelectual.
   El conjunto de enfoques se compila en El guardián del fin de los desiertos, una aproximación diversa coordinada por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque, con disposición de tríptico. El apartado inicial, “La memoria”, explora el anclaje biográfico a través de testimonios que integraron el círculo más íntimo. El introvertido carácter del poeta se disipa pronto, con los bocetos afectivos de Fernando Lara, Ramón de Torres y José Guirao, quien subraya la pasión por la plástica y el profundo calado de los ensayos sobre arte. Son textos que rehumanizan la figura existencial, muchas veces proclive a la aspereza y al juicio espinoso. Para los creadores de asimetrías entre vida y obra, la conclusión general de “La memoria” incide en la idea de que son conceptos complementarios. En esta cronología vivencial figura Antonio Gamoneda con una reflexión que une el pensamiento poético con los hitos biográficos esenciales: vida y muerte, y cierra este núcleo temático el análisis de Andrés Sánchez Robayna sobre el diario inédito. La miscelánea, custodiada tras la muerte del poeta por la compañera sentimental, Coral Gutiérrez, arranca en los años cincuenta y se mantiene hasta sus últimos días. Conviene descartar de inmediato la autoconfesión analítica; la discontinua redacción aglutina apuntes biográficos, esbozos críticos sobre lecturas, citas, disquisiciones aforísticas y bocetos en verso o en prosa. Como es sabido, en septiembre de 2011 el Diario anónimo fue publicado por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, en edición de Andrés Sánchez Robayna.
    Cuatro aportaciones forman la segunda sección, “Los signos”, centrada en el recorrido creativo. El apartado desvela la segregación natural: poesía, traducción y ensayo. En él sondean José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego Roca y Jordi Doce. Exploran la diversidad  genérica y su común aspiración a la unidad a través del carácter cognitivo del lenguaje. La palabra poética trasciende la realidad, multiplica símbolos y oculta a la razón el significado común porque las referencias se disuelven; la escritura no se deja llevar por la inercia de lo establecido. El aporte de José Andújar incide en la visión lírica de Valente, defiende que la poesía nace de la crisis de identidad del sujeto poético y de la necesidad de recobrar el sentido originario de las palabras de la tribu. Lo subjetivo debe disolverse, hacerse barro magmático en el que se cobije la existencia y sus fragmentos. Lorenzo Oliván  establece una cata de las conexiones existentes entre la prosa de creación y el discurso lírico. Toma como punto de partida el aforismo, un género de confluencia que enlaza discurso reflexivo y poesía. Gallego Roca analiza el concepto de traducción del escritor, cuya labor se compiló en 2002 en  su Cuaderno de versiones, prologado por Claudio Rodríguez Fer. El rastreo de obras de otra lengua permite profundizar en legados foráneos y, al mismo tiempo, ayuda a clarificar el sentido de su propia tradición.
   El pensamiento crítico de Valente promueve el ensayo de Jordi Doce; el poeta y traductor perfila un contexto personal a partir de la precaria situación ensayística de los noventa en nuestro país y recupera el supuesto enfrentamiento teórico entre dos magisterios de ese tiempo en los que no percibe suturas: Jaime Gil de Biedma y José Ángel Valente. Jordi Doce emplea como punto de arranque de su aportación los escritos de naturaleza política, o sociohistórica, nacidos en el devenir de la Transición; en ellos, los conceptos de poder y libertad son sustratos reflexivos de primer orden. El análisis del ensayo crítico de Valente resalta la congruencia del mismo con la vertiente lírica.
   El muestrario de cierre acumula enfoques abiertos. Abre la sección María Payeras, investigadora que ha firmado valiosas aproximaciones a la promoción del 50 y a la colección Colliure; de ahí que se detenga en el tramo inicial del discurso lírico, cuando Valente se aproxima a una estética compartida, su discurso teórico se inserta en una realidad simbólica y se proyecta la imagen del autor en la obra. En el primer tramo escritural no pueden difuminarse los enlaces con los fugaces compañeros de viaje. Es una etapa en la que el contexto resulta integrador; la expeditiva presencia de la dictadura reafirma una poética declarativa y testimonial, de fuerte entramado anecdótico, realista y crítica.
   Sobre la convergencia entre estética y filosofía profundiza Carlos Peinado Elliot sobre Tres lecciones de tinieblas, tal vez la entrega más hermética. Conviene recordar que, ya en 1973, Valente emplea la prosa poética en su libro El fin de la edad de plata. En él se extrema la decantación y concisión de la palabra, su misteriosa opacidad para emitir un sentido alegórico, que conecta con la creencia de la poesía como forma de visión.
   La presencia literaria de José Ángel Valente no ha hecho sino acrecentarse. El valor y la actualidad de su testimonio intelectual fomentan aproximaciones y contribuyen a profundizar en un intenso proceso de escritura que ya puede analizarse con perspectiva histórica; una estética de rigor y despojamiento que lleva al lenguaje hasta el punto cero, “en el que el signo vuelve a hacerse pura expectativa”, ámbito de quietud y sosiego donde se manifiesta lo que ha estado oculto.   
      

                                                      JOSÉ LUIS MORANTE