jueves, 5 de abril de 2018

MIGUEL MARCOTRIGLIANO L. (Compilación) NUESTROS MÁS CERCANOS PARIENTES

Nuestros más cercanos parientes
Breve antología del cuento venezolano de los últimos 25 años
Miguel Marcotrigliano L. (Compilación)
Kalathos Ediciones, Madrid, 2017


RELATOS DESDE VENEZUELA

  Miguel Marcotrigiano L. compila la madurez expresiva y formal del relato venezolano contemporáneo, escrito en el último cuarto de siglo. Busca definir trazos en la cosecha de treinta y tres autores que conecta con las inquietudes argumentales de un tiempo convulso y sin vertientes estéticas vertebradoras. En el recorrido histórico de Venezuela, el cuento ha sido uno de los géneros más fértiles del siglo XX y su expansión prosigue, desatada, en el universo digital de internet. Sus estrategias propician campos argumentales abiertos, solo configurados por la querencia creadora. Desde ese principio básico de todo cuento, se recuerda en el prólogo de esta selección que: “Si la literatura es búsqueda de sí mismo, la produzcamos o no, el cuento debe ser una historia que nos refleja, nos espejea y nos interroga. Para un venezolano el cuento de nuestro país debe ser un espacio ideal, propio, donde nos reconocemos”.
  El cierre de siglo abocó en una situación de crisis económica social y política que deja en el exterior la imagen de una nación fragmentada socialmente e inmersa en graves conflictos; pero la literatura no se configura como crónica testimonial del momento histórico en el que se produce sino como interpretación de lo contingente, siempre abocada a la subjetividad del autor. Los textos, por tanto, se defienden solos; se incorporan a este muestrario vivo al amparo de un criterio antológico que vislumbra la culminación de procesos de taller.
   Exenta de aparato crítico y del perfil biográfico de cada antologado, la muestra se configura como un conjunto aluvional, con treinta y tres aportaciones. Ya se ha comentado que no hay una línea estética uniforme; el itinerario se va gestando al paso, sin más coordenadas situacionales que las integradas en la maleable alquimia ficcional.
  Los puntos de anclaje del relato son muy diversos. Así, el cuento de apertura, firmado por Víctor Alarcón (Caracas, 1985) aparece como una crónica amorosa y excesiva, en la que se refleja el ambiente nocturnal de la música en directo. Un ambiente habitado por personajes pintorescos que se definen por una sintaxis hiperrealista, en la que se integran giros y expresiones de lo marginal. Pero el contraste es inmediato y el mínimo cuento de José Tomás Angola Heredia, “La cometa del mundo” aloja una historia intimista en la que asoman dos actitudes contrapuestas, la inocente perplejidad de la infancia y el sesgo violento y desatado del sicario, abordando con eficacia, sin conciencia, el trabajo sucio.
  Hay temáticas como la violencia o el sexo cuyo tratamiento explícito suele causar una notable convulsión en el lector. Recuerdan en sus lindes verbales a los itinerarios del realismo sucio y a otras etiquetas estéticas que añaden claves complementarias como el sentido crítico, la ironía o el sarcasmo. En ese registro se sitúa la aportación ficcional de Mardon Arismendi (El Tesoro, Barinas, 1986), ejemplo de desbocamiento imaginativo y de bifurcación argumental. El cuento encuentra en Krina Ver (Polonia, 1948) casi un negativo, por su clasicismo intimista que acerca la pieza a la narración neorromántica.
   El mínimo fruto de Laura Gracco (Barquisimeto, 1960)  traza una perspectiva tenebrista de un país cuyo nombre no se verbaliza, pero que remite de inmediato a una geografía concreta y a ese paréntesis cronológico en el que los sueños se desvanecen porque no es posible el regreso. "Esto", como nombre simbólico, evoca en su totalidad el espacio de incertidumbre en el que tanta gente ha perdido la luz de amanecida o se ha visto avocada a un exilio interminable. Otra dimensión abre “Taxidermia”, el cuento de Fedosy Santaella, uno de los cultivadores más relevantes del género en Venezuela por los títulos publicados y las distinciones conseguidas. El texto seleccionado entremezcla erudición cinéfila y vuelo imaginativo para ampliar la realidad cotidiana con contingencias insólitas que van creando meandros en el trazado del relato, como si realidad e imaginación dialogaran de manera incansable en las percepciones individuales. Emotivo y pleno de fuerza resulta el cuento sobre la identidad y el sabotaje amoroso de Fernando Vanegas (San Cristóbal, 1939). El desamor y la soledad logran una expresión pautada con gran acierto en el dibujo del personaje principal y su caminar en el deseo de ser otro.
  No procede resumir aquí los puntos cardinales de todos los componentes de este inventario, pero sí explorar el aire que profesan las voces creadoras; desemboca en un rico catálogo de recovecos expresivos y originales. Cada material extiende una voz nítida y personal que comparte sueños e inquietudes, afronta  temas básicos de lo cotidiano, y da hilo a la conciencia de ser y sentir.
  Las ficciones contienen la experiencia de la vida al paso. Van moldeando autobiografías imaginarias y conmovedoras vivencias en un marco que casi nunca es localista y preciso. Sus sendas entrelazan sensaciones dispares: desde el lirismo de los sentimientos hasta la llaga profunda del desencanto, incapaz de superar las erosiones. De este modo, la muestra marca las pulsaciones del relato. Dibuja un país que nunca se ofrece como escenario exótico sino como ventana donde la realidad también cierra los ojos, u olvida las connotaciones mágicas de la idealización.
   Desde el cuento como ejercicio expositivo, la vida tiende a lo difuso y a lo inexistente. Se muestra como un mero ejercicio de supervivencia en el que es necesario encontrar respuestas, despertar en la amanecida una razón de ser.


    

No hay comentarios:

Publicar un comentario